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Cuidado tradicional de la salud en la Amazonía

por Jacques M. Mabit
Diciembre 1993

Desde épocas muy remotas y probablemente 2 ó 3.000 años atrás se constituyó en la selva Peruana un sistema complejo de medicinas tradicionales. La medicina moderna se introdujo en la últimas décadas y la salud de la población en general dependía antes totalmente de esas prácticas curanderiles.

Hoy en día, en muchos pueblos todavía no hay acceso a los servicios de salud del estado o privados y nuestra gente sigue acudiendo en forma prioritaria a los servicios de toda una variedad de practicantes como son los curanderos, yerbateros, vegetalistas, curiosos, hueseros, sobadores, parteras, etc. Además, por su eficacia empírica, fuerte enraizamiento cultural, riqueza herborística y bajo costo económico, la medicina tradicional es escogida en la mayoría de los casos como primer recurso por los pobladores de la selva Peruana que acuden al médico, a la posta o al hospital cuando agotaron las posibilidades que le ofrecen las prácticas de sanación autóctonas. Ello significa claramente que la medicina tradicional ha sido y es todavía el primer sistema de salud operacional en la selva Peruana.

Esta "ciencia", como dicen los curanderos, se construyó gracias a la intimidad con el medio selvático y es parte de una relación sutil con la naturaleza. Los habitantes de esta región como en general de toda la Amazonía instituyeron un código relacional con las plantas, los ríos, los animales, los astros, etc. En el concepto amazónico, el ser humano esta inmerso en un mundo poblado de seres vivos con los cuales uno puede tener intercambios benéficos o maléficos. Con esas múltiples fuerzas vivas de la naturaleza se trata de establecer relaciones que favorezcan la salud, el bienestar de la comunidad, el desarrollo del grupo humano, la protección de los peligros... en sumo la felicidad. Cada elemento de la realidad inmediata y concreta alberga también dimensiones generalmente invisibles pero que en ciertas ocasiones o con métodos precisos pueden manifestarse o ser alcanzado.

Así las "madres" de las plantas pueden manifestarse en sueños, los genios del monte se presentan bajo la forma de animales, los espíritus se llaman mediante los cantos sagrados o ikaros, el ayahuasca, enredadera del alma, permite ver hasta los muertos... En el aire, el urkututu anuncia una visita, el tunchi una muerte... El río es habitado por todo un mundo: yakumama, sirenas, bufeos seductores de mujeres, ciudades de cristal... En fin, el hombre selvático estableció un mapa sumamente complejo de los poderes de la naturaleza y de las maneras de amansarlos.

Así la salud, no es solamente buen estado físico sino armonía con el entorno visible e invisible. Las técnicas de poder no sólo curan el cuerpo enfermo sino que sirven también para mejorar la caza, la pesca, la producción agrícola, curar un negocio, tener suerte, viajar protegido (con "arcanas"), seducir una mujer mediante las "pusangas", vengarse de algún enemigo mediante prácticas de brujería y hechicería. Esta tradición Amazónica Peruana ha hecho conocer a la región como un centro a la vez respetado y temido de conocimientos ancestrales.

Antiguamente, los grupos étnicos de la zona (Motilones, Cumbazas, Tabalozos, etc.) utilizaban su conocimiento del mundo vegetal en la vida cotidiana, desde el nacimiento hasta la muerte. Todos los jóvenes debían someterse a las rigurosas dietas que fortalecían cuerpo y alma. Mediante el ayahuasca aprendían a conocer las fuerzas sutiles del mundo, vencer sus miedos, volverse adultos. Con el tiempo, esta tradición se va perdiendo y desaparecen los viejos "purgueros" que conocen los "palos", la manera de prepararlos y tomarlos. Los lamistas se hicieron conocer como excelentes cargadores a pesar de su contextura delgada porque no dejaban de fortalecer su cuerpo con los vegetales y así adquirir una formidable resistencia. En Chazuta, nadie muere de mordedura de víbora si llega a tiempo en manos Don Reninger. Para ello, Don Reninger, como los demás tuvo que internarse largos períodos en la selva, tomando vegetales fuertes, aislado en un tambo, sin ver a nadie sino a su "médico", comiendo sólo plátano verde sancochado (inguiri) o a la brasa (carantín) y boquichico, sin sal, ni condimento, ni dulce, ni carne de chancho, absteniéndose estrictamente también de relaciones sexuales: "dizque dietando mujer". Todo un sufrimiento para aprender de las plantas maestras, la bobinzana, los sanangos, el quilluwiki, y tantas otras, a través de los sueños y de las visiones, cuando se modifican tanto las percepciones que se aparece el genio de la planta para enseñar los ikaros o cuando el cuerpo esta bien "curado" y ya no huele a humano, entonces se acercan tanto los animales que es un juego cazarlos. Técnica tan eficaz que hasta los perros se les hace dietar.

Así el hombre o la mujer de esta selva alta aprendió a preparar los partos, cuidar los embarazos, regular la fecundación de la mujer (yawar piripiri), soldar los huesos rotos (suelda consuelda), reintegrar las hernias debidas a los trabajos duros de la chacra ("curar lisiaduras de los testes"), sanar del reumatismo debido al frío y el consumo excesivo de grasa de chancho, tratar la epilepsia (gota coral). Descubrió cosméticos naturales para tener dientes blancos y cabello brillante. Usó de sopladas de humo de tabaco, canela o perfume para curar el susto de los niños o cuando le "cutipa" algún animal o palo fuerte, chupadas para quitar la brujería o el virote, vomitivos para hacer botar el "preparado" metido en la comida, sobadas para poner en su sitio el "huihuayo" (cóccix) torcido de los bebitos que le da diarrea o también para acomodar el feto atravesado, purgantes para los "bichos"... Un sinfín de prácticas finas, precisas, heredadas a través de generaciones y siempre enriquecidas por los maestros que se atrevieron a explorar con coraje el mundo secreto, misterioso e invisible de la selva.

Hoy en día surge un doble fenómeno de flujo y reflujo en relación a estas medicinas ancestrales, empíricas.

El reflujo se debe al rechazo de la mayor parte de los jóvenes de la zona frente a lo que por ignorancia consideran como obsoleto, anticuado, superado por la medicina moderna. El aprendizaje de esas medicinas es duro, largo, exigente. No hay garantía de rentabilidad económica y uno se atreve a enfrentarse a las múltiples prácticas de brujería que hacen la vida de los maestros a veces difícil y penosa. La facinación por el mundo moderno, el consumismo, la vida urbana, no concuerda con las perspectivas humildes de una vida sencilla en contacto con la naturaleza. La destrucción del monte para el cultivo de coca o el monocultivo favorece la desaparición de las plantas medicinales. Por otra parte, la migración de pobladores de la sierra tiende a culturizar al san martinense, introduce elementos médicos extraños a su concepto de la salud. Numerosas sectas o iglesias se oponen o ignoran la riqueza cultural de la región con el fin de implantar modelos importados.

Sin embargo, al mismo tiempo, se hace notar un movimiento inverso de recuperación de esa sabiduría ancestral que demostró en múltiples ocasiones la solidez de sus fundamentos. La ciencia moderna y la medicina contemporánea empezaron a darse cuenta de sus limitaciones, del alto costo de su tecnología, de la imposibilidad de importar su modelo en contextos culturales diferentes sin destruir esas culturas. Cuando el sida y el cáncer hacen destrozos, se confirma que la "uña de gato" tiene un efecto anti-cancerigeno. La demanda de "sangre de grado" en el mercado internacional es considerable... Este mercado de las plantas medicinales y productos naturales esta en constante aumento. La conciencia "ecológica", la necesidad de preservación de la Amazonía como "pulmón del mundo" abogan en favor de esta corriente. La Amazonía Peruana, por sus condiciones geográficas y su riqueza florística se ubica en un primer nivel nacional para responder a este amplio cambio. Además, los sectores más adelantados de la ciencia moderna en disciplinas de vanguardia como la física cuántica, la psicología transpersonal o la biología molecular encuentran ahora coincidencias con los conceptos defendidos por los curanderos y sabios. Si bien utilizan un lenguaje propio y no racional, los "médicos" vegetalistas profesan un conocimiento empírico que ahora concita la atención de los más destacados científicos del mundo, algunos de los cuales empiezan a transitar por estas tierras.

 

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