El Ayahuasca
en el tratamiento de la adicción
Así se abren los horizontes del mañana...
LA ALTERACIÓN DE LA CONCIENCIA EN EL MUNDO MODERNO
A través de la historia el ser humano ha
demostrado una conducta básica la cual se ha mantenido a
través del tiempo sobreviviendo todas las culturas. Estamos
hablando de la búsqueda constante de estados modificados
de conciencia. Esta conducta no se presenta como un tipo de desviación,
sino que por el contrario, es una conducta básica natural
observable aún en los animales y necesaria para lograr una
ampliación de la conciencia como medio de evolución
natural.
Este comportamiento natural dentro de la especie
humana es practicado constantemente por todos los seres humanos
muchas veces de manera inconsciente. Esta búsqueda constante
de modificar nuestras percepciones y sensaciones, es completamente
natural y necesaria para la evolución por lo que no debemos
sentirnos ajenos a este comportamiento y por el contrario, debemos
tratar de identificarnos con él para poder entenderlo mejor.
Si echamos un vistazo sincero al mundo moderno vemos
que, cotidianamente tomamos diversos medicamentos ya sea para calmarnos
o estimularnos. Ingerimos medicamentos para dormir, calmantes para
el dolor, diversos estimulantes ya sean químicos o naturales,
tranquilizantes para calmarnos, chocolate, licores, azúcar
refinada, té, cerveza, dulces, toneladas de ansiolíticos,
etc.
Paralelamente, otro tipo de la alteración
de la conciencia se produce de manera constante mediante el continuo
aturdimiento audiovisual. Millones de personas se aturden diariamente
con altas dosis de televisión, radio, teléfono, computadora,
chat, palabreos constantes, basura audiovisual, propagandas, revistas,
novelas, etc.
De esta manera, la señora con su novela,
el esposo con sus cigarros, el hijo con su radio a todo volumen,
el estudiante con su café, su vecina con sus sedantes, el
alcohólico con su trago, el adicto al trabajo, el niño
con su nintendo, el obeso con sus dulces, los amigos con sus cervezas,
todos de alguna forma participan de manera consciente o inconsciente
en un acto común: modifican su estado de conciencia alterando
sus percepciones mediante la introducción de un elemento
externo susceptible de cambiar su percepción del momento.
Diariamente experimentamos una alteración
de nuestro estado de conciencia en forma natural cuando dormimos,
durante los sueños. Lo mismo ocurre naturalmente cuando hacemos
el amor, durante el orgasmo o mientras realizamos un deporte que
nos lleva a mantener un esfuerzo físico cercano al límite
de nuestra capacidad.
También existen una serie de prácticas
tales como la meditación, la danza, Tai Chi, recitación
de mantras, oración y contemplación religiosa, que
nos pueden introducir en estados contemplativos alterados de consciencia.
En suma, muchas situaciones llevan al ser humano
a romper su esquema mental y perceptual y a adentrarse en "mundos"
en los cuales las referencias cambian totalmente, haciendo aparecer
una conciencia más amplia.
Esa intensidad no se manifiesta siempre en relación
a una amplificación del estímulo sino también
en forma de privación, mediante la ausencia total de éste.
La música modifica la conciencia tanto como el total silencio,
el movimiento frenético como la perfecta inmovilidad, la
saturación visual como la plena oscuridad. Dentro de la meditación
Vipássana la "Adhitthana" es una técnica
en la que el meditante asume el compromiso de no moverse por una
hora. Esto induce un estado alterado de consciencia muy peculiar
propicio para una profunda meditación.
No deja de llamar la atención que los animales
no pierden ninguna oportunidad de alterar igualmente sus percepciones.
Si se encuentran casualmente con algún tipo de sustancia
psicoactiva, la consumen y tienden deliberadamente a volver a consumirla.
Esta conducta se registra en casi todas las especies.
El ser humano descubrió ciertas plantas psicotrópicas,
gracias a la observación de la conducta animal. Así
es que en Abisinia se descubrió el café al constatar
que las cabras se ponían muy excitadas luego de consumirlo.
Según Josep Ma. Fericgla, la piedra angular
de nuestra conciencia es la gran capacidad de discriminar entre
miles de estados de conciencia diferentes, de contrastarlos. "Buscamos
constantemente sentir de alguna manera distintos estados de conciencia
ya que de esa manera nos sentimos más estables. Si nos mantenemos
en un solo estado de conciencia muy relacionado con el mundo exterior,
muy abierto, por un tiempo prolongado, tenemos poca interrelación
interna y eso conlleva a sentir una inestabilidad." ("Metáforas,
conciencia, ayahuasca y psicoterapia", Dr. Josep Ma. Fericgla.
Artículo publicado en Internet: http://www.pangea.org/fericgla/textos/metafora.htm)
EL USO ANCESTRAL Y CONTROLADO DE SUSTANCIAS PSICOTRÓPICAS
Si bien es cierto que en un contexto occidentalizado
todos buscamos confusamente y muchas veces de forma inconsciente
modificar nuestra conciencia ordinaria, en las sociedades tradicionales
y culturas ancestrales los individuos demuestran una manera organizada
de modificar las percepciones habituales mediante un manejo controlado
de rituales y técnicas que muchas veces conllevan el uso
de sustancias psicotrópicas, las cuales los llevan a explorar
otros niveles de realidad sin que ello signifique ningún
estado de adicción o dependencia como se ve en las sociedades
modernas.
Podemos constatar que la sabiduría ancestral
sabe cómo aprovechar las modificaciones inducidas de estados
mentales sin perjuicio, sin daño a largo plazo. El conocimiento
del Shamanismo demuestra una gran aptitud a manejar alteraciones
de la conciencia en base al uso de psicotrópicos sin provocar
ninguna dependencia. La drogadicción se encuentra ausente
de las culturas tradicionales mientras los modificadores de la conciencia
son ampliamente utilizados.
Esas plantas se usan siempre en un contexto ritual
con una dimensión religiosa, mística, curativa. Son
las "plantas de los dioses" ("Flesh
of the Gods: The ritual use of Hallucinogens", Peter T. Furst.
Praeger, 1972) o el alimento de los dioses.
Un factor determinante que lleva a la sociedad moderna
a desarrollar un temor hacia la adopción de una práctica
ancestral de alteración de la conciencia que conlleve al
uso responsable y controlado de una sustancia psicoactiva, es la
falta de información y la automática relación
con el concepto de "droga". En nuestra sociedad moderna,
el uso indiscriminado y desritualizado de diversas sustancias psicoactivas
nos ha conducido a un rechazo instantáneo de cualquier sustancia
que contenga un componente psicoactivo.
LAS DROGAS Y LA ADICCION
Conceptos de Droga y Adicción
En el mundo occidental existe una tremenda confusión
entre los conceptos de "droga" y "adicción".
Científicamente la palabra droga se refiere a toda sustancia
que tiene efectos sobre la fisiología, esto es un sinónimo
de medicamento. Sin embargo, la palabra droga utilizada en un contexto
popular se refiere erróneamente a una sustancia susceptible
de provocar una adicción.
Dicha adicción se manifiesta en una dependencia
creciente a la sustancia, la cual tiene que ser consumida en cantidades
y frecuencias siempre mayores. Al no consumirla se manifiesta un
síndrome de abstinencia con malestares físicos y psicológicos
calmados únicamente con una nueva dosis de dicha sustancia.
Este tipo de adicción está estrechamente
relacionada al consumo de sustancias como la cocaína, la
pasta básica de cocaína, la morfina, heroína...
pero al confundir o relacionar automáticamente el concepto
droga con el de adicción, estamos confundiendo en una misma
palabra -"droga"- sustancias adictivas como la pasta básica
con sustancias enteógenas no adictivas como el Ayahuasca.
La sinergia de la adicción
Para producir una adicción deberá
existir una sinergia de interacción de tres elementos: una sustancia, un consumidor y un contexto. Ninguna
sustancia por si sola es causante de una adicción. El factor
más importante se encuentra dentro del contexto en la intención del consumidor.
Sustancia - contexto
La cocaína dentro de un contexto curativo sirve como anestésico
dentro de la medicina, así como la morfina es un potente
sedante. El tabaco era considerada por los nativos como la principal
medicina indígena.
El contexto de consumo de la marihuana entre los
sacerdotes hindúes es completamente diferente al utilizado
por los jóvenes de nuestros días, quienes fuman con
una intención completamente lúdica y evasiva. Aun
en la actualidad la marihuana está siendo probada en el tratamiento
de glaucoma, el síndrome del Sida y para aliviar los efectos
secundarios de la quimioterapia.
Existen además una variedad de sustancias
consumidas dentro de contextos inadecuados pero toleradas por ser
"drogas culturales" como el alcohol, el tabaco, el café,
el azúcar refinada, los medicamentos corticoides, ansiolíticos,
etc.
Lamentablemente el contexto en el que los jóvenes
de nuestra sociedad se acercan al consumo de sustancias psicoactivas
es, en casi su totalidad, un contexto lúdico - recreacional
o evasivo. Por otro lado existen aproximaciones bajo contextos terapéuticos,
religiosos y de búsqueda interior que están trayendo
resultados muy alentadores a la sociedad. Así, según
el contexto, una misma sustancia puede permitir al ser humano progresar
en su vida o retroceder.
Sustancia - consumidor
Por otro lado el grado de toxicidad de una sustancia está
estrechamente relacionada con la dosis ingerida por el consumidor.
De esta manera el veneno de una avispa puede provocar reacciones
tóxicas en estado puro pero en altas diluciones servir para
curar a una persona de un cuadro similar a la intoxicación.
Así también siendo el alcohol una droga potencial,
nadie confunde el consumo religioso dentro de la misa cristiana
y una bacanal borrachera en una fiesta de barrio.
Acerca del grado de toxicidad de la sustancia en
si misma podemos afirmar que por ejemplo la toxicidad es alta en
los opiáceos, los cuales pueden matar de un paro respiratorio
por una sobredosis al igual que la cocaína por un paro cardíaco.
En el caso de la marihuana y las drogas visionarias, éstas
no son consideradas drogas tóxicas y no se han reportado
muertes por sobredosis.
En una escala de "riesgos relativos a la adicción"
se consideraron de menor a mayor grado de riesgo agrupado en cuatro
grupos: LSD, psilocibina y cafeína - marihuana - Heroína
y nicotina - Cocaína y anfetaminas. ("Drug
policy: Striking the right balance", A. Goldstein & H.
Kalant., Science. 1990)
También dentro de la interrelación
sustancia - consumidor existe una variable importante que es el grado de receptividad física del consumidor a la sustancia.
La leche de vaca puede intoxicar paulatinamente a una persona carente
de lactasas (características de ciertas razas) y en otros
casos ser la base alimenticia de otros grupos humanos (los Masai
por ejemplo).
La marihuana puede ser benigna en ciertos individuos
y dar cuadros muy peligrosos de confusión e intoxicación
en otros sujetos. O sea que existe un factor de susceptibilidad
individual.
Físicamente existe una diferencia en el receptor.
Todos somos diferentes, es decir sin mencionar las diferencias a
nivel psicológico, cada uno de nosotros poseemos una constelación
diferente de neuroreceptores, niveles diferentes de enzimas claves
como la monoamineoxidase, diferencias grandes en cuanto al metabolismo
y capacidad de asimilación digestiva. Así, hay quienes
están ebrios con un trago y hay quienes soportan litros de
licor.
Por otro lado tenemos el fenómeno de tolerancia determinado por la necesidad progresiva de aumentar la dosis de
la droga consumida para lograr tener nuevamente el mismo grado de
intensidad del efecto inicial. Este es un factor que conduce a una
situación de escalada de consumo con resultados desastrosos.
En este sentido cabe mencionar que en el consumo ritual del Ayahuasca,
se ha observado un fenómeno de tolerancia inverso donde el
curandero y el practicante habitual, necesitan dosis cada vez menores
para lograr los efectos visionarios.
Entonces podemos concluir que existen múltiples
factores que condicionan el fenómeno de la adicción
degenerativa a una sustancia psicoactiva y caeríamos en un
error al condenar toda sustancia psicoactiva sin analizar el contexto
de su utilización, la toxicidad, la dosis, el grado de tolerancia,
el factor de dependencia, los resultados de su utilización
previa en la sociedad, etc.
Lamentablemente existen dos posturas respecto a
la legalidad de las sustancias psicoactivas. Una postura está
a favor de la prohibición total de cualquier sustancia que
modifique la psique, tomando el riesgo de amenazar la libertad individual,
desvitalizar y no reconocer las prácticas de culturas autóctonas
y finalmente favorecer el tráfico de drogas.
La otra postura está a favor del levantamiento
de toda restricción, desconociendo de esta manera el peligro
del consumo compulsivo y no responsabilizando al individuo frente
a la comunidad.
QUÉ NOS LLEVA A LA ADICCIÓN?
La pregunta clave es ¿qué motiva al
ser humano a buscar el modificar su estado de consciencia mediante
una sustancia psicoactiva? ¿Por qué existe una diferencia
entre una persona que consume un psicotrópico en un contexto
religioso, curativo o terapéutico y otra que consume en un
contexto evasivo, lúdico, recreativo? ¿Por qué
el primero se siente más sano y equilibrado y el otro más
degenerado?
El adicto se encuentra en un medio social que parece
no brindarle respuestas satisfactorias a sus inquietudes espirituales
existenciales. Siente un profundo vacío interior y una falta
de sentido de la propia existencia.
Al enfrentarse a un estado alterado de conciencia
inducido mediante una sustancia psicoactiva, se ve sumergido en
un mundo de percepciones fascinantes y al no poder dominar su atracción
fundamental vuelve a consumir la droga, intentando volver a la fascinación
placentera, escapando de un mundo de insatisfacción, problemas
y angustias racionales, encontrándose atrapado en un contexto
evasivo de lo que constituye su realidad.
Luego va perdiendo el hilo conductor de su existencia
hasta que su conciencia queda atrapada en un presente continuo donde
ya no existe la posibilidad de un proyecto, donde finalmente lo
único que cuenta es la compulsión al consumo.
En general, las compulsiones se dan hacia las substancias
con cierto potencial embrutecedor. No se sabe de comportamientos
compulsivos hacia los hongos psilocíbicos, el peyote, el
San Pedro o el Ayahuasca, todos psicotrópicos de carácter
enteógeno.
El término enteógeno deriva
de la raíz griega "theus" y significa "dios
dentro de nosotros". Es importante no utilizar la palabra "alucinógenos"
cuando nos referimos al uso ancestral de un psicotrópico
ya que es una palabra que ha sido cargada con un contenido negativo.
Dependiendo del contexto de su utilización
y la sustancia utilizada, existen estados inducidos que nos conducen
a una orientación externa de la conciencia con carácter
lúdico - recreativo y otros que activan un estado en el que
la mente se ve a sí misma, generando una auto representación.
Entonces para eliminar este vacío existencial
que se intenta compensar con la compulsión al consumo dirigiendo
la conciencia hacia fuera, el adicto debe ser capaz de auto-observarse.
La auto-observación se produce de diversas
maneras mediante la inducción a estados de conciencia dirigidos
hacia dentro como son los estados meditativos alcanzados en diferentes
prácticas orientales, mediante la psicología analítica,
el análisis de sueños, técnicas gestálticas
y mediante la alteración bajo la utilización de un
poderoso enteógeno o planta psicotrópica.
El testimonio de un paciente del centro de Rehabilitación
Takiwasi es perfecto para entender esta posición: "La
heroína altera tu percepción, te hace pensar que todo
está bien. La información a la que se accede no te
sirve ya que no haces nada con ella, solo está el proceso
de evasión mediante la droga y autodestrucción. Con
el Ayahuasca, la planta cambia tu percepción, te muestra
algo que puedes utilizar en tu propia vida para ayudarte a crecer
y no destruirte." (Artículo
autobiográfico publicado en Internet (actualmente retirado
del servidor que lo publicó))
EL AYAHUASCA COMO TRATAMIENTO DE LA ADICCIÓN
El Ayahuasca le plantea el reto al adicto de enfrentarse
a una verdadera iniciación que le permita integrar, reordenar
y metabolizar su universo interior, alcanzando un sentido profundo
de su propia vida.
Si entendemos que la drogadicción lleva en
el fondo una aspiración a una auténtica vida espiritual,
a encontrar un sentido profundo de la vida, entonces la terapia
que pretenda transformarla debe tomar en consideración la
dimensión espiritual pues, de lo contrario, no se estará
llegando al núcleo del problema. Lamentablemente, muchas
de la terapias modernas se limitan a desintoxicar el cuerpo físico
y trabajan la dimensión espiritual desde fuera, operando
en el plano mental.
Actualmente existen alrededor del mundo diversas
terapias dirigidas a curar las adicciones contemporáneas,
las cuales utilizan plantas psicotrópicas como la base de
su tratamiento basado en la inducción controlada de los
estados de conciencia.
- En Argentina el Centro Ayllu dirigido por el
psicólogo Sacha Domenech ha demostrado resultados muy alentadores
del tratamiento de toxicomanías usando el ancestral cactus
Wachuma (San Pedro).
- El Centro Takiwasi en la ciudad de Tarapoto dirigido
por el Dr. Jacques Mabit se propone tratar adictos a la pasta
básica de cocaína, asociando psicología contemporánea
y conocimiento shamánico amazónico, reuniendo terapeutas
modernos y autóctonos en los rituales curativos del Ayahuasca.
- En Thailandia, en el Monasterio budista de Tham
Krabok, desde hace más de 30 años, los monjes-curanderos
tratan a los heroinómanos. Los resultados son impresionantes
(más de 70.000 casos en 30 años). ("Adicción
y Shamanismo budista: el monasterio de las cuevas del Bambú",
Jacques Mabit. Revista TAKIWASI, No.2, Tarapoto 1994)
Estas terapias utilizando plantas psicotrópicas
dentro de un contexto ritual controlado inducen al paciente estados
alternos de conciencia que permiten la auto-exploración de
su universo interior. La disolución temporal de la censura
racional autoriza el acceso directo a estratos profundos del inconsciente.
Esto produce el surgimiento de recuerdos reprimidos, traumas olvidados
y memorias antiguas que vuelven a la superficie.
Estas plantas maestras poseen un alto nivel vibratorio produciendo
un efecto catalizador, el cual permite desencadenar ciertos procesos
latentes, los cuales se encontraban paralizados dentro del paciente.
Al mismo tiempo el paciente experimenta un aumento en la producción
onírica, produciendo sueños más frecuentes
e intensos, más nítidos y de fácil recordación.
Durante el proceso el paciente experimenta estados
catárticos, a veces acompañados de vómitos
intensos y llantos profundos cuya función consiste en desbaratar
y limpiar el nivel emocional. Este se presenta en algunos casos
como un paso necesario para lograr abrirse y permitir el florecimiento
del nivel espiritual.
En las palabras de Sacha Domenech, psicólogo
director del Centro Ayllu, "...el alto potencial vibratorio
de estas 'plantas maestras' llega a lugares recónditos donde
muchas veces es tan difícil llegar por métodos convencionales
de terapia. Las plantas nos ayudan a 'ponerle el cuerpo' a los procesos
internos. La cuestión meramente evocativa y racional no ayuda
a producir los cambios, en vez cuando le ponemos el cuerpo a la
purga, es posible metabolizar situaciones y circunstancias y solo
desde allí es posible una transformación."
("Tratamiento con plantas maestras en
trastornos de inmunodeficiencia", Sacha Doménech - Psicólogo
Argentino. Artículo sin publicar.)
Ventajas sobre los métodos convencionales
En las terapias convencionales se le niega al adicto
el valor de su propia búsqueda espiritual a través
de la modificación de estados de conciencia. Esto crea un
vacío en el adicto, el cual siente que el terapeuta no logra
en el fondo conocer el valor de su búsqueda. En cambio, la
terapia basada en la inducción controlada de estados modificados
de conciencia crea en el adicto una gran confianza hacia el tratamiento,
el cual no le está negando el valor de su propia búsqueda
sino que le plantea una perspectiva totalmente nueva de experiencias
canalizadas, constructivas y enriquecedoras que reconocen la dimensión
sagrada y trascendental de la experiencia.
En general el adicto mantiene una sensación
de superioridad sobre el terapeuta en cuanto al atrevimiento de
auto-exploración de su mundo interior mediante una alteración
inducida de la consciencia. No importa si esta fue errada o lo condujo
a la autodestrucción, igualmente siente que tuvo el valor
de hacerlo y en cambio el terapeuta se mantiene protegido dentro
de conceptos racionales y teorías basadas en su experiencia
académica.
En cambio, la confianza que el adicto pueda sentir
en el terapeuta se incrementa enormemente al sentir que éste
viaja a su lado, lo acompaña en las sesiones tomando él
mismo la pócima, guiándolo desde adentro y explorando
juntos ese universo que va más allá de lo racional.
Por último, bajo la terapia de tratamiento
con plantas psicotrópicas, el adicto se vuelve dueño
de su propia curación ya que descubre por si mismo donde
se produjo la ruptura y encuentra en su propio "maestro interior"
el camino hacia una evolución curativa. El terapeuta se mantiene
en un papel de acompañante, de protector, de hermano mayor
creando las condiciones adecuadas para ofrecer al paciente un espacio
seguro para su trabajo evolutivo.
Tratamiento tradicional de "Síndrome de abstinencia"
Dentro del contexto curanderil de la selva norte
del Perú existe una práctica ritual utilizada para
curar el síndrome de abstinencia en pacientes toxicómanos
de la pasta básica de cocaína y otras toxicomanías.
El tratamiento fue adoptado por el centro de Rehabilitación
de toxicomanías en Tarapoto - Takiwasi dirigido por el doctor
Jacques Mabit.
El tratamiento consiste en la ingestión de
la savia de una planta denominada Yawar Panga, la cual tiene
efectos eméticos muy poderosos, destinados a operar una limpieza
profunda del organismo de los participantes. Esta planta resulta
muy útil en el tratamiento de todo tipo de intoxicación,
particularmente en la primera fase del tratamiento de la adicción
a drogas.
"El nombre de Yawar Panga está
constituido por dos palabras quechuas que significan hoja de sangre
y la planta se denomina así porque al cortar su hoja, ésta
derrama un líquido rojo. En Loreto se la llama también
Shihuango Sacha. La Yawar Panga es una enredadera que pertenece
a la familia de las cucurbitáceas; de las hojas de esta
planta se extrae el jugo, que se da a beber fresco, sin más
preparación, a los pacientes." ("Ceremonia
ritual de la Yawar Panga", Rony Rengifo Yon - Terapeuta del
Centro Takiwasi, Tarapoto. Artículo sin publicar.)
El paciente ingiere tan solo una cucharada de la
savia de esta planta y pasa por un trance de vómitos los
cuales pueden durar hasta tres horas. Durante este periodo el paciente
debe tomar abundante agua para que el efecto emético se produzca
en las mejores condiciones. Durante ese periodo pasa por sensaciones
de mucho calor y luego mucho frío, tembladera, mareos y palpitaciones,
logrando vomitar hasta cerca de 6 litros de agua. Luego de este
trance se va a dormir agotado sin comer hasta el día siguiente.
A la mañana siguiente se despierta con una
lucidez y sensación de bienestar no experimentada desde mucho
tiempo atrás. La ansiedad, el mal humor, la angustia y el
malestar físico desaparecen y se siente muy bien. Los pacientes
muestran un esclarecimiento de ideas y lucidez mental, el semblante
tranquilo y relajado. El alivio es tan palpable que fortalece la
motivación del sujeto a seguir adelante.
Pese a su aparatosidad, el vómito no es doloroso
y sobreviene con naturalidad. Al término de la ceremonia
se toman medidas para suspender el efecto vomitivo si ello no ocurre
naturalmente. Una forma muy sencilla es administrar un poco de té
de canela con azúcar. El azúcar corta la acción
de las plantas depurativas y particularmente de las plantas de sabor
amargo.
"Este tratamiento permite especialmente
desactivar en el toxicómano el síndrome de abstinencia,
tanto en sus aspectos físicos como psíquicos (especialmente
la angustia)" ("La Yawar Panga",
Julio Arce Hidalgo - curandero. Artículo sin publicar.)
Esta sensación de bienestar puede durar de
24 a 36 horas hasta que nuevamente el síndrome de abstinencia
produce en un menor grado sus efectos angustiantes los que llevan
al paciente, en muchos casos, a pedir voluntariamente una nueva
sesión de Yawar Panga.
En la primera semana se administran cerca de 3 sesiones
de Yawar Panga con lo cual se logra vencer totalmente el síndrome
de abstinencia en una manera natural. Se trata más bien de
una limpieza necesaria y a veces difícil pero finalmente
tan apreciada por los pacientes que muchos de ellos, cuando pasan
por una crisis o se sienten mal, solicitan espontáneamente
una sesión.
"A nivel psicológico, el vómito
supone una apertura voluntaria del sujeto para "devolver"
y la aceptación de encarar 'el mal' que esta adentro de
si mismo. A diferencia de la evacuación anal vinculada
a connotaciones sádicas y dominadoras, la eliminación
oral supone humildad, sumisión con confianza hacia el terapeuta.
En sí, señala y manifiesta el deseo de 'agachar
la cabeza' y liberarse de los 'diablitos' que uno tiene adentro.
El paciente decide 'devolver' lo que ha sido incorrectamente ingerido,
los alimentos físicos, mentales y espirituales que tragó
sin tener la capacidad de digerirlos, metabolizarlos. Con la purificación
de la boca es el verbo que se purifica, la palabra y por ende
los pensamientos." ("Ceremonia
ritual de la Yawar Panga", Rony Rengifo Yon.)
Cabe destacar que la utilización de la Yawar
Panga no solo está destinada a pacientes toxicómanos
sino que, basados en su propiedades eméticas, lo convierten
en un excelente medio de depuración, el cual es utilizado
para limpiarse de un excesivo consumo de alcohol,luego de haber
asimilado muchos medicamentos durante un tratamiento farmacológico
convencional, después de una fase de stress intenso o de
un período de fiestas donde hubiese habido una sobre ingestión
de alimentos pesados.
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