Ceremonia
con la Planta Maestra
Hacia una explicación fenomenológica
Ricardo Cantú
En cuatro ocasiones he tenido la experiencia de participar en Ceremonias, donde se ha ingerido el brebaje curativo elaborado con Ayahuasca y Chacruna, ambas plantas provenientes principalmente de las zonas bañadas por el Amazonas. Esta amorosa medicina natural también es llamada Planta Maestra o Abuelita. No pretendo hacer una reflexión "objetiva", sino más bien compartir algunas intuiciones, que al paso de los meses han crecido como respuestas a unas de las vivencias más impactantes y transformadoras de mi vida. En abril del 2004 más por insistencia de mi hija Isabel que por convencimiento propio, llegué junto con Amalia (mi compañera, amiga y amante), a Corto Maltés en plena Amazonía, con el fin de participar en Ceremonias dirigidas por Diego Palma, chamán que conjuga juventud, amorosa contención, añeja sabiduría, sobresaliente intuición, habilidades informáticas y el don de la expresión musical. Van, pues:
1. La Sanación como fiesta.- Por mi formación académica, he pasado muchas etapas educativas y laborales en instituciones occidentales de salud: hospitales, psiquiátricos, organismos internacionales de ayuda a refugiados, instituciones de apoyo a violadas, jóvenes y señoras; así como diversos tipos de clínicas de apoyo psicológico. Ellas responden a los modelos médicos de asepsia, rigidez y formalismo. En el mejor de los casos son espacios funcionales y pulcros que también obedecen a una clara concepción: los procesos de sanación, son todo menos una fiesta. No en pocas ocasiones, los mismos espacios hospitalarios son transmisores -cuando no generadores-, de contagios; son deprimentes y llenos de reglamentos. Además, el arribo a uno de estos centros de curación, usualmente es contrario a la voluntad del enfermo. El dolor es el común denominador y dadas las enormes cargas afectivas, lo impersonal es la divisa de sobrevivencia, para quienes juegan el rol de sanadores.
El ancestral concepto de sanación, que ha sido retomado y enriquecido por Diego Palma y su equipo de sanadores, plantea una perspectiva totalmente diferente: deseablemente la sanación se realiza en un acto llamado Ceremonia. El contexto es amigable y la participación es voluntaria. "Fiesta, todos quedan invitados a la fiesta, a curar sin descansar", reza una canción de sanación, empleada por los ayahuasqueros tradicionales. La Ceremonia se realiza de forma nocturna -lo anterior por las propiedades de la Planta Maestra-, y parte de un proceso ritual de respeto y agradecimiento. El punto fundamental radica en el ángulo de acceso a la experiencia de sanación: nuestras actuales instituciones médicas NO viven la sanación como una fiesta, como una Ceremonia. Imagine que usted recibe una invitación para sanar y el tono de la misma, es festivo, ya que el invitador desea de todo corazón que precisamente usted participe, dada la riqueza de la experiencia de aquel.
2. La Purga.- Muchos especialistas
del ámbito psicológico aceptan el término
"catarsis", como un mecanismo que permite drenar las experiencias
humanas escondidas y celosamente guardadas en el aparato psíquico
de cada individuo. Estas experiencias escindidas hablan de falta
de armonía y de enfermedad. También se afirma que
nuestra sociedad es "confesional". Lo anterior, es la
aceptación de los métodos impulsados por la Iglesia
Católica, en donde el pecador confiesa sus faltas
ante una autoridad religiosa, recibe una penitencia por los actos
equivocados, y una vez cumplida, regresa a la gracia divina. El
punto nuclear es la expulsión de lo retenido, que se acumula
y pudre dentro del corazón.
La Planta Maestra, tiene como función, el facilitar la purga. Esta se hace de diversas maneras (usualmente vomitando, defecando, sudando, llorando… o dos o varias al mismo tiempo). Una vez ingerida, los síntomas de lo que se ha denominado la crisis curativa (dado su paralelismo con las reacciones homeopáticas), aparecen. No hay forma de evadirlos: mareación, incomodidad general… y por supuesto la necesidad de drenar, de expulsar por medio de los mecanismos físicos arriba descritos. Quienes participan en la experiencia, lo hacen involucrando no sólo el pensamiento, sino todos los sentidos: "El cuerpo nunca miente", señalan los especialistas en terapias corporales. Efectivamente, la Abuelita nos ayuda a purgar. Para decirlo en palabras de un querido amigo; "los escobazos de la Abuelita, estuvieron muy duros", refiriéndose a su experiencia en el momento de la crisis curativa. Muchos relatos de ayahuasqueros, coinciden en señalar que las purgas aparecen como verdaderas serpientes, que salen de nuestros cuerpos, llevando consigo, todo aquello que nos ha enfermado durante tanto tiempo.
Mi experiencia camina en esa línea: la Planta Maestra me hizo tocar precisamente las áreas vitales que sentía "torcidas" o con dificultad personal para enfrentarlas. Fue implacable: la catarsis se dio y en vez de expresar ante una fría rejilla de confesionario mis "pecados", la Abuelita me invitó a fortalecer el diálogo con mi corazón, a buscar dentro de mí las respuestas y a soltar todo aquello que me hizo daño por mucho tiempo.
El los momentos de crisis curativa, pude sentir cómo las partes sombras de nuestro corazón, las enfermedades físicas, los dolores y síntomas psíquicos se enquistan y llegamos a encariñarnos con ellos. Nos gusta retenerlos y hacerlos crecer, seguir obteniendo de la enfermedad, sus ventajas. Finalmente cuando uno decide dejar de controlar y soltar, encuentra que toda disfunción, todo malestar, puede ser entregado a la Pacha Mama y no necesariamente debe de crecer en nosotros, como un cáncer.
3. "El rito se hace luz".- El poeta del exilio español, León Felipe hacía esta afirmación. Decía que "cuando un hombre bueno nos da su pan, tiene el cuerpo de Cristo entre sus manos". Las Ceremonias en las que he participado, me han permitido ver cómo la sanación tiene mucho que ver con un rito luminoso y con la intención de un grupo de hombres buenos, que nos comparten su pan; el producto de su amoroso trabajo en profunda alianza y respeto con la Madre Tierra (La Pacha Mama). No existe la pretensión de formar una iglesia, ni un grupo de poder. No existe el formalismo de un rito burocrático y alienante. Las Ceremonias están llenas de humildad, sencillez y belleza. Los participantes se sientan en el piso, usualmente con frazadas - por el frío de la madrugada-, en posición de respeto -la espalda erecta -, y en profundo silencio. Todavía con el apoyo de una vela, el chamán monta su pequeño altar, afina su guitarra, lía cigarros con el tabaco que también le servirá -según la usanza de la selva-, para rezar. Cuando lo considera prudente, comienza a hablar con la Planta Maestra. Lo hace transmitiendo un enorme respeto y cariño, lo hace agradeciendo a La Placha Mama-, al Padre Sol -Taita Inti-, a los abuelos, a los padres, a los sueños…. Posteriormente, cada participante pasa frente al chamán a recibir a la Abuelita. Cada quien lo hace a su manera, pero en todos los casos con profundo respeto y silencio. Con el recipiente, en donde el chamán vierte la infusión rojiza de la Abuelita, entre las dos manos el participante deposita su personal intención, expresa su deseo tribal con una hermosa palabra en idioma nativo, toma la acidulada sustancia, y regresa a su respectivo lugar, para iniciar la espera de la crisis curativa. Una vez que la Planta Maestra ha sido compartida, el chamán apaga la vela y el grupo se sume en la oscuridad y el silencio, para esperar los inevitables síntomas de la Abuelita.
Cuando la crisis curativa llega, el sentido ceremonial y ritualístico toma vital importancia: las sensaciones de incomodidad, mareación y la urgencia de purgar hacen, que quien no esté en la misma sintonía, se pregunte qué sucede con ese grupo de orates que visitan constantemente el baño, que lloran, que eructan y/o vomitan… mientras alguien canta melodías, llamadas ícaros o canciones de sanación. Los ícaros se convierten en anclas, en guías, en alientos dentro de la tormenta.
Otro concepto ancestral retomado en la Ceremonia, y que también es otro rayo de luz, es la danza. Por momentos, las canciones de sanación, sirven como compañía a los movimientos armónicos, estéticos y sanadores de Isabel, quien desde una orilla o de plano en el centro de la maloca o del salón, nos recuerda aquella memorable frase de Niko Kazantzakis (el autor de Zorba el Griego y Carta al Greco): "quien no sabe bailar, no sabe orar".
Al paso de algunas horas, la parte catártica concluye y la claridad de las visiones que facilita la Abuelita, se hacen patentes. La incomodidad cambia por un estado de enorme despertar álmico. Las ideas se organizan, los sentimientos de armonizan… Sigues, para ponerlo en palabras de Osho, a la naturaleza a donde te lleve: entiendes una característica del corazón verdaderamente místico: "ninguna queja, ningún reproche, simplemente sentir la dicha de todo lo que la existencia te ha dado, que no habías pedido y que no has merecido".
En algún momento, el chamán decide que esa parte de la ceremonia ha concluido, que "ya hemos llegado a nuestro interior". Lo agradece con una hermosa canción y enciende la vela para realizar un conmovedor proceso de compartir, el cual consiste en acercarse libremente a cada miembro del grupo participante para intercambiar sentimientos, pensamientos, abrazos, lágrimas y sonrisas. La ternura y el amor sientan sus reales y la posibilidad de hablar, nos permite darle cause a la expresión de las emociones vividas en el proceso y guardadas durante la Ceremonia, en respetuoso silencio. Es tiempo de paz, de cercanía, de amor.
Para entonces, la energía generada por el grupo en medicina, se confunde con el nuevo amanecer: el rito tiene sentido, el rito cura, el rito es fiesta y luz.
4. "Una noche cantando".- No existen dudas sobre la importancia, que como instrumento de salud privilegiado, juega la música. El impacto inconsciente que logran las canciones de sanación o ícaros, es de vital importancia en los procesos de sanación realizados tanto en las Ceremonias como en los días, semanas y meses posteriores a la misma. No puedo hablar del estilo de otras Ceremonias, sólo puedo compartirles las que he tenido oportunidad de vivir con Diego e Isabel. En todos los casos, las canciones de sanación, forman parte vital del proceso: como ya se ha dicho, una vez ingerida la planta maestra y al cabo de unos 30 ó 40 minutos, la crisis curativa se presenta, en ocasiones de forma devastadora. En esos momentos de mareación, profunda incomodidad física, visiones no gratas e inquietantes, los ícaros salidos de los amorosos labios de Diego, son una maravillosa mezcla de canciones de cuna, cánticos guerreros y poemas de amor. Realizar un análisis de contenido de los mismos, será una tarea apasionante y posterior. Baste por ahora, remarcar la importancia de los mismos. Al paso de los meses, nos descubrimos cantándolos, evocándolos como pequeñas y tiernas oraciones, como símbolos de una sutil hermandad enraizada en las bondades de la Planta Maestra.
5. Voltear hacia el Sur, y hacia adentro.- Muchos de los "avances" científicos se correlacionan con los llamados países desarrollados. Lo anterior aplica en lo referente a la medicina y a la psicología. Poco o nada se valora el trabajo realizado en el Sur, en los países llamados subdesarrollados. Pensar que existan propuestas de sanación física y psicológica que se enraícen no en lo nuevo sino en lo viejo, en prácticas de nuestros ancestros y que esas metodologías surjan de la Amazonía, suena francamente descabellado.
Cada día, la psicología "occidental moderna", reconoce la importancia del enfermo en la enfermedad. Es más, se afirma con mayor frecuencia que "existen enfermos, no enfermedades", haciendo referencia a la individualización de cada proceso. Esta individualización, no es atendida por los diagnósticos "modernos", los fármacos de amplio espectro y algunos médicos egresados de las Universidades actuales. Los grandes negocios farmacéuticos logran permear sus intereses en los altos círculos de poder, los cuales definen que algunas manifestaciones de medicina tradicional, en su aplicación, puede encuadrar un delito.
Sin embargo, a pesar de los obstáculos jurídicos, de la mala fama generada por el desconocimiento o de plano por el dolo, muchos métodos de curación tradicional están siendo revalorados. Tal es el caso del uso medicinal de la Ayahuasca. Esta planta invita a recordar, a voltear hacia adentro, hacia el corazón. Invita a recuperar la sabiduría de nuestros abuelos, de nuestros padres, a identificar la forma en que los llamados cuatro elementos curan (agua, fuego, aire y tierra), en una clara alusión de que el crecimiento espiritual está ligado a un concepto de salud más amplio, mayormente alejado de los hospitales, las penicilinas, las operaciones, la quimioterapia, etc., todos íconos de la medicina moderna.
La curación por medio de la planta maestra, parte de que la sanación está dentro de nosotros, en el darnos cuenta, en el conocimiento de quiénes somos. Es fortalecer todos los esfuerzos para retomar nuestra esencia, para enfrentarnos a nuestros nudos, a nuestra falta de fe y de sentido. La Planta Maestra nos regala la bendición de observarnos, de drenar y purgar lo drenable y purgable, al permitir que nuestro corazón se abra.
"Ábrete corazón, ábrete sentimiento, ábrete entendimiento, deja un lado la razón y deja brillar el Sol escondido en tu interior. Ábrete memoria antigua escondida en la tierra, en las plantas, en el aire. Recuerda lo que aprendiste bajo agua, bajo fuego hace ya, ya mucho tiempo. Ya es hora, ya es hora, abre la mente y recuerda como el espíritu cura, como el amor sana, como el árbol florece… y la vida perdura". Es la letra maravillosa de una canción de sanación, que en medio de los efectos sanadores de la Planta Maestra, nos ayuda a enfrentar nuestros procesos de curación, precisamente dejando a un lado el formalismo y racionalismo de nuestra ciencia médica "moderna".
6. El deseo de amarlo todo.- Tal vez por que nos remite a la ancestral relación humana con la Pacha Mama, con su amorosa ternura y permanencia, las Ceremonias dejan como herencia, "una sed infinita, de amarlo todo", como diría León Felipe. Las 4 ocasiones en que he sido bendecido por la Abuelita, el colofón tiene que ver con la certeza de que formo parte de un Todo, que no estoy separado: soy tierra, aire, fuego, agua. A partir de esta experiencia, entiendo y trato de vivir nuevos niveles de hermandad; me descubro -con enorme humildad- como un "viejo caminante" que viene más allá del inicio de los tiempos. Mi vida se ha tornado más responsable con la ecología, con las relaciones afectivas y con el trabajo amoroso que realizo cada día. Recordé (muy cerca de un estado poético, tal vez místico), que soy un ser de luz, que soy afortunado de vivir aquí y ahora y que tenemos que sumar esfuerzos para que este pequeño y hermoso planeta azul, sea viable para nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos. La Abuelita, nos llena de ternura lisa y llana, nos permite dar y recibir amor sin condiciones, nos abre la puerta del alma, nos invita a respetar el tiempo y la forma de caminar de cada quien. Es tener contacto con el Taita Inti, con el padre amoroso, con la Pacha Mama y su maternal protección. Es sentirme hijo privilegiado de la amorosa unión celestial.
No te pido que sigas mis pasos, no te pido ni siquiera que creas en lo que escribo. Me limito a compartirte la dicha de haber sido tocado por el infinito amor de la Madre Tierra y del Padre Sol, y el sentir que he iniciado el camino de regreso a mis raíces. Hoy, si me lo propongo, puedo hacer de la cotidianeidad "un camino de estrellas", y retomar y aceptar que en ti, en mí y en todos, habita el Dios, que llámese como se llame, es siempre el mismo. Ese Dios que nos quiere armónicos, vitales, sanos, sirviendo a los demás, productivos, congruentes, respetuosos a las diferencias, realizados y felices.
México, D.F., noviembre 2004

