Desarrollo de la Bodhichita
Tradicionalmente se suele explicar dos métodos para generar la mente de bodhichita:
El segundo método, el de cambiarse uno mismo por los demás, también se remonta al Buda Shakyamuni, quien lo trasmitió a Manyhushri, y de él fue pasando a través de un linaje ininterrumpido de maestros realizados hasta llegar a Shantideva.” A pesar de que los dos métodos tienen el mismo objetivo, el segundo es más poderoso y profundo que el primero. Según el primer método, generamos por los demás el mismo aprecio que sentimos por nuestra propia madre; pero de acuerdo con el segundo, desarrollamos el mismo aprecio que tenemos por nosotros mismos. Puesto que nos amamos a nosotros mismos incluso más que a nuestra propia madre, la actitud de estimar a los demás que proviene de practicar el segundo método es más poderosa y profunda que la que se deriva de practicar el primero. De manera similar, la mente de gran compasión que desarrollamos por medio de la práctica del segundo método es más intensa y profunda que la que logramos a través del primero, porque la compasión que sentimos por nosotros mismos es también mayor que la que tenemos por nuestra madre. La manera más diestra de practicar estos dos métodos es combinándolos, pero para poder hacerlo, debemos primero estudiar y ejercitarnos en cada método por separado. ADIESTRAMIENTO DE LA MENTE EN LAS SIETE CAUSAS Y UN EFECTO “Al estudiar este método comprenderemos que la bodhichita no es una mente que se pueda generar en un instante, sino que requiere de un adiestramiento gradual.” El adiestramiento en las siete causas y efecto consiste en cultivar las siete realizaciones siguientes:
Este método se denomina siete causas y efecto porque la realización de cada etapa es la causa para generar la siguiente y el logro de la bodhichita es el resultado final. Ecuanimidad La meditación sobre la ecuanimidad es la preparación indispensable para las meditaciones posteriores de las siete causas y un efecto. La realización de la ecuanimidad constituye la base sobre la cual se fundamentan todas las realizaciones subsiguientes, porque para poder reconocer que todos los seres son nuestras madres, primero tenemos que reducir los sentimientos intensos de apego y de aversión que sentimos hacia algunos de ellos. Yhe Tsongkhapa dijo:
“Nuestra mente no procede con imparcialidad. No mantenemos una actitud compasiva y ecuánime hacia todos los seres. Nos sentimos cercanos a unos y distantes de otros. Mientras mantengamos una actitud parcial, nos resultará difícil reconocer a todos los seres como nuestras madres, la primera de las siete causas. Por lo tanto debemos eliminar nuestros prejuicios cultivando una actitud ecuánime hacia los demás. Para cultivar la ecuanimidad, comenzamos recordando a las personas que nos desagradan, luego a nuestros amigos y luego a los desconocidos. A continuación nos preguntamos por qué los clasificamos de esta manera. Tras reflexionar sobre ello podemos comprobar que los enemigos son temporales y en cualquier momento pueden convertirse en amigos. Si recibiéramos una ayuda inesperada, una alabanza o unas palabras amables de la persona que nos desagrada, ¿seguiríamos considerándola nuestro enemigo? Este mismo razonamiento podemos aplicarlo a nuestros amigos, pues nuestra opinión sobre ellos no siempre ha sido tan favorable. Una palabra inoportuna, un descuido o una divergencia de opiniones puede alejarnos de esta persona a quien tanto estimamos. Asimismo, el desconocido no siempre ha sido objeto de nuestra indiferencia ni seguirá siéndolo siempre. De esta manera comprenderemos que siendo estas condiciones temporales y variables, no es realista pensar que una persona pueda ser nuestro enemigo, amigo o desconocido de manera permanente e inherente. En lugar de discriminar entre amigos, enemigos y desconocidos, y de juzgarlos con parcialidad, debemos generar verdadera ecuanimidad. La decisión de considerar a alguien como nuestro enemigo se basa en una falsa proyección mental y en una percepción errónea de la realidad, basada en el desconocimiento de que el origen de nuestro sufrimiento no está en las circunstancias externas, sino en nuestra propia mente.” Es cierto que en el pasado hemos sido perjudicados por otros seres, pero es correcto que aún así los sigamos estimando, pues cuando lo hicieron fue porque, debido a su ignorancia, no reconocieron que éramos su familiar o amigo. Cuando nos dañaron, no eran responsables de sus acciones, porque por error nos consideraron su enemigo. Debemos culpar a su ignorancia, porque ella fue la que les hizo actuar de aquella manera. Por otra parte, cuando nos ayudaron en el pasado, lo hicieron con toda libertad, sin estar bajo el control de la ignorancia. En tales ocasiones, con consideraron de manera correcta como su familiar y amigo. Cuando fueron nuestras madres, nos reconocieron como su hijo y nos cuidaron con amor. Puesto que el daño que recibimos de otros seres fue provocado por su ignorancia, deberíamos relacionarnos con ellos siempre con afecto y bondad. La clase de ecuanimidad que generamos en esta meditación es la llamada “inconmensurable”, porque la estamos desarrollando hacia los incontables seres sintientes. Por lo general, la ecuanimidad puede ser de tres clases: sentimiento ecuánime, ecuanimidad productora y ecuanimidad inconmensurable. El sentimiento ecuánime es cualquier sentimiento que no es ni agradable ni desagradable, y puede tener diferentes intensidades. Un ejemplo sería el sentimiento que tenemos cuando vemos pasar por la calle a una persona con aspecto extraño que ni nos gusta ni nos disgusta. La ecuanimidad productora es un estado mental que se alcanza por medio de la meditación. Es una mente que permanece inmutable con una perfecta estabilización mental. Es relajada y natural, y no requiere esfuerzo para mantenerse. La ecuanimidad inconmensurable puede ser de dos clases: la que cultivamos cuando realizamos la meditación que acabamos de explicar, y la que es uno de los cuatro inconmensurables que forman parte de las seis prácticas preparatorias. Con la primera clase de ecuanimidad, observamos a los incontables seres sintientes y generamos ecuanimidad hacia ellos. Con la segunda, observamos a los innumerables seres sintientes y cultivamos el deseo de que generen ecuanimidad entre sí. Esta última surge de la compasión y de la sabiduría que comprende que los sufrimientos de los seres sintientes se derivan del apego y del odio que se tienen entre ellos. Cuando alcanzamos la realización de la ecuanimidad, nuestra mente está calmada y no nos desconcertamos ante ninguna circunstancia. Esto no quiere decir que nos hayamos vuelto fríos e insensibles. Como ya explicamos con anterioridad, la ecuanimidad no tiene nada que ver con la indiferencia o la apatía. No disminuye nuestro amor ni compasión, ni nuestra habilidad de regocijarnos de la buena fortuna de los demás. Por el contrario, es la realización sobre la que se basan todas estas buenas cualidades. La ecuanimidad reduce nuestro apego y nuestra hostilidad, pero no disminuye el afecto y amor que sentimos por los demás. Los Bodhisatvas que han desarrollado ecuanimidad sienten mucho cariño por todos los seres sintientes y tienen unos sentimientos especiales de afecto y simpatía hacia ellos. Cuando ven a alguien sufriendo no se quedan indiferentes, sino que generan un sincero deseo de poder aliviar su sufrimiento, y si lo consiguen se llenan de alegría. A pesar de que los Bodhisatvas sienten una gran amistad por todos los seres, no están afectados por el apego, porque la naturaleza de sus mentes es paz y amor. Reconocimiento de que todos los seres son nuestras madres
Buda dijo: No existe ningún ser sintiente que no haya sido la madre de todos los demás. Si tenemos fe en la palabra infalible de Buda, podemos alcanzar esta realización con sólo meditar en su significado. En caso contrario, tendremos que llegar a esta convicción basándose en el siguiente razonamiento: “La mujer que ahora reconocemos como nuestra madre lo es porque hemos nacido de su vientre, pero esta no es la primera ni la única vez que hemos nacido. El continuo de nuestra consciencia no tiene principio, por lo que hemos nacido innumerables veces y tenido tantas madres como nacimientos. Por lo tanto, se puede afirmar que no hay ni un solo ser que no haya sido nuestra madre. Según la filosofía budista, nuestro continuo mental carece de principio y, por lo tanto, ya existía cuando estábamos en el seno de nuestra madre. La mente de esta vida surgió de la mente de su vida anterior, ésta de la previa y así sucesivamente. Ni siquiera Buda Shakyamuni, con su mente omnisciente, podía ver el principio de este proceso. Por lo tanto, si el continuo de la mente carece de principio, se deduce que hemos renacido innumerables veces y tenido incontables madres, por lo que no hay ni un solo ser sintiente que en algún momento no haya sido una de ellas.” Si alguien argumenta que nuestras madres del pasado no pueden seguir siéndolo ahora, podemos considerar el hecho de que si nuestra madre actual muriese hoy, aún la consideraríamos como tal. Su muerte no cambiaría el hecho de que es nuestra madre ni disminuiría la bondad con la que nos ha tratado. Lo mismo ocurre con todas nuestras madres del pasado y con cualquiera que haya sido bondadoso con nosotros en un momento dado. Todavía apreciamos y valoramos la amabilidad que recibimos el año pasado o ayer mismo, y deseamos corresponderla a pesar de haberla recibido hace tiempo. La señal de que hemos alcanzado la realización de que todos los seres sintientes son nuestra madre es que, de manera natural y espontánea, reconocemos a cada persona que encontramos como tal sin tener en cuenta su apariencia. Esto incluye a todos los animales. Si nuestra casa está pintada de color amarillo, cada vez que pensemos en ella la recordaremos de inmediato pintada de ese color. De manera similar, si cada vez que pensamos en un ser sintiente recordamos al instante que es nuestra madre, ello indica que hemos alcanzado la realización de que todos los seres sintientes son nuestra madre. En esta meditación no estamos simplemente simulando que todos los seres sintientes hayan sido nuestras madres, puesto que éste es un hecho incontrovertible. No es algo que se hayan inventado los budistas. Sólo estamos descubriendo lo que ha sido verdad desde siempre. Si estudiamos y meditamos en ello con perseverancia, generaremos una verdadera convicción y reconoceremos siempre que todos los seres sintientes son nuestras madres. Aprecio de la bondad de todos los seres “Nuestra madre actual nos llevó en su vientre durante nueve meses y en todo ese tiempo, hiciese lo que hiciese, nunca nos olvidó. Nos consideraba su más preciado tesoro y nuestro bienestar era lo más importante para ella. Al dar a luz sufrió intensos dolores, pero aún así solo pensaba en nosotros. De niños, cuando éramos una pobre criatura indefensa, incapaz de discernir entre lo beneficioso y lo perjudicial, nuestra madre nos cuidó y alimentó con su propia leche. Cuando tuvimos miedo, nos cuidó con el calor de su cuerpo y nos acunó en sus amorosos brazos. Siempre nos llevaba con ella, nos lavaba, nos bañaba, nos peinaba y nos sonaba la nariz. Cuando jugaba con nosotros, nos cantaba dulces canciones con amor. Nos protegía siempre de todo peligro, del fuego y de posibles accidentes; de no ser por sus constantes cuidados hoy no estaríamos vivos. Con paciencia y con amor nos enseño a caminar y a hablar y se sacrificó para darnos una buena educación. Las madres aman de manera incondicional a sus hijos, con profunda ternura y devoción, desde el momento en que los conciben hasta la muerte. Recordar la gran bondad de nuestra madre actual nos ayuda a apreciar el amor infinito que hemos recibido de todas nuestras madres desde tiempo sin principio. ¡Qué bondadosos han sido conmigo todos los seres!” Deseo de corresponder a la bondad de todos los maternales seres Es natural que sintamos el deseo de corresponder a quien es bondadoso con nosotros. Incluso cuando recibimos una carta, sentimos el deseo de contestar. Así pues, es natural que deseemos corresponder a la bondad de todas nuestras madres. Después de esta reflexión, realizamos la siguiente contemplación:
Cuando hayamos tomado esta determinación, debemos ampliar su ámbito hasta incluir a todas nuestras madres, con el reconocimiento de que no hay diferencia alguna entre nuestra madre actual y los seres que fueron nuestras madres en el pasado. Cuando la resolución de corresponder a la bondad de todas nuestras madres surja con fuerza en nuestra mente, nos concentramos en ella en meditación de emplazamiento hasta que impregne nuestra mente por completo y nunca la olvidemos. A continuación, realizamos la siguiente meditación:
Cuando hayamos tomado la firme resolución de esforzarnos en conducir a todas nuestras madres hacia el gozo de la liberación, nos concentramos en ella en meditación de emplazamiento para hacer que este pensamiento quede arraigado en nuestra mente de manera continua. Si desarrollamos esta intención, aunque sólo sea durante unos breves minutos, obtendremos incontables beneficios y acumularemos una vasta cantidad de méritos. Sólo los practicantes puros del camino mahayana poseen la intención de beneficiar a todas las madres y de conducirlas hacia el gozo perfecto. Debemos contemplar y meditar repetidas veces en las tres primeras etapas de la meditación de las siete causas y efecto. Si podemos reconocer que todos los seres son nuestra madre y recordar su bondad, generaremos de manera natural el deseo de corresponderles. El que tengamos éxito en las siguientes etapas depende de que logremos una buena experiencia de las primeras. Amor afectivo “La siguiente etapa para cultivar la bodhichita es generar amor afectivo hacia todos los seres. Este estado mental surgirá de manera natural como resultado de meditar en las tres etapas anteriores. Por lo general, cuando vemos a las personas que nos agradan sentimos afecto por ellos de manera natural, pero no sentimos lo mismo por otras personas, en particular por aquellas que nos desagradan. Si deseamos generar la mente de la bodhichita, nuestro afecto debe abarcar a todos los seres. Si como resultado de perseverar en esta meditación nos acostumbramos a sentir afecto por todos los seres, habremos alcanzado la cuarta etapa para generar la bodhichita.” Nuestra propia madre quizá no tenga un físico atractivo, pero debido a que tenemos una relación especial con ella, nosotros la encontramos hermosa. La queremos, y si vemos que está sufriendo, de manera espontánea sentimos una profunda compasión por ella. Si llegamos a tener este sentimiento hacia todos los demás seres, habremos desarrollado lo que se llama “amor afectivo”. Con este amor hacia todas las criaturas es imposible que abriguemos celos o nos enfademos con ellas. Si mejoramos nuestro reconocimiento de la bondad de los demás, generaremos de modo natural este corazón cálido y afectuoso y, en consecuencia, sentiremos una gran estima hacia todos. Aunque posean faltas, sabremos apreciar sus buenas cualidades, del mismo modo que una madre ve siempre la belleza de sus niños, sean como sean. Para desarrollar el amor afectivo tenemos que realizar tres preparaciones:
Contemplar los beneficios del amor afectivo La primera vez que vemos a una persona que nos parece atractiva, nos sentimos felices y la tratamos con afecto y amabilidad sin ningún esfuerzo. A medida que pasa el tiempo, si nuestro amor hacia ella va disminuyendo, tendremos problemas y nos sentiremos insatisfechos; pero si por el contrario aumenta, seguiremos felices aunque encontremos adversidades y vivamos en la escasez. Puesto que el amor es tan beneficioso incluso cuando está mezclado con el apego, ¿cuánto más lo será cuando esté libre de él? Si meditamos en desarrollar amor hacia todos los seres sintientes, aunque sea sólo durante unos minutos, acumularemos muchos méritos y recibiremos grandes beneficios. Seremos felices. Cuando nuestra mente adquiera la naturaleza del amor, nos sentiremos dichosos y apacibles de manera natural. Con este estado mental es imposible que nos trastornemos o deprimamos, o que generemos odio o celos. Si ahora sentimos amor por los demás y trabajamos para proporcionarles felicidad, es seguro que en el futuro nosotros también la obtendremos. Un beneficio especial de desarrollar el amor afectivo es que, debido a que es el oponente directo contra el odio, podemos eliminar todos los malestares y problemas que nos causamos a nosotros mismos impulsados por esta perturbación mental. A pesar de que queremos a nuestros familiares y amigos, a veces nos enfadamos con ellos porque nos olvidamos de ser bondadosos, y de esta manera creamos problemas tanto para nosotros mismos como para nuestros seres queridos. El odio obstaculiza nuestra práctica espiritual y destruye nuestra paz mental. También nos roba la belleza física, haciéndonos adoptar expresiones desagradables y gestos coléricos que asustan a los que nos ven en ese estado. Si sentimos amor afectivo, nos liberaremos de estos problemas porque el odio y los celos dejarán de surgir en nuestra mente. Por consiguiente, debemos esforzarnos en cultivar y aumentar nuestro amor. El esfuerzo es una mente que se complace en efectuar acciones virtuosas, y en este caso lo generaremos comprendiendo los beneficios de cultivar el amor afectivo. Con este firme entendimiento, aplicaremos esfuerzo con entusiasmo y de manera natural. Reunir las condiciones idóneas para el desarrollo del amor afectivo Con este intenso deseo de generar amor afectivo, debemos saber cuáles son las condiciones idóneas para lograrlo. Son las tres etapas siguientes que forman parte de la meditación en las siete causas y efecto: reconocimiento de que todos los seres son nuestras madres, aprecio de la bondad de todos los seres y deseo de corresponder a la bondad de todos los maternales seres. Si reconocemos que todos los seres sintientes son nuestras madres y recordamos su benevolencia, generaremos el deseo de corresponder a su bondad, y de manera natural y espontánea sentiremos amor afectivo hacia ellos. Eliminar todos los obstáculos que impiden el desarrollo del amor afectivo El obstáculo principal para el desarrollo del amor afectivo es generar un sentimiento de desagrado hacia los demás. No podemos sentir amor afectivo hacia todos los maternales seres sintientes seguimos reaccionando con excesiva alegría al encontrarnos con ciertas personas y con enfado o fastidio al hacerlo con otras. Por lo tanto, cuando nos demos cuenta de que estamos empezando a irritarnos, debemos meditar de la siguiente manera:
Si lo pensamos con detenimiento, nos daremos cuenta de que nuestra actitud es la incorrecta. Esta persona no es desagradable por sí misma. La manera en que la percibimos es sólo un reflejo de nuestro estado mental perturbado, una apariencia creada por nuestro propio odio o confusión. Por lo tanto, cuando veamos a alguien que nos parezca desagradable o poco atractivo, debemos reconocer que lo que vemos no es más que una proyección de nuestra propia mente, que surge de nuestros pensamientos perturbadores. Realizamos entonces la siguiente reflexión:
La mayoría de nosotros no tenemos la costumbre de examinar nuestros pensamientos. Por lo general, no nos detenemos a pensar “¿qué estoy pensando?” No obstante, deberíamos observar nuestra mente de este modo a fin de eliminar los estados mentales perjudiciales que nos producen sufrimiento. Cada vez que tengamos un sentimiento de fastidio hacia alguien, debemos ser conscientes de ello y eliminarlo lo antes posible. Para poder desarrollar amor afectivo hacia cualquier persona, debemos eliminar toda antipatía que sintamos por ella. Cuanto mayor sea nuestro éxito en identificar y erradicar nuestros sentimientos de desagrado hacia los demás, más fácil será alcanzar la realización del amor afectivo. Cuando nos hayamos habituado a generar amor afectivo hacia aquellas personas con quienes vivimos, podemos ir ampliando el ámbito de nuestra práctica e ir abarcando a los vecinos, a nuestra comunidad, etc., hasta que nuestro sentimiento incluya a todos los seres sintientes. Gran compasión “La gran compasión es un estado mental que desea que todos los seres se liberen del sufrimiento. Si hemos generado amor afectivo hacia todos los seres, cuando meditemos en sus sufrimientos, sentiremos con facilidad una profunda compasión por ellos. La causa principal de la gran compasión es el amor afectivo. Para ello, hemos de familiarizarnos con las cuatro etapas ya descritas hasta que consideremos de manera espontánea que todos los seres son nuestras bondadosas madres. A partir de ese momento, si recordamos su sufrimiento e insatisfacción, generaremos la mente de gran compasión con facilidad. Cuando al encontrarnos con alguien a quien considerábamos nuestro enemigo deseemos de manera espontánea que se libere de su sufrimiento, habremos alcanzado la realización de la gran compasión. Mientras no sintamos amor afectivo por todos los seres, no podremos sentir compasión por ellos.” Los Bodhisatvas que poseen una compasión muy poderosa alcanzarán la iluminación en poco tiempo. Son incapaces de soportar que los demás sufran y desean liberarlos de su dolor lo antes posible. Para ello, buscan el camino más rápido hacia la iluminación y emprenden las prácticas necesarias. Para generar la mente de gran compasión, primero tenemos que desarrollar amor afectivo hacia todos los seres sintientes y luego meditar en los sufrimientos que padecen. Con la realización de amor afectivo, cada vez que veamos o recordemos los sufrimientos de los demás, o reflexionemos acerca de ellos, desarrollaremos la mente de gran compasión de manera natural y espontánea. Este hecho sucederá así aunque no lo queramos, del mismo modo en que una madre cuando ve sufrir a su hijo forzosamente se apiada de él. A pesar de que no percibimos en este momento sus sufrimientos, lo cierto es que todos los seres en la existencia cíclica tienen problemas y han de padecer los dolores de las enfermedades, del envejecimiento y de la muerte. Cuando hayamos generado amor afectivo, si pensamos una y otra vez acerca de los sufrimientos de los demás, nuestra compasión crecerá día a día y nos iremos sintiendo cada vez más cerca de Avalokiteshvara, la manifestación de la gran compasión de todos los Budas. La gran compasión no es una mente fácil de generar. La hemos de cultivar poco a poco. Podemos comenzar reflexionando acerca de los sufrimientos de los animales, recordando que muchos de ellos morirán degollados en el matadero. Imaginamos el terrible dolor que tendrán que experimentar y el pánico que sienten cuando se dan cuenta de que sus vidas corren peligro y están completamente indefensos. A continuación, meditamos acerca de los sufrimientos de los seres humanos tales como los males y dolores que padecen las personas que están internadas en los hospitales, los que han de soportar los ancianos y los que se encuentran en el lecho de muerte. Debemos recordar que, a pesar de que otros seres disfrutan ahora de una buena vida, su felicidad acabará pronto, y además carecen de verdadera libertad. Incluso ahora mismo padecen diversos sufrimientos porque sufren de incertidumbre, insatisfacción, etc. El conocimiento de que los seres de la existencia cíclica no pueden elegir sus experiencias nos ayudará a sentir compasión hacia ellos. Debemos apiadarnos tanto del pobre animal que va a ser degollado dentro de un año como del que morirá mañana. De la misma manera, debemos sentir compasión tanto por los seres humanos que experimentarán sufrimiento en el futuro como por los que lo están padeciendo ahora. En particular, hemos de generar compasión por las personas que cometen acciones perjudiciales, porque están creando las causas para padecer más sufrimiento en el futuro. Meditando de esta manera debemos cultivar compasión por todos los seres sintientes. Cuando este sentimiento especial surja con claridad y firmeza en nuestra mente, nos concentramos en él en meditación de emplazamiento para familiarizarnos con él. Durante el descanso de la meditación, debemos mantener una actitud compasiva en todas nuestras actividades, objetivo que debemos lograr de manera gradual. La señal de que hemos desarrollado la mente de gran compasión es que, cada vez que vemos a otro ser sintiente, tenemos el deseo espontáneo de liberarlo de su sufrimiento. Intención superior Una vez que hayamos generado la mente de la gran compasión, hacemos la siguiente reflexión:
“Tras haber generado la mente de la gran compasión, pensaremos: “Voy a liberar a todos los seres sintientes del sufrimiento”. Tomar esa responsabilidad es lo que se conoce como intención superior. Si un niño se está ahogando en un río, los que están en la orilla desearán que alguien lo rescate, pero si el padre se encuentra entre ellos, no se contentará con desearlo, sino que decidirá rescatarlo él mismo y pensará: “Voy a salvarlo enseguida”. La mente de los observadores es similar a la gran compasión, y la del padre, a la intención superior. La persona que genera la intención superior, aunque desea con sinceridad liberar a todos los seres sintientes, no puede hacer realidad su deseo altruista, como el padre inválido que es incapaz de rescatar a su hijo. El reconocimiento de que no podemos lograr nuestro deseo nos conduce al resultado de esta meditación: la bodhichita.” La intención superior es la promesa de liberar a todos los seres, reconociendo que son nuestras madres y que desean evitar el sufrimiento y lograr felicidad. Al comprender la importancia de tomar personalmente esta responsabilidad, asumimos la tarea de beneficiar a los demás y mantenemos esta intención en todo momento en nuestra mente. Este estado mental recibe el nombre de “intención superior” porque aventaja a las mentes de amor y compasión. La intención superior, la sexta causa de la bodhichita, es mucho más que el mero deseo de corresponder a la benevolencia de todos los maternales seres –la tercera causa-. Cuando generamos este mero deseo, a pesar de que queremos conducir a todos los seres sintientes hacia la liberación, aún no hemos tomado el compromiso personal de llevarlo a cabo; pero cuando poseemos la intención superior, tomamos la firme resolución de trabajar para alcanzar nuestra meta. Bodhichita “Solo un ser totalmente realizado puede liberar a los seres del sufrimiento. En el pasado, numerosos orientales se adiestraron en el camino mahayana, adquirieron estas cualidades supremas y alcanzaron la iluminación, y ahora tengo la esperanza de que los occidentales hagan lo mismo. Para poder realmente liberar a todos los seres del sufrimiento, se requieren las cuatro cualidades siguientes de un ser iluminado:
Cuando alcanzamos la sexta realización, la intención superior, y comprendemos que solo un Buda, dotado con las cuatro cualidades mencionadas, puede colmar este deseo altruista, lograremos el objetivo de la meditación. A partir de entonces, tendremos de manera continua y espontánea el deseo de alcanzar la iluminación para poder beneficiar a todos los maternales seres sintientes y liberarlos del sufrimiento. Esta es la mente de la iluminación o bodhichita, y quien la genera se convierte en un Bodhisatva.” La señal de que lo hemos conseguido es que siempre, día y noche, mantenemos el deseo de alcanzar este estado para el beneficio de todos los seres. Cuando esto suceda, habremos entrado en el camino mahayana. TOMA DE LOS VOTOS DEL BODHISATVA “Clases de Bodhichita Shantideva dice que hay dos clases de bodhichita: la aspirante y la comprometida. [16] La primera puede compararse con el deseo de ir a un determinado lugar, y la segunda, con recorrer el camino que nos conduce a él. La bodhichita aspirante continúa deseando alcanzar la iluminación por el beneficio de todos los seres sintientes hasta que logra su meta. La bodhichita comprometida nace cuando el practicante toma los votos del Bodhisatva, porque en ese momento emprende las prácticas que lo conducen a la iluminación, como las seis perfecciones y otras virtudes.” “Toma de los votos del Bodhisatva Cuando comprendamos el compromiso que supone tomar los votos del Bodhisatva y nos sintamos capaces de mantenerlos, podremos emprender el camino del Bodhisatva. En esto consiste aceptar por completo la mente de bodhichita. La ceremonia para tomar los votos del Bodhisatva se realiza de la siguiente manera. Primero debemos presentar hermosas y abundantes ofrendas y preparar el lugar donde se vaya a celebrar el ritual. Luego recitamos la oración de las siete ramas, que resume las siete prácticas preliminares mencionadas. Tras haber realizado estos preparativos, en presencia de los Budas y Bodhisatvas visualizados, rogamos que nos concedan los votos del Bodhisatva. Comenzamos con la siguiente súplica:
Recitamos estos versos tres veces y en la última recitación recibimos la ordenación del Bodhisatva. Por nuestra parte, si ya poseemos la bodhichita aspirante, al recibir los votos del Bodhisatva generamos la comprometida y nos adiestraremos en las seis perfecciones de manera continua.” “Ante la asamblea visualizada de los Budas, nos comprometemos a cultivar la bodhichita aspirante, hacemos la promesa de no abandonarla nunca y de mantenerla hasta que alcancemos nuestra meta. A continuación, tomamos cuatro preceptos para impedir que esta bodhichita aspirante degenere:
Cuando tomamos los votos del Bodhisatva, la bodhichita aspirante se convierte en comprometida. “Meditación sobre la alegría de satisfacer nuestros propios deseos Después de generar la preciosa mente de bodhichita, hemos de reconocer nuestra buena fortuna y regocijarnos de ella. [25] Para mejorar las cualidades de nuestra bodhichita, debemos estar alegres y contentos, [26] pensar en lo privilegiados que somos al haber tomado los votos del Bodhisatva y reconocer que con esta acción llenamos nuestra vida de significado. Si pensamos de este modo, sentiremos un profundo gozo. Debemos pensar del siguiente modo:
Meditación sobre la alegría de beneficiar a los demás y satisfacer sus deseos [29] Cuando generamos la mente de bodhichita, podremos ayudar a todos los seres de diversas maneras, pues la bodhichita es un tesoro de inagotables riquezas que invita a los seres sintientes al banquete de los renacimientos superiores, la liberación y el deleite insuperable de la iluminación.” ADISTRAMIENTO DE LA MENTE EN IGUALARSE UNO MISMO CON LOS DEMÁS Y CAMBIARSE UNO MISMO POR LOS DEMÁS El adiestramiento de la mente en igualarse uno mismo con los demás y cambiarse uno mismo por los demás, y en la práctica de tomar y dar, constituyen los dos ejercicios principales del adiestramiento de la mente denominado Loyhong en tibetano, en la tradición kadam. Estas instrucciones tienen su origen en Buda Shakyamuni y fueron transmitidas en una sucesión ininterrumpida de Maestros hasta llegar a Atisha. De él pasaron a Dromtompa, y de él, a través de un linaje ininterrumpido, a Gueshe Potoua, Gueshe Langri Tangpa, Gueshe Sharaua y Gueshe Chekhaua. En los tiempos que precedieron a Gueshe Chekhaua estas instrucciones se conocían como “el Dharma secreto”, porque se mostraban sólo a los discípulos que poseían una sabiduría especial mientras que las demás etapas del camino se enseñaban abiertamente. Shantideva dice en su Guía de las obras del Bodhisatva:
Gueshe Chekhaua fue el primer Maestro que comenzó a difundir estas instrucciones abierta y extensamente por el Tíbet, y como resultado de ello muchas personas alcanzaron la realización de la bodhichita. Gueshe Chekhaua compuso un texto breve titulado Adiestramiento de la mente en siete puntos, que incluye todas las prácticas principales del adiestramiento de la mente según la tradición kadam. A continuación se presenta el método especial de esta tradición para generar la mente de bodhichita bajo los siguientes cinco encabezamientos:
Igualarse uno mismo con los demás “[90] Lo primero que debemos hacer es meditar en igualarnos con los demás. Para ello, hemos de reconocer que al igual que nosotros deseamos ser felices y evitar el sufrimiento, los demás lo desean también, por lo que debemos protegerlos tanto como a nosotros mismos. Del mismo modo que nos estimamos a nosotros mismos, hemos de estimar también a los demás comprendiendo que en este sentido todos somos iguales. ¿Qué significa que somos iguales que los demás? La siguiente analogía nos ayudará a contestar esta pregunta. [91] En cuerpo tiene varias partes, como los brazos, las piernas, etcétera, y las estimamos y protegemos por igual. Del mismo modo, aunque en el universo habitan diferentes clases de seres, como los dioses, losseres humanos, los animales, etcétera, todos desean ser felices tanto como nosotros. Por lo tanto, debemos estimarlos y protegerlos al igual que nos protegemos a nosotros mismos. En este sentido, no hay diferencia entre nosotros. La felicidad y el sufrimiento de los demás no son diferentes de los nuestros. Si meditamos sobre esto y generamos la mente que desea que los demás sean felices y se liberen del sufrimiento al igual que lo deseamos para nosotros, estamos igualándonos con los demás. Esta mente bondadosa es un tesoro incomparable que pocos seres poseen. En estos momentos disponemos de las condiciones necesarias para cultivar esta preciosa mente. Igualarse uno mismo con los demás no es una actitud habitual porque contradice la manera egoísta en que estamos acostumbrados a relacionarnos con ellos. Por lo tanto, es normal que nos resistamos a la posibilidad de actuar de manera altruista. [92] Aunque es cierto que nuestro sufrimiento no perjudica a los demás, y viceversa, el que padecen los demás no es diferente del nuestro. Cuando nos cortamos con un objeto afilado, sentimos dolor y sufrimos porque estimamos nuestro cuerpo. [93] del mismo modo, si estimáramos a los demás al igual que nos estimamos a nosotros, tampoco podríamos soportar que sufran. [94] Si lo analizamos con detenimiento, comprenderemos que es necesario eliminar el sufrimiento de los demás del mismo modo que evitamos el nuestro y ofrecerles la felicidad que nosotros mismos deseamos. En realidad, todos somos seres sintientes y queremos evitar el sufrimiento. Estas enseñanzas están basadas en la experiencia de Bodhisatvas con elevadas realizaciones y en razonamientos lógicos. Por lo tanto, no es algo que pueda comprenderse fácilmente sin un adiestramiento mental. ¿Por qué no podemos aceptar que el sufrimiento de los demás es igual que el nuestro? El obstáculo principal que nos impide hacerlo es nuestro hábito arraigado de aferrarnos a nuestro yo identificándolo con nuestro cuerpo y pensar que los otros cuerpos son los demás. Como resultado, nos aferramos a estas apariencias como si fueran verdaderas y, por ello, nos resulta difícil escuchar enseñanzas sobre la práctica de cambiarse uno mismo por los demás. Debemos hacernos la siguiente pregunta: “¿El yo y los demás son tan diferentes como parecen?”. Analicemos esta cuestión. El color amarillo y el color azul son siempre diferentes. Es imposible que una percepción clara del color azul sea una percepción clara del color amarillo. Cuando nuestra consciencia visual percibe uno, no puede percibir el otro, esto es evidente. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el yo y los demás, puesto que no son tan distintos como parecen. A pesar de ello, nos aferramos con intensidad a nuestro yo en relación con nosotros mismos y ponemos la etiquete de otros a todos aquellos que no somos nosotros. Debido a que nos empeñamos en hacer esta distinción entre lo que es nuestro y lo que no lo es, permanecemos atrapados en el samsara. ¿Por qué? Porque a causa de nuestro discernimiento erróneo, generamos celos, apego, odio y otras perturbaciones mentales que nos impulsan a crear karma negativo cuyo resultado es sufrimiento e insatisfacción. Si lo analizamos con detenimiento, nos daremos cuenta de que los términos yo y los demás no se relacionan entre sí al igual que los términos amarillo y azul, sino como esta montaña y aquella montaña. Si subimos a una montaña que se encuentra en el este, nos referimos a ella como esta montaña y a la que está en el oeste como aquella montaña; pero si luego descendemos de ella y subimos la que se encuentra en el oeste, nos referimos a esta última como esta montaña, y a la del este como aquella. Esto plantea varias cuestiones. Estos términos son relativos y dependen del lugar en que nos encontremos. Este mismo razonamiento podemos aplicarlo a los términos yo y los demás. Los términos yo y los demás pueden compararse con los términos alto y bajo. Por ejemplo, un niño de ocho años es al mismo tiempo alto y bajo, dependiendo con quien lo comparemos. Alto y bajo no son siempre fenómenos diferentes del mismo modo que lo son el color amarillo y el azul. De igual modo, yo y los demás no son siempre diferentes como lo son dos colores distintos. Es un error aferrarse a esta concepción errónea. Si analizamos estos ejemplos y otros razonamientos lógicos, y reflexionamos sobre las desventajas de nuestra actitud egoísta y los beneficios de estimar a los demás, podremos practicar la meditación de igualarnos con los demás y cambiarnos realmente por ellos. No obstante, si no preparamos nuestra mente de este modo, nos resultará difícil, si no imposible, obtener resultados en esta práctica. Puesto que la capacidad para generar la preciosa mente de bodhichita depende de reconocer la igualdad de estos dos objetos que normalmente nos parecen diferentes, debemos poner esfuerzo en este adiestramiento. [95] Nosotros y los demás somos iguales en el sentido de que todos deseamos ser felices. Por lo tanto, ¿por qué nos consideramos tan especiales que solo nos interesamos por nuestra propia felicidad? [96] Además, puesto que nosotros y los demás somos iguales en que deseamos librarnos del sufrimiento, ¿por qué nos esforzamos solo por eliminar nuestro propio sufrimiento? [100] No hay nada que justifique el aferramiento a la existencia independiente del yo y a la de los demás. Debemos dejar de aferrarnos a la existencia independiente porque es la causa principal de que sigamos sufriendo en la prisión del samsara desde tiempo sin principio. [101] No existe un conjunto o continuo propio e independiente. Un conjunto está formado por varias partes sobre la que designamos conjunto. De igual manera, un continuo consiste en varios momentos anteriores y posteriores sobre los que designamos continuo. Por ejemplo, un rosario es un conjunto de ciento ocho cuentas y un cordón sobre el cual designamos rosario. Del mismo modo, podemos designar guerra sobre un grupo de soldados que están luchando. Por lo general, nos aferramos con intensidad a la existencia propia e independiente de los fenómenos y, por ejemplo, decimos: “Mi rosario” cuando, en realidad, no existe un rosario independiente. Este es designado por nuestra mente sobre sus partes. Si analizamos el conjunto de sus partes e intentamos encontrar entre ellas un rosario verdadero, no lo conseguiremos. De igual manera, no podremos encontrar una guerra verdadera, con existencia propia e independiente, por mucho que busquemos entre los soldados. [102] No es posible encontrar un poseedor de sufrimiento con existencia propia e independiente. Además, el sufrimiento mismo tampoco tiene existencia propia. Por lo tanto, ¿quién lo controla?, ¿quién lo posee? Aunque ni la persona ni el sufrimiento que padece tienen existencia propia, debemos intentar aliviar ese sufrimiento que existe por designación. Y puesto que no hay un yo con existencia inherente que posea el sufrimiento, tampoco hay diferencia entre el sufrimiento propio y el de los demás. Ambos son reales por designación y hemos de aliviarlos por el mero hecho de que son dolorosos. Si el yo y los demás carecen de existencia propia, no hay razón para diferenciarlos con tanta claridad. ¿De qué nos sirve aferrarnos a nuestra existencia propia y a la de los demás basándonos en esta visión errónea, y pensar que debemos eliminar nuestro sufrimiento, pero no el de los demás? [103] ¿Cómo podemos afirmar que no tenemos por qué ayudarlos? Si deseamos acabar con el sufrimiento, hemos de eliminar tanto el nuestro como el suyo. En cambio, si no tenemos interés en hacerlo, tampoco deberíamos esforzarnos por eliminar el nuestro. [104] Si el Bodhisatva ha de sacrificarse para ayudar a los demás, lo hará complacido. El bondadoso Bodhisatva hará lo posible por beneficiarse a sí mismo y a los demás. Sin embargo, no debemos pensar que sus prácticas le causan sufrimiento. Cuando ayuda a alguien, su propia compasión lo protege del dolor y acepta las dificultades con paciencia. Su verdadero deseo es trabajar en todo momento por el beneficio de los demás.” Los peligros de la autoestima Ya se explicó que la ignorancia del aferramiento propio observa el mero yo y se aferra a él como su existiera de manera inherente. Para los seres ordinarios, la autoestima es la mente que considera que el yo que concibe la mente de aferramiento propio es de suprema importancia. Debido a nuestra mente de autoestima generamos un intenso deseo de asegurar nuestro propio bienestar, pero para lograrlo, a menudo tenemos que cometer acciones indebidas que nos hacen experimentar sufrimiento e insatisfacción. De esta manera, todos nuestros problemas, externos e internos, surgen directa o indirectamente por culpa de nuestra estimación propia y no se pueden atribuir a ninguna otra causa. Shantideva, en su Guía de las obras del Bodhisatva, dice que todos y cada uno de los sufrimientos que padecen los seres de este mundo son el resultado de su autoestima. Los infortunios que padecemos en esta vida, como el dolor de perder a un ser querido, la pobreza o las enfermedades, surgen también por el hecho de haber obtenido un renacimiento cíclico, el cual, a su vez, es el resultado de las acciones que cometimos en el pasado motivados por la mente de autoestima. Cuando alguien se dirige a nosotros de forma despectiva, nos sentimos heridos y nos entristecemos. ¿Por qué? Sólo porque pensamos que somos personas muy importantes. Si no fuera así, no nos sentiríamos heridos cuando nos critican, nos echan la culpa de algo o se ríen de nosotros. El poder de dañarnos que tienen las palabras ofensivas es sólo el que les da nuestra mente de autoestima. Debido a ella estos agravios nos destruyen y al recordarlos es como si pusiéramos el dedo en la llaga. De esta manera, encendemos nuestro odio y engendramos rencor hacia esa persona, todo ello a que pensamos que somos tan especiales. La mente de autoestima hace que nos enfademos cada vez que no conseguimos satisfacer nuestros deseos, obtener lo que deseamos o recibir lo que esperamos, pero cuando otra persona se encuentra en la misma situación que nosotros, no nos importa mucho. Incluso el fastidio que sentimos cuando un insecto o un ratoncillo entra en nuestra habitación surge de nuestra estimación propia. Las incomodidades que experimentamos cuando meditamos se deben también a esta mente. Si algo nos molesta, nos enfadamos y pensamos: “¡Estoy tratando de meditar!” Para nosotros es muy importante que nuestras sesiones de meditación transcurran satisfactoriamente y no toleramos que nadie nos interrumpa. La autoestima provoca la comisión de todo tipo de acciones impropias. Se dice también que es desconsiderada porque no tiene en cuenta a los demás, nos crea conflictos con ellos, hace que les mintamos, que robemos lo que les pertenece y que nos neguemos a guardarles respeto; y también se dice que es una desvergonzada porque no escucha lo que nuestra buena consciencia nos dicta, y nos hace actuar sin sentido. Shantideva dice en su Guía de las obras del Bodhisatva que, a pesar de que desde tiempo sin principio hemos estado buscando nuestro propio bienestar, lo único que hemos obtenido es sufrimiento. En esta vida y en las innumerables vidas pasadas hemos hecho todo lo posible para triunfar y ser felices, esfuerzos que ejercimos motivados por la mente egoísta de autoestima. Pero, a pesar de haber trabajado con ahínco durante eones, no hemos obtenido ningún fruto. No hemos progresado lo más mínimo. Lo único que hemos traído con nosotros de nuestras vidas pasadas ha sido sufrimiento. Debemos reconocer con certeza que tanto nuestros problemas e infortunios como nuestras faltas externas e internas surgen de nuestra mente egoísta. Con este reconocimiento tomamos la siguiente resolución: “Puesto que no deseo experimentar insatisfacción ni problemas, voy a eliminar mi mente de autoestima.” Cuando hayamos tomado esta decisión, nos concentramos en ella en meditación de emplazamiento. Debemos mantener esta determinación en todo momento. Cada vez que tengamos dificultades, nos servirá de ayuda pensar del siguiente modo: “ Este problema es el resultado de mi autoestima.” De esta forma, podemos aprovechar la oportunidad para reforzar nuestra determinación. Los beneficios de estimar a los demás En su texto de Lamrim, Gyalgua Ensapa dice que si estimamos a los demás, tendremos el deseo de beneficiarles, y con esta motivación efectuaremos acciones virtuosas y crearemos la causa para disfrutar de felicidad en el futuro. Shantideva dijo que toda la felicidad de este mundo proviene de mente que desea que los demás sean felices. El deseo de que los demás sean felices es lo que nos movió en el pasado a crear las causas para obtener una preciosa vida humana. Las condiciones favorables que tenemos provienen también de haber cultivado en el pasado la actitud de estimar al prójimo, porque esta motivación altruista es la que nos alentó a beneficiar a los demás practicando la generosidad, la paciencia y otras virtudes. Shantideva dice en su Guía de las obras del Bodhisatva:
Cuando sentimos aprecio por una determinada persona o cosa, lo hacemos porque reconocemos y consideramos sus buenas cualidades. Por lo tanto, si reconocemos y apreciamos las buenas cualidades, en especial la gran bondad, de los demás seres sintientes, de manera natural los estimaremos y desearemos corresponderles. Shantideva, en su Guía de las obras del Bodhisatva, dice que los seres sintientes y los Budas son igual de importantes desde el punto de vista de nuestro logro de la Budeidad. Por lo general, decimos que los Budas conducen a los seres hacia la iluminación, pero también lo hacen los demás seres, porque la única manera de desarrollar la causa de la iluminación –la mente de bodhichita- es tomando a todos los seres sintientes como el objeto de nuestra práctica. Puesto que los demás son tan beneficiosos para nosotros, debemos tratarles con gran afecto. Gueshe Langri Tangpa dijo en su texto Ocho versos del adiestramiento de la mente:
“[107] Puesto que el valiente Bodhisatva está familiarizado con la meditación de igualarse uno mismo con los demás, se deleita en aliviar su sufrimiento. Su inamovible fuerza interior proviene de su meditación de igualarse con los demás. El Bodhisatva los ayuda a liberarse de su sufrimiento según la capacidad de cada uno de ellos. Si gracias a su esfuerzo logran rescatar a un solo ser sintiente del océano del samsara, se alegrarán aunque hayan tenido que hacer un gran sacrificio. [108] El deseo supremo del Bodhisatva es ayudar a los demás. Para él lo tiene sentido buscar solo su propia liberación. [109] Cuando realiza acciones virtuosas para liberar a los demás, lo hace sin orgullo ni arrogancia, de manera incondicional y sin esperar nada a cambio. Por ejemplo, si practica la generosidad, dedica sus méritos por el beneficio de los demás, y lo mismo hace con cualquier otro adiestramiento de Dharma. El Bodhisatva carece de interés por sí mismo y realiza todas sus acciones por el beneficio de los demás. Su fuerza interior para realizar estas acciones de amor y compasión provienen de su meditación de igualarse con los demás. Si meditamos de manera correcta en igualarnos con los demás, podremos sustituir nuestra estimación propia por la actitud altruista de estimar a los demás. Entonces, generaremos la preciosa mente de bodhichita y alcanzaremos la iluminación con rapidez. Si contemplamos las numerosas ventajas de meditar en igualarnos con los demás, llegaremos a la siguiente conclusión: [110] Al igual que me protejo de lo que me resulta desagradable, por pequeño que sea, debo proteger también a los demás con afecto y compasión.” Cambiarse uno mismo por los demás Su explicación se da en tres partes:
Reconocimiento de la importancia de cambiarse uno mismo por los demás. Shantideva dijo que tenemos que transformar nuestra mente de autoestima en la actitud de estimar a los demás, porque si no lo hacemos no podremos alcanzar la iluminación, y es necesario que la alcancemos porque en el samsara no existe la felicidad duradera. En todos los casos, por no estimar a los demás nos perjudicamos a nosotros mismos. Si nos interesamos sólo por nuestro propio bienestar, podemos tener la seguridad de que acabaremos encontrando muchos problemas. Reflexionando de esta manera llegaremos a tomar la siguiente resolución: “Debo amar a los demás para así desarrollar las mentes de compasión y bodhichita y recibir todos sus beneficios.” Meditamos en esta determinación de manera convergente. Reconocimiento de que somos capaces de cambiarnos por los demás. “Es posible que tengamos dudas sobre la eficacia de estas prácticas altruistas y pensemos: “No soy capaz de identificarme con el cuerpo de los demás. ¿Cómo voy a pensar que los ojos de otra persona son los míos? ¿Cómo voy a considerar que el sufrimiento de los demás es tan importante como el mío? ¿Cómo puedo desear que los demás sean tan felices como yo?” No debemos culparnos por pensar de este modo, puesto que no hemos practicado el igualarnos con los demás. De momento, estamos tan habituados al aferramiento propio que todas nuestras experiencias están basadas en esta actitud. [112] No obstante, si nos acostumbramos a pensar de manera apropiada, podremos identificarnos con el cuerpo de los demás. En realidad, nuestro cuerpo pertenece a los demás. Nuestro cuerpo es como una casa de huéspedes, y nuestra mente, como el viajero que se hospeda en ella durante una temporada. Si el Señor de la Muerte nos visitara ahora, tendríamos que abandonar esta casa y marcharnos solos; pero si nuestro cuerpo realmente nos perteneciera, deberíamos poder llevárnoslo con nosotros al morir, cuando tengamos que dejar atrás este mundo. [113] Si nos familiarizamos con esta manera de pensar y recordamos las ventajas de estimar a los demás y las desventajas de la estimación propia, nos resultará fácil igualarnos con los demás y cambiar nuestro cuerpo por el suyo. Comprender las desventajas de la estimación propia es un poderoso método para impedir que surja el aferramiento propio. Si luego nos concentramos en las ventajas de estimar a los demás y nos preocupamos por ellos tanto como por nosotros mismos, nuestros problemas desaparecerán. Lo único que necesitamos para conseguirlo es una buena motivación y un esfuerzo continuo.” La manera de cambiarse uno mismo por los demás. Si conocemos las razones por las cuales debemos estimar a los demás y estamos seguros de poder hacerlo, tomaremos la firme resolución de cambiarnos por ellos y de esta forma nos resultará fácil realizar esta práctica. En cada situación debemos aprovechar la oportunidad de adiestrar nuestra mente en la práctica de cambiarse uno mismo por los demás. Cuando no estemos meditando, nos encontraremos con muchas personas y nos parecerá que a unas es fácil quererlas mientras que a otras es casi imposible. No podemos esperar tener un éxito instantáneo, pero como se mencionó con anterioridad, tenemos que adiestrarnos de manera gradual, comenzando por aquellos que estén más cerca de nosotros y extendiendo poco a poco el ámbito de nuestra estimación por los demás para ir abarcando cada vez a un mayor número de seres. Tenemos que perseverar con paciencia, puesto que completar este adiestramiento puede llevarnos muchos años. Durante la meditación, tomamos a todos los seres sintientes como nuestro objeto de meditación y generamos una mente de amor hacia todos ellos. Debemos hacer este ejercicio numerosas veces, sin esperar que nuestra actitud hacia los demás vaya a cambiar en unas cuantas sesiones. ¿Cuál es la señal de que hemos completado nuestro adiestramiento? Hasta ahora, nos hemos dado mucha importancia a nosotros mismos y hemos descuidado a los demás mirándoles por encima del hombro. Cuando comprobemos que debido a la práctica de cambiarse uno mismo por los demás hemos invertido esta actitud de manera que, cuando veamos a otras personas sintamos amor hacia ellas de forma espontánea, ello indica que hemos alcanzado la realización de cambiarse uno mismo por los demás. Cuando hayamos logrado esta realización y veamos a alguien sufriendo, sentiremos que su dolor es tan insoportable como el nuestro, y cuando veamos a alguien que no es feliz, sentiremos amor deseando que disfrute de la felicidad imperecedera. “CÓMO CAMBIARSE UNO MISMO POR LOS DEMÁS Cuando hayamos comprendido que somos iguales que los demás, podremos adiestrarnos en cambiarnos por ellos. Esta práctica se expone a continuación. INTRODUCCIÓN A LA PRÁCTICA DE CAMBIARSE UNO MISMO POR LOS DEMÁS Después de reconocer que la estimación propia es la raíz del sufrimiento, debemos intentar eliminarla por todos los medios. Y cuando comprendamos que estimar a los demás tanto como a nosotros mismos es la fuente de toda felicidad, hemos de esforzarnos por cultivar esta actitud. ¿Cómo podemos estimar a los innumerables seres sintientes? Acostumbrándonos a ello. Por ejemplo, [114] nuestro cuerpo tiene varias partes y, debido a nuestra familiaridad con ellas, las estimamos por igual. Del mismo modo, si nos habituamos a estimar a todos los seres, los consideraremos parte de nosotros mismos. CÓMO FAMILIARIZARNOS CON LA ACTITUD DE ESTIMAR A LOS DEMÁS [115] Como ya se ha mencionado, designamos nuestro yo sobre un cuerpo que carece de existencia inherente solo porque estamos habituados a hacerlo. De igual manera, podemos designar este mismo yo sobre la base de los cuerpos de los demás si nos acostumbramos a ello. [116] De este modo, evitaremos el orgullo y la arrogancia aunque trabajemos por el beneficio de los demás. El Bodhisatva se identifica tanto con los demás que los beneficia sin intenciones ocultas. Cuando alimentamos nuestro cuerpo, no esperamos nada a cambio, puesto que pensamos que es natural cuidar de aquello que consideramos nuestro. De igual manera, el Bodhisatva beneficia a los demás sin esperar retribución alguna, pensando que es lo más apropiado. A medida que nos vayamos adiestrando en el modo de vida del Bodhisatva, haremos por los demás lo mismo que haríamos por nosotros mismos. [117] Al igual que evitamos la más pequeña incomodidad o pérdida de reputación, debemos cultivar una mente afectuosa y compasiva, y esforzarnos por proteger a los demás de su sufrimiento, por pequeño que sea. Los grandes Bodhisatvas han hecho siempre todo lo posible para beneficiar a los demás y protegerlos del sufrimiento. [118] El Bodhisatva Superior Avalokiteshvara, motivado por su gran compasión, bendijo su nombre para que todos los seres puedan disipar sus temores con solo pronunciarlo. Con esta intención, dijo: “Si aquellos que están atemorizados recitan mi nombre tres veces, dejarán de tener miedo”. Tanto si la causa de nuestros temores es grave como si es leve, ya sea que tengamos que hablar en público o nos encontremos en medio de una revuelta, esta bendición compasiva será tan eficaz como lo ha sido en el pasado. Este es solo un ejemplo de la manera en que los Bodhisatvas elevados estiman a los demás y desean protegerlos. [119] Aunque es cierto que al principio de nuestro adiestramiento espiritual nos puede resultar difícil estimar a los demás, no debemos desanimarnos y abandonar nuestra práctica por esta razón. Si nos adiestramos en ella con perseverancia, sin lugar a dudas generaremos esta mente tan especial. Consideremos el siguiente ejemplo. Es posible que una persona que haya sido nuestro enemigo durante mucho tiempo se convierte en nuestro mejor amigo. ¿Cuál es la causa de este cambio tan radical? Este cambio se produce como resultado de familiarizarnos con la actitud de estimar a esa persona. Si es posible estimar a nuestro enemigo, no hay duda de que podemos aprender a cambiarnos por los demás. [120] Si de verdad deseamos liberarnos del océano del samsara y proteger a los demás del sufrimiento, debemos practicar el misterio más sagrado: cambiarse uno mismo por los demás. Esta enseñanza y las de la vacuidad no son apropiadas para cualquier persona. Aquellos que no tienen experiencia de Dharma pueden malinterpretar su significado. Por esta razón, Shantideva llamó a la práctica de cambiarse uno mismo por los demás el misterio sagrado. Muchos otros grandes maestros del pasado pensaban de igual modo. Atisha mantuvo estas enseñanzas en secreto y solo las impartió a unos cuantos discípulos afortunados. Sin embargo, el Gueshe Chekhaua las impartió más tarde en público y compuso un famoso texto sobre el adiestramiento de la mente donde se expone este misterio sagrado. El mejor método para cambiarse uno mismo por los demás es reflexionar una y otra vez sobre las desventajas de la estimación propia y las ventajas de estimar a los demás. Como ya se ha mencionado, la cauda de nuestro sufrimiento es la estimación propia, mientras que nuestra felicidad proviene de estimar a los demás. Tomemos esta preciosa existencia humana como ejemplo. El gran maestro indio Chandrakirti dice en su Guía del camino medio (sáns. Madhyamakavatara) que la causa principal de renacer como un ser humano o un dios es practicar la disciplina moral. ¿Cómo practicamos la moralidad en nuestras vidas pasadas para poder disfrutar ahora de esta preciosa existencia humana? Debido a que respetamos la vida de los demás, nos abstuvimos de matar, y puesto que valoramos sus posesiones, nos abstuvimos de robar; puesto que estimamos a otros hombres y a sus mujeres, evitamos mantener relaciones sexuales incorrectas. Gracias a que no deseamos engañar a los demás, perturbarlos o hacerles perder el tiempo, nos abstuvimos de cometer las cuatro acciones verbales perjudiciales: mentir, causar desunión con la palabra, pronunciar palabras ofensivas y chismorrear. Además, puesto que los apreciamos y nos consideramos inferiores a ellos, abandonamos nuestra codicia y malicia. Por último, debido a que aceptamos las instrucciones que recibimos de otras personas, confiamos con sinceridad en las enseñanzas de Dharma y rechazamos las creencias erróneas. Por lo tanto, es evidente que todas las acciones virtuosas, ya sean físicas, verbales o mentales –la práctica completa de la moralidad básica- dependen de estimar a los demás. Como resultado de haber realizado estas acciones virtuosas, hemos obtenido esta preciosa existencia humana. Además, las cualidades especiales que caracterizan esta existencia dependen también de estimar a los demás. La belleza es el resultado de practicar la paciencia y abandonar el deseo de venganza; la longevidad lo es de proteger la vida de los demás y abstenernos de matar; la buena reputación, de haber estimado a los demás; y la buena salud, de haber cuidado enfermos. Así pues, podemos comprobar que toda la felicidad proviene de estimar a los demás. CÓMO ABANDONAR LA ESTIMACIÓN PROPIA Todos los sufrimientos del samsara, desde el más grave hasta el más leve, tienen su origen en la estimación propia. Debido al apego que tenemos a nuestro cuerpo, deseamos protegerlo del hambre y la sed, del frío y el calor, y de las enfermedades. Cuando es el cuerpo de otra persona el que sufre, no deseamos aliviar su dolor con tanta rapidez, pero si se trata del nuestro, actuamos de inmediato. Si no estimásemos tanto a nuestro cuerpo, no le tendríamos apego y seríamos capaces incluso de ofrecerlo a los demás. Entonces no habría motivos para tener problemas. Si alguien nos perjudicase, no nos importaría porque careceríamos de apego a nuestro cuerpo. Por lo tanto, al comprender que la estimación propia es la causa de todos nuestros temores y problemas, debemos considerarla nuestro peor enemigo. [125] Desde los más poderosos monarcas hasta el más pequeño de los insectos, todos los seres tienen miedo debido a su mente egoísta. Si estamos preocupados porque hemos recibido una predicción desfavorable, debemos recordar que no hay peor augurio que el egoísmo. Los gueshes kadampas llamaban al egoísmo el demonio con cabeza de búho. El miedo, la ansiedad, la insatisfacción y el sufrimiento seguirán surgiendo sin cesar mientras no eliminemos por completo el egoísmo. La mente que piensa de forma altruista es la que estima a los demás y nos conduce por el camino gozoso de las deidades. Las deidades son seres elevados que conceden bendiciones y poderes espirituales. Si confiamos en la deidad de estimar a los demás, no tendremos necesidad de venerar a ningún dios, puesto que colmará todos nuestros deseos tanto en esta vida como en las futuras. En resumen:
La estimación propia proviene del aferramiento propio, lo cual se expondrá en el capítulo noveno (Sabiduría). Primero nos aferramos a un yo con existencia propia e independiente. Luego nos aferramos a “mi cuerpo”, “mi mujer”, “mi marido”, etcétera, y generamos un intenso apego a los familiares y amigos, y a los objetos que consideramos nuestros. Shantideva dice que [130] solo tenemos que comparar a los seres pueriles con los Budas. Los primeros trabajan por su propio beneficio y renacen una y otra vez en los reinos del samsara, donde han de experimentar sufrimiento sin cesar, mientras que los últimos han conquistado al demonio del egoísmo y trabajan por el beneficio de los demás. Si comparamos el sufrimiento y la insatisfacción que han de experimentar los seres pueriles con el gozo y la felicidad de que disfrutan los Budas, nos convenceremos de la superioridad de la mente que estima a los demás. [131] Aunque tengamos el deseo sincero de alcanzar la iluminación, si no nos adiestramos en cambiarnos por los demás, no lo conseguiremos. Si no nos esforzamos por alcanzar la Budeidad y no nos importa seguir atrapados en el samsara, nunca encontraremos la verdadera felicidad. [136] Por lo tanto, si deseamos con sinceridad resolver nuestros problemas y los de los demás, hemos de abandonar nuestra estimación propia y considerar a los demás tan importantes como nosotros. RESUMEN [137] Cuando nos hayamos cambiado por los demás de la manera descrita, hemos de pensar:
Debemos asegurarnos de que nuestra mente comprenda esta nueva situación, y recordar en todo momento que solo podemos trabajar por el beneficio de los demás. Esta actitud ha de estar presente en todas nuestras acciones, palabras y pensamientos. Por ejemplo, nuestros ojos deben de estar al servicio de los demás, por lo que no podemos contemplar objetos por interés propio ni mirar a otros de forma colérica o amenazante. [139] Considerando que los demás son más importantes que nosotros mismos, debemos robar a nuestro ego cualquier objeto que tenga, como nuestras prendas de vestir, los alimentos y posesiones, y ofrecerlo a los demás. Hemos de considerar que todos nuestros bienes son de los demás y actuar como el sirviente que utiliza las prendas de vestir, los alimentos y posesiones de su señor sin olvidar que, en realidad, no le pertenecen. Es muy importante que aquellos que deseen recorrer el camino mahayana, y en particular aquellos que hayan recibido los votos del Bodhisatva, reflexionen sobre esta actitud en todo momento y la adopten con sinceridad. CÓMO COMPLETAR LA PRÁCTICA DE CAMBIARSE UNO MISMO POR LOS DEMÁS POR MEDIO DEL PENSAMIENTO A continuación, Shantideva presenta un método radical, pero eficaz, para adiestrar la mente en cambiarse uno mismo por los demás. Por lo general, nuestra estimación propia nos impulsa a dividir a las personas en tres grupos: las que son inferiores a nosotros de alguna manera, las que son iguales a nosotros y consideramos nuestros rivales, y las que son mejores que nosotros. Tras haber realizado esta clasificación, mostramos arrogancia hacia las personas que pertenecen al primer grupo, deseamos competir con las del segundo y tenemos celos de las del tercero. Estos estados mentales nos causan sufrimiento tanto ahora como en el futuro y son mentes perturbadas. Shantideva nos enseña como hacer que estas mentes perturbadas se autodestruyan, con lo que aumentará el poder de nuestra bodhichita. A continuación, Shantideva nos muestra cómo el Bodhisatva, o el practicante que aspira a serlo, puede mejorar su bodhichita completando la práctica de cambiarse uno mismo por los demás presentada con anterioridad. Utilizando la imaginación, [140] el practicante debe ponerse en el lugar de aquellos que considera inferiores, iguales o superiores a él, y desde su punto de vista observar a su yo anterior y sentir celos, tener el deseo de competir con él o mostrar arrogancia, respectivamente. Esto ha de realizarse sin albergar dudas y sin permitir que surja la mente indecisa que piensa que no puede hacerlo. Con una intensa determinación y una firme convicción en su capacidad para realizar esta práctica, el Bodhisatva se cambia por los demás y genera celos, etcétera. No debemos preocuparnos de que estos pensamientos aumenten nuestras perturbaciones mentales, puesto que están dirigidos hacia uno mismo. En realidad, debido a que ayudan al practicante a identificarse con los demás y a estimarlos tanto como a sí mismo, estas actitudes aumentan el poder de su mente virtuosa. Es importante recordar que este no es un cambio físico. No vamos a convertirnos en otra persona, sino a transplantar nuestra estimación desde el lugar donde se encuentra ahora, es decir, nuestro yo, hasta un nuevo campo, los pensamientos, sentimientos y preocupaciones de los demás. Para mostrar con mayor claridad cómo hacerlo, Shantideva cambia los sujetos gramaticales en las estrofas siguientes y utiliza la palabra yo para referirse a la otra persona, y él para hacer alusión al practicante que realiza el cambio, es decir, nosotros mismos. MEDITACIÓN UTILIZANDO LOS CELOS QUE SENTIMOS HACIA UN SUPERIOR Para realizar la primera de estas tres meditaciones, hemos de ponernos en el lugar de alguien que consideremos inferior a nosotros por algún motivo, ya sea por su reputación, educación, riqueza, etcétera, e identificarnos con él tanto como podamos. Entonces, volvemos a observar a nuestro yo anterior, el supuesto Bodhisatva, y sentimos celos de él pensando lo siguiente.
De este modo, nos identificamos con esta persona “inferior” hasta que comprendamos que la única razón de que el Bodhisatva posea buenas cualidades es que se ha esforzado por practicar la virtud. Si los seres inferiores hicieran lo mismo, también disfrutarían de buena fortuna. Luego, para aliviar el desánimo que hayamos podido generar al identificarnos con una persona de posición inferior, pensamos lo siguiente.
Después de hacer esta reflexión, hemos de analizar si este Bodhisatva Superior, que en realidad es nuestro yo anterior, se merece un título tan elevado.
El objetivo de sentir celos en esta meditación es contrarrestar el orgullo que, por lo general, sentimos hacia las personas que consideramos inferiores a nosotros. Si nos identificamos con ellas y comparamos nuestra actitud egoísta con el voto del Bodhisatva de ayudar a los demás, nuestro orgullo desaparecerá. MEDITACIÓN UTILIZANDO EL DESEO DE COMPETIR CON UN IGUAL En esta meditación nos ponemos en el lugar de una persona que tenga la misma posición, cualidades o inteligencia que nosotros y nos identificamos con ella con tanta intensidad que la llamamos yo. Luego, volvemos a observar a nuestro yo anterior, el Bodhisatva, y sentimos un intenso deseo de competir con él, pensando lo siguiente:
Si meditamos de este modo en relación con nuestros rivales, aumentaremos nuestro esfuerzo y nos familiarizaremos con la práctica de cambiarnos por los demás. MEDITACIÓN UTILIZANDO LA ARROGANCIA QUE MOSTRAMOS HACIA UN INFERIOR Por último, debemos ponernos en el lugar de alguien que consideremos superior a nosotros y despreciar a nuestro yo anterior del siguiente modo:
Esta meditación contrarresta, en particular, la pereza del desánimo y nos motiva a trabajar con entusiasmo por el beneficio de los demás. RESULTADOS DE ESTA MEDITACIÓN ¿Qué objetivo tienen estas tres meditaciones? ¿Por qué tenemos que imaginar que nos ponemos en el lugar de otra persona y sentir celos, tener el deseo de competir con nosotros mismos y sentir arrogancia? El propósito de estas meditaciones es aumentar nuestra capacidad de cambiarnos por los demás y, por lo tanto, eliminar la estimación propia. Al realizar este cambio, surgirá con intensidad una mente de gran compasión, gracias a la cual podremos generar una bodhichita especial. En realidad, la bodhichita que se cultiva de esta forma es, por lo general, más poderosa que la que se genera con la meditación de las siete causas y efecto, que se describió en el capítulo primero. Si deseamos obtener beneficios, debemos estudiar estas meditaciones con detenimiento, familiarizarnos con los razonamientos que demuestran su validez, importancia y eficacia, y meditar en ellas con profundidad. Debemos eliminar todas las dudas y malentendidos que tengamos al respecto con la ayuda de un maestro cualificado que se haya adiestrado en estas técnicas. Sin embargo, lo más importante es practicar con la motivación de beneficiar a todos los seres y proporcionarles felicidad temporal y última. CÓMO COMPLETAR LA PRÁCTICA DE CAMBIARSE UNO MISMO POR LOS DEMÁS POR MEDIO DE ACCIONES [157] Si hubiésemos realizado en el pasado la práctica de cambiarnos por los demás, no padeceríamos ahora sufrimiento e insatisfacción, sino que estaríamos cerca del supremo y gozoso logro de la iluminación total. ¿Qué nos impide cambiarnos por los demás? Nuestra falta de familiaridad con esta práctica. Sin embargo, es posible cultivar esta familiaridad. Por ejemplo, de momento nos identificamos por completo con nuestro cuerpo y nos aferramos a él como si fuera nuestro yo. Pero, en realidad, este cuerpo no nos pertenece, puesto que, como se mencionó con anterioridad, no es más que un conjunto de partes que proceden de la unión de óvulo y el espermatozoide de nuestros padres. [158] Al igual que nos hemos habituado a identificar las células embrionarias de otras personas con nuestro yo, también podemos acostumbrarnos a estimar a los demás como a nosotros mismos. No hay ninguna razón para que no podamos alcanzar este logro aparte de nuestra propia pereza y falta de motivación. [159] Es importante que analicemos con detenimiento nuestra conducta para comprobar si en realidad estamos trabajando por el beneficio de los demás. Después, según nuestra capacidad, debemos utilizar nuestras posesiones y riquezas para servir a los demás sin permitir que nuestro egoísmo contamine nuestras intenciones. Debemos pensar lo siguiente:
Tras haber reflexionado de este modo, tomamos la siguiente determinación:
[162] Cuando alguien nos perjudique, en lugar de echarle la culpa, debemos transformar la situación y culparnos a nosotros mismos. Debemos incluso rezar para que el resultado kármico de esa mala acción madure en nosotros. Y cuando perjudiquemos lo más mínimo a los demás, debemos confesarlo sin reservas en su presencia. [163] Si alguien disfruta de buena reputación, hemos de difundirla, al mismo tiempo que ocultamos la nuestra. Debemos considerarnos en todo momento siervo de los demás y trabajar por su beneficio. [164] Hemos de reconocer nuestro s defectos, que son muchos, y evitar alabarnos a nosotros mismos. No debemos mencionar nuestras buenas cualidades, sino mantenerlas en secreto. [166] No debemos ser dominantes o engreídos ni actuar con aires de superioridad. En cambio, debemos comportarnos con moderación y cierta timidez. Hemos de abstenernos de cometer acciones perjudiciales, y si nuestra mente se rebela y no quiere mantener la disciplina moral, debemos dominarla con la retentiva y la vigilancia mental. [174] Cuantos más deseos egoístas tengamos, más sufriremos al no poder colmarlos. [175] Es imposible satisfacer todos los deseos de la mente egoísta. Aunque poseamos un universo lleno de riquezas, seguiremos insatisfechos. No es posible colmar todos nuestros deseos, puesto que nuestra ansia no tiene límites. Los deseos egoístas son como un pozo sin fondo.
[176] Cuando no podemos satisfacer nuestros deseos insaciables, surgen las perturbaciones mentales. Como resultado, se deteriora la virtud que hayamos acumulado y sentimos un intenso sufrimiento. En cambio, la persona que se contenta con lo que tiene, no experimenta el dolor de la insatisfacción, sino que disfruta de felicidad inagotable. De todas las clases de riqueza, el sentirse satisfecho es la suprema. [177] Es importante que abandonemos la estimación propia a nuestro cuerpo, dejemos de guiarnos por el apego y evitemos abrir la puerta de la insatisfacción. La persona que carezca de apego a los objetos externos descubrirá en su interior una mente de inconcebible belleza. Permanecer satisfecho es la riqueza suprema, y no aferrarse a lo que es atractivo, la mejor posesión. Cuando hayamos estudiado todos estos razonamientos y reflexionado con detenimiento, debemos tomar la siguiente resolución:
Aunque nuestro cuerpo es impuro y posee numerosos defectos, debemos considerarlo como la embarcación con la que podemos atravesar el océano del samsara y llegar a la isla de la iluminación. Así pues, es importante que lo cuidemos para poder trabajar por el beneficio de los demás. Lo que hemos de abandonar es la actitud egoísta con la que utilizamos nuestro cuerpo para buscar los placeres efímeros del samsara. [185] Por ello, no debemos pensar de manera pueril, sino seguir el camino de los sabios Bodhisatvas. Hemos de recordar las instrucciones sobre la recta conducta y abandonar los estados mentales que obstaculizan nuestro progreso, como el dormir demasiado, la somnolencia, la excitación y el hundimiento mentales. [186] Si no nos esforzamos día y noche, ¿cuándo alcanzaremos la iluminación? Debemos reflexionar de este modo y esforzarnos por alcanzar la permanencia apacible, la esencia de la concentración meditativa, y adiestrar nuestra mente en cambiarnos por los demás. En resumen, [187] para eliminar las obstrucciones a la liberación y a la iluminación total, debemos desviar nuestra mente de los caminos erróneos y mantenerla en todo momento en concentración convergente en un objeto apropiado de meditación.” Tomar y dar Es fácil conseguir cambiarse uno mismo por los demás durante un breve período de tiempo, como unos minutos, unas horas o incluso unos días, pero lo que buscamos es alcanzar una experiencia duradera, una realización estable. Una vez que hayamos logrado familiarizarnos con la práctica de cambiarse uno mismo por los demás, podemos comenzar a adiestrarnos en la práctica de tomar y dar a fin de profundizar y estabilizar nuestra experiencia. el propósito principal de este ejercicio es mejorar nuestras mentes de compasión y de amor. Gracias a él también podremos transformar las adversidades que encontremos en nuestro camino espiritual y acumular grandes y poderosos méritos. Comenzamos tomando las penas y los sufrimientos de los demás, y luego les damos felicidad y bienestar. Seguimos este orden porque es difícil que una persona pueda disfrutar de felicidad mientras está atormentada por el sufrimiento. Tomar Esta práctica está motivada por la compasión, el deseo de tomar sobre nosotros el sufrimiento, los miedos, las penas y las faltas de los demás. Podemos realizar este ejercicio de tomar de las dos maneras siguientes: tomando los sufrimientos de todos los seres de manera colectiva, o tomando los sufrimientos específicos de ciertos individuos o ciertos grupos de seres. El primer método consiste en imaginar que estamos rodeados de todos los seres sintientes que habitan en los seis reinos y en reflexionar acerca de sus sufrimientos. De este modo generamos la mente de compasión e imaginamos que absorbemos en nuestro corazón, donde se concentra nuestra mente de autoestima, los sufrimientos de todos los seres sintientes en el aspecto de humo negro, y que al disolverse en este lugar destruye nuestra autoestima. Cuando hayamos absorbido todo el humo negro de los sufrimientos de los demás sentimos como se destruye nuestra mente de autoestima y como todos los seres sintientes se han liberado de su sufrimiento. Sus cuerpos ahora son puros y sus mentes se han transformado en el gran gozo sin contaminar. Si lo deseamos, podemos realizar este ejercicio de tomar concentrándonos en una sola persona o en un determinado número de seres. Es posible que algunas personas malentiendan e objetivo de la práctica de tomar y piensen: “Yo ya tengo suficiente con mi propio sufrimiento, no puedo tomar el de nadie más.” El propósito de este adiestramiento no es acumular una carga intolerable de sufrimiento, sino aumentar nuestra compasión, estabilizar nuestra experiencia de cambiarnos por los demás y acumular méritos. No podemos decir que como resultado directo de haber realizado esta práctica todos los seres vayan a liberarse de su sufrimiento, pero si realizamos esta meditación nuestra compasión aumentará con toda seguridad. Puesto que la compasión es la causa de la iluminación, podemos tener la certeza de que con la práctica de tomar creamos la causa para alcanzar esta meta algún día, y por consiguiente para ser realmente capaces de ayudar a los demás seres a lograr la liberación de su sufrimiento. La práctica de tomar el sufrimiento de los demás nos capacita para transformar las adversidades en el camino espiritual porque, cuando las realizamos, nuestras propias adversidades parecen relativamente insignificantes. Somos capaces de sobrellevarlas porque nos hemos adiestrado en soportar el sufrimiento de todos los seres. Si pensamos de esta manera, nuestras propias dificultades no nos parecerán grandes problemas y aceptaremos todas las situaciones que se nos presenten. Dar Esta práctica se realiza con la motivación del amor desiderativo. De nuevo, visualizamos que estamos rodeados de todos los seres sintientes e imaginamos que nuestro cuerpo se transforma en una joya que colma todos los deseos y que irradia luz en todas las direcciones, la cual alcanza a todos y cada uno de los seres sintientes. Esta luz llega hasta los seres de los infiernos calientes en forma de agua refrescante, y hasta los seres de los infiernos fríos en forma de calor del sol; los espíritus ávidos la reciben como bebida y alimentos nutritivos; los seres humanos como los objetos que desean; y los dioses, como los objetos que deleitan sus cinco sentidos. De esta manera, imaginamos que beneficiamos a todos los seres de los seis reinos. Cuando alcancemos realizaciones elevadas, seremos capaces de emanar todo aquello que los demás deseen. La práctica de dar nutre nuestros potenciales para desarrollar dichos poderes y actúa como causa para que en el futuro seamos capaces de dar verdadera felicidad a los demás. Si realizamos esta meditación a diario, generaremos un sentimiento cálido y afectuoso hacia las personas con las que nos encontremos. Finalmente, desarrollaremos las mentes de amor, compasión y bodhichita de manera espontánea. Para ser un Bodhisatva no necesitamos otras cualidades. Al final de cada sesión de la práctica de tomar y dar, dedicamos los méritos creados para que todos los seres puedan liberarse de sus sufrimientos y dificultades, y para que encuentren la felicidad y la paz imperecederas. Durante el descanso de la meditación, debemos mantener el deseo de practicar el tomar y dar, e intentar aceptar las dificultades y ofrecer tanta felicidad a los demás como nos sea posible. Mientras efectuamos nuestras actividades diarias, puede servirnos de ayuda recitar unos versos que nos recuerden esta práctica, como la siguiente estrofa del texto de Gueshe Langri Tangpa titulado Ocho versos del adiestramiento de la mente:
O la siguiente estrofa extraída de la Ofrenda al Guía Espiritual:
Cuando realicemos la práctica de tomar, imaginamos que hemos purificado el mundo y las mentes de todos los seres sintientes. Cuando realicemos la de dar, imaginamos que hemos dotado al mundo y a todos los seres sintientes de las mejores cualidades. Aquellas personas que tengan cierta experiencia en esta práctica pueden efectuarla combinándola con la respiración. Con la motivación de amor y compasión, al aspirar suavemente imaginamos que tomamos sobre nosotros los sufrimientos y las obstrucciones de los demás, y al exhalar el aire con suavidad pensamos que ofrecemos nuestra felicidad y nuestras acciones virtuosas a todos los seres. La persona que se adiestra de esta manera no desperdicia ni un solo respiro. Es una práctica muy poderosa porque la mente y la respiración están íntimamente relacionadas. Cuando hayamos practicado las dos maneras de generar la mente de bodhichita, por medio de las meditaciones en las siete causas y efecto y en las de cambiarse uno mismo por los demás, podemos combinar estas dos prácticas en un ciclo de once meditaciones:
|







