El apego En un nivel muy profundo, sufrimiento es el apego desmedido que hemos desarrollado hacia este cuerpo y esta mente con sus cogniciones, percepciones, sensaciones y reacciones. La gente se aferra desesperadamente a su identidad, a su ser físico y mental, sin tener en cuenta que no es sino un proceso cambiante. Este aferramiento a una idea irreal de uno mismo, a algo que está cambiando constantemente produce sufrimiento. Hay varios tipos de apego: El apego al hábito de buscar gratificación sensual. En un primer nivel el adicto se droga porque desea experimentar la sensación agradable que la droga le produce. En un segundo nivel, somos adictos a la condición de desear. Tan pronto satisfacemos un deseo generamos otro. El objeto de deseo es secundario, el hecho es que tratamos de mantenernos en un estado de constante deseo porque nos produce una sensación agradable que queremos prolongar. Desear se convierte en un hábito que no podemos romper, en una adicción, y en tanto sigamos deseando no podremos ser felices. Otro gran apego es el “yo”, el ego, la imagen que tenemos de nosotros mismos. Pero nadie está solo en el mundo, cada “yo” está destinado a entrar en conflicto con otro “yo”. El modelo que cada cual intenta crear se ve perturbado por los campos magnéticos de los otros, e incluso nosotros mismos llegamos a convertirnos en objetos de atracción o repulsión. El resultado no puede ser otro que infelicidad. Otro gran apego surge cuando no limitamos el apego al “yo”, sino que lo ampliamos a lo “mío”, a lo que nos pertenece. Todo el mundo desarrolla un gran apego a sus posesiones, porque las asocia consigo mismo, porque sustentan la imagen de su “yo”. Este apego no nos causaría problemas si lo que llamamos “mío” fuese eterno y el “yo” durase eternamente para disfrutarlo. Pero lo cierto es que, tarde o temprano, el “yo” se separa de lo “mío”; ese momento no tiene más remedio que llegar y, cuando llegue, el sufrimiento será tanto más grande cuanto mayor sea el apego al “mío”. Pero el apego va todavía más lejos, se extiende a las opiniones y creencias. No importa cuál sea su contenido, no importa si son correctas o erróneas, si estamos apegados a ellas, con toda certeza nos harán infelices. Todos estamos convencidos de que nuestro criterio y creencias son verdaderas y nos sentimos trastornados cuando oímos que las critican. Nos trastornamos de nuevo si intentamos explicarlos y no nos lo aceptan, pues no acertamos a reconocer que cada persona tiene sus propias creencias y que eso está bien. Es de todo punto trivial discutir sobre qué opinión es la correcta, el verdadero reto está en desapegarse de nuestro punto de vista y entender a cabalidad y aceptar la co-emergencia y co-existencia de opiniones contrarias a las nuestras. Todos nuestros sufrimientos, sean cuales sean, van asociados a uno u otro de estos apegos. Apego y sufrimiento van indisolublemente unidos. ¿Cómo surge el apego? Se desarrolla de la reacción mental momentánea de agrado o desagrado. Las breves e inconscientes reacciones de la mente se repiten e intensifican a cada momento hasta convertirse en fuertes atracciones y repulsiones, en todos nuestros apegos. El apego no es más que la forma desarrollada de la reacción efímera, ésta es la causa inmediata del sufrimiento.
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