La conducta moral
Cualquier acción que perjudique a otros, que perturbe su paz y su armonía, es una acción perjudicial; cualquier que ayude a otros, que contribuya a su paz y a su armonía, es una acción virtuosa, una acción provechosa. Su naturaleza está determinada por las consecuencias que engendra y por la motivación que la provoca. Los actos que realizamos mediante la palabra y mediante el cuerpo dependen de la mente. Por eso dice “Subyuga tu mente”. Sólo es una mala acción por completo si hay intención de perjudicar a un ser determinado y si se consigue el mal buscado. Por otro lado, es igualmente peligroso ser tan descuidado con los actos si no hacemos mas que dañar a otros y luego nos excusamos pretextando la no intención de causar un mal. En tibetano se llama Sila a la práctica de la ética moral, la abstención de todas las acciones perjudiciales de cuerpo y palabra. Todo camino espiritual debe comenzar por practicar sila, la buena conducta moral, pues si no se da este primer paso no se puede avanzar. Debemos abstenernos de toda conducta, de palabra y obra, que dañe a otras personas. Debemos abstenernos de tales acciones no sólo porque dañen a otros, sino también porque nos dañan a nosotros mismos. Pero hay otra razón. Si queremos examinarnos y penetrar en lo más profundo de nuestra realidad, es imprescindible que la mente esté bien calmada y tranquila. Es imposible ver el fondo de un estanque cuando el agua está revuelta. Del mismo modo, la introspección requiere que la mente esté en calma, libre de agitación.
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