La muerte en el mundo moderno Una de las mayores sorpresas con las que se encuentra un maestro budista al llegar a Occidente es el contraste entre las actitudes hacia la muerte. Desde pequeños se nos enseña a negar la muerte. Se nos enseña que no significa otra cosa que una terrible pérdida. Esto nos lleva a vivir día tras día, o bien negando la muerte o aterrorizados por ella. Muchos hasta llegan a pensar que hablar sobre la muerte es algo morboso, e innecesario. Otra actitud bastante habitual es la de contemplarla con buen humor, de una manera ingenua e irreflexiva, pensando que, por alguna causa desconocida, la muerte les irá bien y que no hay de qué preocuparse. Total, morirse es algo que le pasa a todo el mundo; no es nada grave, es un hecho natural. Esa es una teoría muy bonita hasta que llega el momento de la muerte. Estas dos actitudes hacia la muerte, una que la considera algo de lo cual hay que escabullirse y la otra que la considera como algo que se resolverá por sí solo, ambas están lejos de comprender la verdadera importancia de la reflexión sobre la muerte. La muerte no es deprimente ni emocionante, es sencillamente un hecho de la vida. Según la sabiduría de Buda, podemos utilizar nuestra vida para prepararnos para la muerte. No tenemos que esperar a que la dolorosa muerte de un ser querido nos obligue a examinar nuestra vida. Tampoco estamos condenados a ir a la muerte con las manos vacías, al encuentro de lo desconocido. Podemos empezar aquí y ahora a encontrarle un sentido a nuestra vida. Nuestra exploración empieza necesariamente con una reflexión directa sobre el significado de la muerte y las múltiples facetas de la verdad de la impermanencia. La contemplación profunda del mensaje secreto de la impermanencia nos lleva directamente al corazón de las antiguas y profundas enseñanzas tibetanas: la introducción a la “naturaleza esencial de la mente”, nuestra esencia íntima, esa verdad que todos buscamos. Comprenderla es la clave para comprender la vida y la muerte; porque lo que ocurre en el momento de morir es que la mente ordinaria y sus conceptos ilusorios mueren, y en ese espacio que se abre se revela, ilimitada como el cielo, la naturaleza de nuestra mente. Esta naturaleza esencial de la mente es el telón de fondo de toda la vida y la muerte, como el cielo, que abarca a todo el universo en su abrazo. Las enseñanzas dejan claro que, si todo lo que conocemos de la mente es ese aspecto de ella que se disuelve al morir, quedaremos sin tener ninguna idea de lo que sigue, ningún conocimiento de esa nueva dimensión de la realidad más profunda de la naturaleza de la mente. Así pues, es esencial que nos familiaricemos con la naturaleza de la mente cuando aún estamos vivos. Sólo entonces estaremos preparados cuando se revele espontánea y poderosamente en el instante de la muerte. La descripción de la naturaleza de la mente conduce naturalmente a una instrucción completa sobre la meditación, ya que la meditación es el único medio por el que podemos desvelar repetidamente y poco a poco comprender y estabilizar esa naturaleza de la mente.
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