La Perfección de la Paciencia
Shantideva comienza su exposición sobre la paciencia con las siguientes palabras:
El enfado destruye nuestros méritos. El buen karma acumulado es destruido en nuestro enfado, por lo que esta perturbación mental es muy perjudicial para el camino espiritual. El antídoto contra el enfado es la paciencia, y si estamos realmente interesados en avanzar por el camino del crecimiento espiritual, no hay mejor práctica que la de esta virtud. Las faltas del enfado Cuando el enojo nos domina, perdemos la paz mental, la armonía y la sonrisa. Nos cuesta dormir y aunque lo consigamos no podemos descansar. Cuando nos enfadamos, aumenta nuestro malestar y, por mucho que lo intentamos, no podemos controlar nuestras emociones. Perdemos el sentido común y nos negamos a ser razonables. Deseamos vengarnos de aquellos que nos han perjudicado y perdemos la libertad de elección. Víctimas de nuestra propia hostilidad perdemos nuestras amistades. Percibimos nuestro entorno como hostil. El que tiene tendencia a enfadarse vive en un mundo dominado por la paranoia y siente que todos son sus enemigos. Es importante reconocer la verdadera causa de nuestra infelicidad.
Por ejemplo, el Bodhisatva, cuya única motivación es beneficiar a los demás, no tiene enemigos. Gracias a su práctica de la paciencia, nunca tiene problemas y es capaz de sonreír a sus adversarios e incluso tratarlos con respeto. Por lo tanto, la mejor manera de liberarnos de nuestros enemigos es eliminando el enfado de nuestra mente. Al igual que las demás perfecciones, la práctica de la paciencia es sobre todo un adiestramiento mental. Por lo tanto, a continuación se describen diferentes técnicas de meditación que nos ayudarán a eliminar la perturbación mental del enfado y a cultivar en su lugar la virtud de la paciencia. Enfocándonos correctamente Para adiestrarnos en la práctica de la paciencia y de esta manera eliminar el enfado debemos seguir dos pasos correctos. Primero debemos observar atentamente las faltas del enfado y los problemas que nos ocasiona, y considerar que nuestro verdadero enemigo no es algo externo, sino esta perturbación mental. Este entendimiento es imprescindible para dirigir nuestros esfuerzos en la dirección correcta. Luego debemos comprender profundamente por qué nos enfadamos y en esforzarnos por eliminar las causas de nuestro enojo. Al comprender que la única función del enojo es perjudicarnos, desearemos adiestrarnos en la práctica de la paciencia y vencer a este enemigo. Las causas del enfado La causa raíz del enfado y de las demás perturbaciones mentales es nuestro aferramiento propio innato: la creencia ignorante que considera al yo y los demás fenómenos como si existieran de manera inherente. Si eliminamos esta ignorancia, no habrá motivo para sentirnos insatisfechos. El aferramiento propio está muy arraigado en nuestra mente, y para alcanzar una realización capaz de eliminarlo, debemos adiestrarnos con esfuerzo por mucho tiempo. No obstante, como hay otras causas más inmediatas de nuestro enfado, y podemos eliminarlas ahora, es importante que nos esforcemos para eliminarlas desde el comienzo de nuestra práctica. El enfado surge como resultado de nuestro malestar al enfrentarnos con circunstancias adversas. Si no podemos satisfacer nuestros deseos o nos encontramos en una situación desagradable, enseguida nos deprimimos. Entonces, ese malestar se convierte en enfado y nos sentimos cada vez peor. Por lo tanto, además del aferramiento propio, los deseos insatisfechos son la causa principal de que nos enfademos.
Nos ayuda en algo enfadarnos? Si hay un remedio para la desgracia, Como ya se ha mencionado, la causa de nuestra infelicidad son los deseos insatisfechos. [10] Si es posible satisfacer nuestros deseos, no hay razón para enfadarnos, y si es imposible, tampoco nos sirve de nada hacerlo. ¿Qué beneficio logramos con ser desdichados?
LA PACIENCIA DE ACEPTAR VOLUNTARIAMENTE EL SUFRIMIENTO
Nuestro sufrimiento es el resultado de las acciones que hemos cometido en el pasado y somos nosotros quienes debemos experimentarlo. Por lo tanto, no debemos rechazar lo inevitable, sino aprender a aceptarlo.
Si aprendemos a aceptar las dificultades, dejaremos de ser desdichados. Aunque es posible evitar los obstáculos en la vida diaria, si somos impacientes con nuestro sufrimiento, solo conseguiremos aumentarlo. Por ejemplo, si padecemos una enfermedad y la aceptamos, pensando que es una manera de consumir nuestro karma negativo, nos sentiremos mejor. En cambio, si nos negamos a aceptar el dolor y nos deprimimos, no solo aumentará nuestro malestar físico, sino que además viviremos atormentados. El enfado empeora nuestra situación y siembra las semillas para experimentar más sufrimiento en el futuro. Sin lugar a dudas, es el ladrón que nos roba la riqueza de nuestras vidas. Los beneficios de meditar en la paciencia de aceptar voluntariamente el sufrimiento son innumerables. Además de ayudarnos a conservar la calma en circunstancias adversas, comprenderemos con claridad y desapego lo insatisfactoria que es la existencia en el samsara. [14] Puesto que nuestros pensamientos surgen debido al poder de la familiaridad, si practicamos a menudo la paciencia de aceptar voluntariamente el sufrimiento, adquiriremos destreza en ello. Por lo tanto, si aprendemos a tener paciencia con pequeñas molestias, como el frío, el calor, las ofensas o las críticas, poco a poco podremos soportar sufrimientos mayores. Finalmente, aprenderemos a soportar sufrimientos que ahora nos parecen insoportables.
[21] Desde el punto de vista del Dharma, el sufrimiento no tiene por qué ser una experiencia desafortunada. En realidad, tiene buenas cualidades. Nos ayuda a generar la mente de renuncia y a eliminar nuestro orgullo y arrogancia. Si queremos aprovechar nuestras experiencias de sufrimiento, debemos utilizarlas para cultivar la mente de renuncia. Además, si aprendemos a tener paciencia con nuestro sufrimiento y meditamos en el de los demás, sentiremos compasión por todos los desdichados seres que siguen atrapados en el samsara. La renuncia y la compasión son las dos realizaciones de Dharma más importantes del camino a la iluminación, y nuestro sufrimiento nos ayuda a cultivarlas.
LA PACIENCIA DE RECORDAR LAS ENSEÑANZAS DE RELACION DEPENDIENTE
[22] Cuando una persona padece una enfermedad, experimenta sufrimiento como consecuencia de esta enfermedad. De igual manera, si alguien nos pega con un palo en la cabeza, el causante de nuestro dolor es el agresor. Si en ambos casos experimentamos dolor, ¿por qué toleramos la enfermedad y, en cambio, nos enfadamos con quien nos perjudica? Puede que pensemos que la enfermedad por sí misma no tiene la intención de hacernos daño, pues la enfermedad y el sufrimiento que produce dependen de causas y condiciones. Sin embargo, siguiendo el mismo razonamiento, tampoco deberíamos enfadarnos con una persona que nos perjudique ya que está dominada por sus engaños y tampoco tiene elección. Si tenemos que enfadarnos con algo, debemos hacerlo con nuestras perturbaciones mentales. [23] Al igual que padecemos enfermedades aunque no lo deseemos, la perturbación mental del enfado surge en nuestra mente sin que podamos evitarlo. Debemos comprender que cuando nuestro enemigo desea hacernos daño, carece de libertad, pues está bajo la influencia del odio. [24] Siente odio y no puede controlarlo. El enfado surge sin previo aviso. [26] Por lo tanto, la persona que se enfada, el odio mismo y todos los demás fenómenos carecen de voluntad propia y dependen solo de causas y condiciones. Si nos adiestramos en reconocer la naturaleza dependiente de todos los fenómenos, reduciremos en gran medida las causas de nuestro enfado. [27-30] Todos los objetos de conocimiento, incluso nuestros estados mentales, son fenómenos de relación dependiente, es decir, su existencia depende de causas y condiciones, y carecen de una naturaleza propia, independiente y autoexistente. Es imposible la existencia de un fenómeno permanente. ¿Cómo es posible que un fenómeno permanente produzca un efecto?, ¿cómo puede un fenómeno permanente encontrarse con condiciones? Y en el caso de que lo hiciera, ¿cómo podría cambiar si un objeto es permanente precisamente porque nunca cambia?. ¿Es posible que un objeto sea producido a partir de un fenómeno permanente? Es evidente que no. [31] Todos los efectos se producen a partir de causas, y estas lo hacen, a su vez, a partir de otras causas anteriores. Tanto las causas como los efectos dependen también de ciertas condiciones, y por lo tanto, carecen por completo de existencia inherente e independiente. Aunque todos los objetos parecen existir por sí mismos o por su propio lado, en realidad son como apariencias. Si recordamos esto cuando tengamos dificultades, nuestro enfado y demás engaños desaparecerán. Mantener este reconocimiento cuando nos encontramos en situaciones que nos causen enfado forma parte de la práctica de la paciencia de recordar las enseñanzas.
“Reconoce siempre la característica onírica de la vida y reduce el apego y la aversión. Practica la benevolencia hacia todos los seres. Sé amoroso y compasivo, te hagan lo que te hagan los demás. Lo que puedan hacerte no te importará tanto cuando lo veas como un sueño. Lo ideal es en tener una intención positiva durante el sueño. Esto es lo esencial. Esto es la verdadera espiritualidad.”
[32] Es posible que nos preguntemos que si todos los fenómenos son apariencias ilusorias, ¿por qué debemos eliminar el enfado? Aunque los fenómenos carecen de existencia inherente, y precisamente debido a ello, según la ley de causa y efecto, las acciones perjudiciales producen sufrimiento, y las virtuosas, felicidad.
En resumen, [33] cuando una persona nos perjudica, debemos pensar:
Si pensamos de ese modo evitaremos enfadarnos y mantendremos la serenidad en todo momento.
“Si pudiéramos optar entre la felicidad y el sufrimiento, nadie elegiría el sufrimiento y éste habría desaparecido de la tierra. Pero como todo es interdependiente y fruto inevitable de ciertas causas, existen ambos, felicidad y sufrimiento. La gente sufre contra su voluntad. Y además de no escapar del sufrimiento, nos precipitamos a su encuentro.”
LA PACIENCIA DE NO CAER EN EL ENFADO
¿Cómo podemos combatir nuestro impulso a enfadarnos cuando alguien nos perjudica? Para vencer esta dificultad, debemos combinar la práctica de la paciencia con un método para generar compasión. Por ejemplo, si una persona nos perjudica, además de reconocer que lo hace porque está dominada por sus engaños, debemos pensar que también se está haciendo daño a sí misma. Si nos adiestramos de este modo, sentiremos compasión por ella de manera espontánea, y nuestro enfado desaparecerá.
Si los engaños pueden obligar a los seres a cometer acciones tan desesperadas como el suicidio, no debe sorprendernos que en ocasiones perjudiquen a otros. Puesto que el enfado puede esclavizar por completo a una persona, no tiene sentido enfadarnos con ella. Si no podemos sentir compasión por un ser tan desafortunado, al menos debemos evitar enfadarnos. [38] Para practicar la paciencia de no caer en el enfado, debemos adiestrar nuestra mente o, de lo contrario, no podremos mantener la calma cuando alguien nos perjudique. En cambio, si nos preparamos bien, no nos enfadaremos aunque nos provoquen. [39] Cuando una persona nos perjudica, debemos analizar si es malvada por naturaleza o si su actitud es solo temporal. Si nos perjudica llevada por su naturaleza, no lo puede evitar. No tendría sentido enfadarnos con ella, al igual que no lo hacemos con el fuego cuando nos quemamos, porque sabemos que su naturaleza es quemar.
Esclavos de sus emociones negativas, algunos perjudican a los que les rodean y se destruyen a sí mismos. ¿Por qué montar en cólera? Más bien merecen nuestra compasión.”
No debemos olvidar que estamos hablando de controlar nuestra mente en situaciones difíciles. Esto no significa que para practicar la paciencia debamos permanecer pasivos cuando una persona nos ataca. Si podemos impedir que lo haga y se perjudique tanto a sí misma como a nosotros, sin lugar a dudas debemos hacerlo, pero si ya ha emprendido su acción, debemos intentar no enfadarnos.
Supera las tres dificultades
Somos los responsables de nuestras circunstancias Otro poderoso método para abandonar el enfado es reconocer que nuestros problemas son el resultado de las acciones personales y colectivas que hemos cometido en el pasado. [42] Si, por ejemplo, alguien nos ofende, podemos recordar las enseñanzas sobre las acciones y sus efectos y pensar:
Debemos utilizar el mismo razonamiento cuando estemos enfermos o tengamos problemas. Cuando comprendamos bien la ley de causa y efecto, que dice que las acciones virtuosas dan como resultado felicidad, y las perjudiciales, sufrimiento, mantendremos la calma incluso en las circunstancias más adversas. Además, aceptaremos nuestro sufrimiento como una manera de pagar las deudas contraídas al cometer malas acciones. Es mejor pensar de este modo que enfadarnos, puesto que si lo hacemos, crearemos la causa para seguir sufriendo en el futuro. Quién se perjudica y quién se beneficia [47] A continuación, Shantideva analiza con detenimiento quién se perjudica y quién se beneficia cuando alguien nos hace daño. Cuando una persona se enfada con nosotros y nos ataca, nos convertimos en el objeto de su enfado. El daño que recibimos es el resultado de nuestro propio karma, es decir, de las acciones que hemos cometido en el pasado, y por lo tanto debemos practicar la paciencia de aceptar el sufrimiento. Al considerar a la persona que nos perjudica como un objeto de paciencia, se convertirá en causa de nuestra felicidad. Si dejamos de tener una mente estrecha y analizamos la situación, comprenderemos que sus ofensas son, en realidad, fuente de numerosos beneficios. Puesto que somos el objeto del enfado de nuestro atacante, este sembrará las semillas de sufrimientos futuros en su vida. Por lo tanto, en realidad somos nosotros quienes lo perjudicamos, y él quien nos beneficia. Teniéndolo en cuenta, ¿cómo podemos enfadarnos con él? [48] Al perjudicarnos nos ofrece la oportunidad de practicar la paciencia y purificar nuestras acciones perjudiciales y acumular méritos. [49] No sería correcto enfadarnos con un benefactor a quien le espera un futuro tan desafortunado. El ser que nos invita a cultivar la paciencia y a acumular virtudes, es un tesoro de valor incalculable. Sin él, ¿cómo podríamos cultivar la paciencia? [54] Los malos pensamientos de los demás no pueden perjudicarnos ni en esta vida ni en las futuras. Por lo tanto, no tenemos por qué enfadarnos ante las críticas e insultos. [63] Las críticas son el resultado de concepciones erróneas y, por lo tanto, no hay razón para enfadarnos por ellas.
[65] Incluso si alguien perjudica a nuestros seres queridos, no debemos enfadarnos, sino comprender que es el resultado de sus acciones pasadas. Si podemos evitar que los perjudiquen, por supuesto que debemos hacerlo, pero sin enfadarnos. Practicar la paciencia no significa permitir que los demás cometan acciones indebidas y no intervenir para impedirlo, sino proteger nuestra mente de la perturbación mental del enfado. Debido al apego que les tenemos a nuestros seres queridos, a menudo nos enfadamos con aquellos que los perjudican e incluso nos vengamos de ellos. [71] Cuando alguien perjudica a nuestros seres queridos, la hierba seca de nuestro apego nos hace sentir dolor y alimenta el fuego de nuestro enfado, consumiendo así los méritos que hayamos acumulado. Para evitar que esto ocurra, hemos de abandonar cualquier objeto de apego.
[122] Si somos practicantes de Dharma, no tiene sentido confiar en Buda y al mismo tiempo perjudicar a los seres sintientes. Sería los mismo que ser bondadosos con una madre, pero hacer daño a sus hijos. Al igual que una madre no puede alegrarse cuando perjudicamos a sus hijos, los Budas tampoco pueden hacerlo cuando tenemos malas intenciones contra los demás.
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