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La Perfección de la Paciencia
Capitulo VI del libro Tesoro de Contemplación, de Gueshe Kelsang Gyatso
comentario a la Guía de las obras del Bodhisatva, de Shantideva.

 

 

Shantideva comienza su exposición sobre la paciencia con las siguientes palabras:

[1] Todos los méritos acumulados
al practicar la generosidad
son destruidos por un solo instante de ira.

[2] No hay mal comparable al enfado
ni virtud similar a la paciencia;
por lo tanto, cultiva activamente la paciencia
por todos los medios, con celo y premura.

El enfado destruye nuestros méritos. El buen karma acumulado es destruido en nuestro enfado, por lo que esta perturbación mental es muy perjudicial para el camino espiritual.

El antídoto contra el enfado es la paciencia, y si estamos realmente interesados en avanzar por el camino del crecimiento espiritual, no hay mejor práctica que la de esta virtud.

Las faltas del enfado

Cuando el enojo nos domina, perdemos la paz mental, la armonía y la sonrisa. Nos cuesta dormir y aunque lo consigamos no podemos descansar. Cuando nos enfadamos, aumenta nuestro malestar y, por mucho que lo intentamos, no podemos controlar nuestras emociones.

Perdemos el sentido común y nos negamos a ser razonables. Deseamos vengarnos de aquellos que nos han perjudicado y perdemos la libertad de elección.

Víctimas de nuestra propia hostilidad perdemos nuestras amistades. Percibimos nuestro entorno como hostil. El que tiene tendencia a enfadarse vive en un mundo dominado por la paranoia y siente que todos son sus enemigos.

Es importante reconocer la verdadera causa de nuestra infelicidad.

Si continuamente culpamos a los demás de nuestros problemas es porque estamos bajo la influencia de los engaños.
La persona que ha subyugado su mente y ha eliminado el enfado considera que todos los seres son sus amigos.

Por ejemplo, el Bodhisatva, cuya única motivación es beneficiar a los demás, no tiene enemigos. Gracias a su práctica de la paciencia, nunca tiene problemas y es capaz de sonreír a sus adversarios e incluso tratarlos con respeto. Por lo tanto, la mejor manera de liberarnos de nuestros enemigos es eliminando el enfado de nuestra mente.

Al igual que las demás perfecciones, la práctica de la paciencia es sobre todo un adiestramiento mental. Por lo tanto, a continuación se describen diferentes técnicas de meditación que nos ayudarán a eliminar la perturbación mental del enfado y a cultivar en su lugar la virtud de la paciencia.

Enfocándonos correctamente

Para adiestrarnos en la práctica de la paciencia y de esta manera eliminar el enfado debemos seguir dos pasos correctos.

Primero debemos observar atentamente las faltas del enfado y los problemas que nos ocasiona, y considerar que nuestro verdadero enemigo no es algo externo, sino esta perturbación mental. Este entendimiento es imprescindible para dirigir nuestros esfuerzos en la dirección correcta.

Luego debemos comprender profundamente por qué nos enfadamos y en esforzarnos por eliminar las causas de nuestro enojo.

Al comprender que la única función del enojo es perjudicarnos, desearemos adiestrarnos en la práctica de la paciencia y vencer a este enemigo.

Las causas del enfado

La causa raíz del enfado y de las demás perturbaciones mentales es nuestro aferramiento propio innato: la creencia ignorante que considera al yo y los demás fenómenos como si existieran de manera inherente. Si eliminamos esta ignorancia, no habrá motivo para sentirnos insatisfechos. El aferramiento propio está muy arraigado en nuestra mente, y para alcanzar una realización capaz de eliminarlo, debemos adiestrarnos con esfuerzo por mucho tiempo.

No obstante, como hay otras causas más inmediatas de nuestro enfado, y podemos eliminarlas ahora, es importante que nos esforcemos para eliminarlas desde el comienzo de nuestra práctica.

El enfado surge como resultado de nuestro malestar al enfrentarnos con circunstancias adversas. Si no podemos satisfacer nuestros deseos o nos encontramos en una situación desagradable, enseguida nos deprimimos. Entonces, ese malestar se convierte en enfado y nos sentimos cada vez peor. Por lo tanto, además del aferramiento propio, los deseos insatisfechos son la causa principal de que nos enfademos.

“Es difícil tener pensamientos positivos si estamos bajo el influjo de las emociones y nos confunden las circunstancias adversas. En estas condiciones los pensamientos negativos surgen por si solos.

Si pensamos en alguien que nos ha hecho o puede hacernos daño por algo que no nos gusta o por privarnos de algo que queremos, la mente, que hasta entonces estaba en paz, de pronto se agita ligeramente. Este estado mental alimenta pensamientos negativos y el disgusto se alimenta y crece.

Debemos hacer un esfuerzo por permanecer relajados y conservar la mente serena sin alimentar la agitación, la cual alimenta la ira. Mantengamos un estado de mente pacífico y evitemos irritarnos.

Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva

Nos ayuda en algo enfadarnos?

Si hay un remedio para la desgracia,
¿qué razón hay para el descontento?
Y si no hay remedio,
¿de qué sirve el abatimiento?

Como ya se ha mencionado, la causa de nuestra infelicidad son los deseos insatisfechos. [10] Si es posible satisfacer nuestros deseos, no hay razón para enfadarnos, y si es imposible, tampoco nos sirve de nada hacerlo. ¿Qué beneficio logramos con ser desdichados?

“Sobre todo nos irrita no ver satisfechos nuestros deseos. Pero el disgustarse no contribuye en nada a su realización, de modo que ni logramos lo que deseamos ni recuperamos la jovialidad. Si tenemos los medios para remediar nuestras penas, ¿por que entristecernos? Y si no, ¿por qué deprimirnos? Con ello sólo conseguimos aumentar la desdicha sin ningún beneficio.”
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

 

LA PACIENCIA DE ACEPTAR VOLUNTARIAMENTE EL SUFRIMIENTO

Mientras permanezcamos en el samsara,
disfrutaremos de felicidad en muy pocas ocasiones y,
en cambio, padeceremos desgracias sin cesar.

Esta es la naturaleza del samsara:
los sufrimientos son innumerables,
pero las alegrías, escasas.

“En general, la felicidad sólo se obtiene con voluntad y esfuerzos sostenidos, mientras que el sufrimiento viene naturalmente, y es sabio utilizar las circunstancias adversas para progresar espiritualmente. Siendo pacientes, lo que normalmente consideraríamos doloroso ya no lo será tanto. Todo depende de la actitud. La paciencia es la mejor forma de frenar el resentimiento, la voluntad de perjudicar y la ira.”
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

Nuestro sufrimiento es el resultado de las acciones que hemos cometido en el pasado y somos nosotros quienes debemos experimentarlo. Por lo tanto, no debemos rechazar lo inevitable, sino aprender a aceptarlo.

“Existen muchas cosas de las que no podemos huir así nomás, inclusive evitándolas. Esta implicancia terrestre en la que estoy aprisionado es el tormento de mi vida, pero tengo que entenderme con ella, y hasta aceptarla con buena voluntad.”
Comentario de Gandhi del libro “Cultivar el corazón” - Enseñanzas sobre la No Violencia, la Verdad y el Amor Incondicional.

Si aprendemos a aceptar las dificultades, dejaremos de ser desdichados. Aunque es posible evitar los obstáculos en la vida diaria, si somos impacientes con nuestro sufrimiento, solo conseguiremos aumentarlo.

Por ejemplo, si padecemos una enfermedad y la aceptamos, pensando que es una manera de consumir nuestro karma negativo, nos sentiremos mejor. En cambio, si nos negamos a aceptar el dolor y nos deprimimos, no solo aumentará nuestro malestar físico, sino que además viviremos atormentados.

El enfado empeora nuestra situación y siembra las semillas para experimentar más sufrimiento en el futuro. Sin lugar a dudas, es el ladrón que nos roba la riqueza de nuestras vidas.

Los beneficios de meditar en la paciencia de aceptar voluntariamente el sufrimiento son innumerables. Además de ayudarnos a conservar la calma en circunstancias adversas, comprenderemos con claridad y desapego lo insatisfactoria que es la existencia en el samsara.

 [14] Puesto que nuestros pensamientos surgen debido al poder de la familiaridad, si practicamos a menudo la paciencia de aceptar voluntariamente el sufrimiento, adquiriremos destreza en ello. Por lo tanto, si aprendemos a tener paciencia con pequeñas molestias, como el frío, el calor, las ofensas o las críticas, poco a poco podremos soportar sufrimientos mayores. Finalmente, aprenderemos a soportar sufrimientos que ahora nos parecen insoportables.

“Muchas personas piensan que la paciencia es un signo de debilidad. Están en un error. Es la ira la que es signo de debilidad, mientras que la paciencia emana de una gran fuerza interior. Por ejemplo, si en el curso de una discusión nuestros argumentos tienen un fundamento, aportamos la prueba de ello con calma y seguridad, a veces incluso riendo. Las personas que tienen confianza en lo que hacen, raramente se enfadan.”
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

[21] Desde el punto de vista del Dharma, el sufrimiento no tiene por qué ser una experiencia desafortunada. En realidad, tiene buenas cualidades. Nos ayuda a generar la mente de renuncia y a eliminar nuestro orgullo y arrogancia. Si queremos aprovechar nuestras experiencias de sufrimiento, debemos utilizarlas para cultivar la mente de renuncia. Además, si aprendemos a tener paciencia con nuestro sufrimiento y meditamos en el de los demás, sentiremos compasión por todos los desdichados seres que siguen atrapados en el samsara.

La renuncia y la compasión son las dos realizaciones de Dharma más importantes del camino a la iluminación, y nuestro sufrimiento nos ayuda a cultivarlas.

 

LA PACIENCIA DE RECORDAR LAS ENSEÑANZAS DE RELACION DEPENDIENTE

Todo depende de causas y condiciones
Puesto que tanto la persona que odia como el mismo odio dependen de causas,
no hay posibilidad de elección.

[22] Cuando una persona padece una enfermedad, experimenta sufrimiento como consecuencia de esta enfermedad. De igual manera, si alguien nos pega con un palo en la cabeza, el causante de nuestro dolor es el agresor. Si en ambos casos experimentamos dolor, ¿por qué toleramos la enfermedad y, en cambio, nos enfadamos con quien nos perjudica?

Puede que pensemos que la enfermedad por sí misma no tiene la intención de hacernos daño, pues la enfermedad y el sufrimiento que produce dependen de causas y condiciones. Sin embargo, siguiendo el mismo razonamiento, tampoco deberíamos enfadarnos con una persona que nos perjudique ya que está dominada por sus engaños y tampoco tiene elección. Si tenemos que enfadarnos con algo, debemos hacerlo con nuestras perturbaciones mentales.

[23] Al igual que padecemos enfermedades aunque no lo deseemos, la perturbación mental del enfado surge en nuestra mente sin que podamos evitarlo. Debemos comprender que cuando nuestro enemigo desea hacernos daño, carece de libertad, pues está bajo la influencia del odio. [24] Siente odio y no puede controlarlo. El enfado surge sin previo aviso.

[26] Por lo tanto, la persona que se enfada, el odio mismo y todos los demás fenómenos carecen de voluntad propia y dependen solo de causas y condiciones. Si nos adiestramos en reconocer la naturaleza dependiente de todos los fenómenos, reduciremos en gran medida las causas de nuestro enfado.

[27-30] Todos los objetos de conocimiento, incluso nuestros estados mentales, son fenómenos de relación dependiente, es decir, su existencia depende de causas y condiciones, y carecen de una naturaleza propia, independiente y autoexistente. Es imposible la existencia de un fenómeno permanente. ¿Cómo es posible que un fenómeno permanente produzca un efecto?, ¿cómo puede un fenómeno permanente encontrarse con condiciones? Y en el caso de que lo hiciera, ¿cómo podría cambiar si un objeto es permanente precisamente porque nunca cambia?. ¿Es posible que un objeto sea producido a partir de un fenómeno permanente? Es evidente que no.

[31] Todos los efectos se producen a partir de causas, y estas lo hacen, a su vez, a partir de otras causas anteriores. Tanto las causas como los efectos dependen también de ciertas condiciones, y por lo tanto, carecen por completo de existencia inherente e independiente. Aunque todos los objetos parecen existir por sí mismos o por su propio lado, en realidad son como apariencias. Si recordamos esto cuando tengamos dificultades, nuestro enfado y demás engaños desaparecerán. Mantener este reconocimiento cuando nos encontramos en situaciones que nos causen enfado forma parte de la práctica de la paciencia de recordar las enseñanzas.

 

Todo es como un sueño
Comentario de Osho en El libro de la sabiduría.

“Atisha dice:

Piensa que todos los fenómenos son como sueños...

‘Fenómenos’ significa todo lo que vemos, todo lo que experimentamos. Los fenómenos pueden ser objetos del mundo o pueden ser objetos de la mente. Todo lo que se puede observar, ver, mirar, son fenómenos. Fenómenos materiales, fenómenos psicológicos, fenómenos espirituales.

Piensa que todos los fenómenos son como sueños...

Ésta es una técnica absolutamente poderosa. Empezamos a contemplar de esta manera: si andamos por la calle, pensamos que las personas que pasan son sueños. Que las tiendas y sus comerciantes y los clientes y la gente que viene y que va son todos sueños. Las casas, los autobuses, el tren, el avión, son todos sueños.

Algo en nuestro interior comienza a suceder. En el momento que pensamos que "todo son sueños", de repente, como un destello, algo se nos hace patente: "Nosotros también somos un sueño." Si el objeto es un sueño, entonces el sujeto es también un sueño.
Si lo observamos todo como si fuera un sueño, de repente descubriremos que algo se está escapando de nuestro ser: la idea del ego. Ésta es la mejor manera de dejar el ego, y la más fácil. Meditemos de esta manera.

El ego es un producto derivado, un producto derivado de la ilusión de que lo que vemos es verdadero. Si pensamos que los objetos son verdaderos, entonces el ego puede existir. Si pensamos que los objetos son sueños, el ego desaparece.”

“Reconoce siempre la característica onírica de la vida y reduce el apego y la aversión. Practica la benevolencia hacia todos los seres. Sé amoroso y compasivo, te hagan lo que te hagan los demás. Lo que puedan hacerte no te importará tanto cuando lo veas como un sueño. Lo ideal es en tener una intención positiva durante el sueño. Esto es lo esencial. Esto es la verdadera espiritualidad.”
Chagdud Tulku Rimpoché.

“Como una ilusión óptica, o una llama,
como un sueño, el destello de un relámpago, o una nube;
así debe uno considerar todas las cosas compuestas.”
Extractos de los Sutras.

"Las emociones que experimentamos se deben a la conjunción de múltiples causas externas. No surgen espontáneamente, sino que las desencadena el suceso mental que las precede, nacido al contacto con los fenómenos exteriores, agradables o desagradables. Si comprendemos que todos los fenómenos exteriores e interiores son como un sueño o una ilusión, pondremos de manifiesto el punto débil de las emociones, el mecanismo de la confusión. Para conquistarlas sólo necesitamos reconocer su naturaleza y constatar su falta de fundamento real."
Comentario del Dalai Lama

[32] Es posible que nos preguntemos que si todos los fenómenos son apariencias ilusorias, ¿por qué debemos eliminar el enfado? Aunque los fenómenos carecen de existencia inherente, y precisamente debido a ello, según la ley de causa y efecto, las acciones perjudiciales producen sufrimiento, y las virtuosas, felicidad.

Consideremos que todo, amistoso u hostil, se asemeja a una manifestación ilusoria, y evitemos a toda costa reaccionar con apego o enfado.”
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

En resumen, [33] cuando una persona nos perjudica, debemos pensar:

Esta persona está dominada por sus engaños
y no tiene elección porque no puede controlarlos.

Si pensamos de ese modo evitaremos enfadarnos y mantendremos la serenidad en todo momento.

[34] Puesto que nadie desea sufrir y todos buscamos la felicidad, si todo ocurriera según nuestros deseos, ¿quién elegiría sufrir?

Si pudiéramos optar entre la felicidad y el sufrimiento, nadie elegiría el sufrimiento y éste habría desaparecido de la tierra. Pero como todo es interdependiente y fruto inevitable de ciertas causas, existen ambos, felicidad y sufrimiento. La gente sufre contra su voluntad. Y además de no escapar del sufrimiento, nos precipitamos a su encuentro.
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

 

 LA PACIENCIA DE NO CAER EN EL ENFADO

Sintiendo compasión por el daño que se generan

¿Cómo podemos combatir nuestro impulso a enfadarnos cuando alguien nos perjudica? Para vencer esta dificultad, debemos combinar la práctica de la paciencia con un método para generar compasión. Por ejemplo, si una persona nos perjudica, además de reconocer que lo hace porque está dominada por sus engaños, debemos pensar que también se está haciendo daño a sí misma. Si nos adiestramos de este modo, sentiremos compasión por ella de manera espontánea, y nuestro enfado desaparecerá.

[37] Cuando víctimas de sus propios velos,
los seres causan su propia destrucción,
aunque no brote en nosotros la compasión,
podemos al menos abstenernos de enfadarnos.

Si los engaños pueden obligar a los seres a cometer acciones tan desesperadas como el suicidio, no debe sorprendernos que en ocasiones perjudiquen a otros. Puesto que el enfado puede esclavizar por completo a una persona, no tiene sentido enfadarnos con ella. Si no podemos sentir compasión por un ser tan desafortunado, al menos debemos evitar enfadarnos.

[38] Para practicar la paciencia de no caer en el enfado, debemos adiestrar nuestra mente o, de lo contrario, no podremos mantener la calma cuando alguien nos perjudique. En cambio, si nos preparamos bien, no nos enfadaremos aunque nos provoquen.

[39] Cuando una persona nos perjudica, debemos analizar si es malvada por naturaleza o si su actitud es solo temporal. Si nos perjudica llevada por su naturaleza, no lo puede evitar. No tendría sentido enfadarnos con ella, al igual que no lo hacemos con el fuego cuando nos quemamos, porque sabemos que su naturaleza es quemar.

[40] “Pero en el segundo caso, tampoco debemos enfadarnos si actúan bajo la influencia de condiciones pasajeras, son sus víctimas temporales. En ambos casos, no tenemos razón alguna para irritarnos."
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

Esclavos de sus emociones negativas, algunos perjudican a los que les rodean y se destruyen a sí mismos. ¿Por qué montar en cólera? Más bien merecen nuestra compasión.

Aunque sean los golpes del bastón lo que me duele,
me irrito contra el que lo blande, golpeándome.
Ahora bien, éste es arrastrado e impulsado por la ira:
es, pues, contra la ira que debo enojarme.

“El bastón, el arma, es la causa inmediata de nuestro dolor, pero la ira de nuestro agresor es la causa primera. Si respondemos podemos escoger volvernos contra lo uno o lo otro: el bastón, o la ira que mueve el bastón. Aparte de estos dos, sólo hay una pobre víctima contra la que no tenemos motivo alguno que justifique nuestro arrebato.”
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

No debemos olvidar que estamos hablando de controlar nuestra mente en situaciones difíciles. Esto no significa que para practicar la paciencia debamos permanecer pasivos cuando una persona nos ataca. Si podemos impedir que lo haga y se perjudique tanto a sí misma como a nosotros, sin lugar a dudas debemos hacerlo, pero si ya ha emprendido su acción, debemos intentar no enfadarnos.

“No es que nunca me enoje; lo que sucede es que no le doy curso libre a mi enojo. Para suprimir todo impulso de cólera, me esfuerzo en cultivar la paciencia y la verdad y así es como generalmente lo consigo. Me esfuerzo en controlar mi cólera apenas se hace sentir dentro de mí. Sería inútil preguntarme cómo lo hago. Se trata de un hábito que todos tienen que cultivar y adquirir a fuerza de constancia.”
Comentario de Gandhi del libro “Cultivar el corazón” - Enseñanzas sobre la No Violencia, la Verdad y el Amor Incondicional.

 

Supera las tres dificultades
Comentario de Osho en El libro de la sabiduría.

“Tres cosas hay que recordar, dice Atisha. Una es: hacerme consciente cuando el acto está sucediendo. Esa es la primera dificultad. Tomar consciencia en el acto mismo.

Al principio me hago consciente cuando la ira se ha ido y todo se ha calmado, me vuelvo consciente a los quince minutos. Si sigo intentando me haré consciente a los cinco minutos. Sigo intentando y me haré consciente justo cuando la ira se está evaporando. Lo intento un poco más y me haré consciente exactamente en la mitad del suceso. Y ése es el primer paso: ser consciente en el acto.

A continuación, el segundo paso o la segunda dificultad, que es incluso más difícil: recordar antes del acto. Cuando el acto todavía no ha sucedido pero es ya un pensamiento en mi interior; el acto aún no se ha llevado a cabo, pero ya se ha convertido en un pensamiento en mi mente. Está ahí, potencialmente, como una semilla; se puede convertir en acto en cualquier momento.

Ahora voy a necesitar una consciencia un poco más sutil. El acto es una cosa tosca: golpeé a mi mujer. Puedo hacerme consciente cuando estoy golpeando; pero la idea de golpear es mucho más sutil. Miles de ideas pasan continuamente por la mente. Las ideas siguen y siguen, el tráfico continúa. Pero la mayoría de esas ideas nunca llegan a ser actos.

La segunda dificultad, dice Atisha, es atrapar al pensamiento cuando está surgiendo en mi. Eso puede hacerse, y sólo puede hacerse cuando he cruzado la primera barrera, porque el pensamiento no es muy sólido. Pero aún así, es lo suficientemente sólido como para que lo vea; sólo tengo que practicar un poco. Sentado, en silencio, simplemente observaré mis pensamientos: cómo surgen, cómo toman forma, cómo permanecen, cómo se anidan y cómo después me abandonan.

El pensamiento se convierte en huésped, y después, llegado el momento, te abandona. Y muchos pensamientos vienen y van; yo soy el posadero temporal de una cadena de pensamientos. Debo observar estas cadenas simples de pensamiento y después, poco a poco, intentarlo con situaciones más conectadas con las emociones.

Estoy enojado, siento avaricia, siento celos... Me atraparé en el medio del pensamiento. Esa es la segunda dificultad. Y la tercera dificultad es atrapar el proceso que finalmente trae como resultado el acto antes de que se convierta en pensamiento. Esto es lo más difícil.

Antes de que algo se convierta en pensamiento es un sentimiento. Estas son las tres cosas: El sentimiento viene primero, después viene el pensamiento y después viene el acto. Todo pensamiento es producido por un cierto sentimiento. Si no hay sentimiento, el pensamiento no aparece. El sentimiento toma cuerpo en pensamiento, el pensamiento toma cuerpo en el acto.

Alguna vez que no se por qué me siento molesto, no hay realmente ningún pensamiento que lo cause, pero me siento molesto. Algo se está preparando de manera subterránea, algún sentimiento está ganando fuerza. A veces me siento triste. No hay razón para sentirse así, y tampoco hay pensamiento que lo provoque; aún así, la tristeza está ahí, como una sensación generalizada. Eso significa que un sentimiento está tratando de emerger a la superficie.
Si soy capaz de hacerme consciente del pensamiento, entonces tarde o temprano, seré consciente de los sutiles matices del sentimiento. Estas son las tres dificultades.”

Somos los responsables de nuestras circunstancias

Otro poderoso  método para abandonar el enfado es reconocer que nuestros problemas son el resultado de las acciones personales y colectivas que hemos cometido en el pasado.

[42] Si, por ejemplo, alguien nos ofende, podemos recordar las enseñanzas sobre las acciones y sus efectos y pensar:

Si yo no hubiera perjudicado a nadie en el pasado,
ahora no recibiría este daño.

Debemos utilizar el mismo razonamiento cuando estemos enfermos o tengamos problemas. Cuando comprendamos bien la ley de causa y efecto, que dice que las acciones virtuosas dan como resultado felicidad, y las perjudiciales, sufrimiento, mantendremos la calma incluso en las circunstancias más adversas. Además, aceptaremos nuestro sufrimiento como una manera de pagar las deudas contraídas al cometer malas acciones. Es mejor pensar de este modo que enfadarnos, puesto que si lo hacemos, crearemos la causa para seguir sufriendo en el futuro.

Quién se perjudica y quién se beneficia

[47] A continuación, Shantideva analiza con detenimiento quién se perjudica y quién se beneficia cuando alguien nos hace daño. Cuando una persona se enfada con nosotros y nos ataca, nos convertimos en el objeto de su enfado. El daño que recibimos es el resultado de nuestro propio karma, es decir, de las acciones que hemos cometido en el pasado, y por lo tanto debemos practicar la paciencia de aceptar el sufrimiento. Al considerar a la persona que nos perjudica como un objeto de paciencia, se convertirá en causa de nuestra felicidad. Si dejamos de tener una mente estrecha y analizamos la situación, comprenderemos que sus ofensas son, en realidad, fuente de numerosos beneficios.

Puesto que somos el objeto del enfado de nuestro atacante, este sembrará las semillas de sufrimientos futuros en su vida. Por lo tanto, en realidad somos nosotros quienes lo perjudicamos, y él quien nos beneficia. Teniéndolo en cuenta, ¿cómo podemos enfadarnos con él?

[48] Al perjudicarnos nos ofrece la oportunidad de practicar la paciencia y purificar nuestras acciones perjudiciales y acumular méritos. [49] No sería correcto enfadarnos con un benefactor a quien le espera un futuro tan desafortunado. El ser que nos invita a cultivar la paciencia y a acumular virtudes, es un tesoro de valor incalculable. Sin él, ¿cómo podríamos cultivar la paciencia?

[54] Los malos pensamientos de los demás no pueden perjudicarnos ni en esta vida ni en las futuras. Por lo tanto, no tenemos por qué enfadarnos ante las críticas e insultos. [63] Las críticas son el resultado de concepciones erróneas y, por lo tanto, no hay razón para enfadarnos por ellas.

“La mente no es material y nadie puede dañarla. Injurias, insultos, calumnias, no hiere al cuerpo. Si reflexionamos, nada vemos que no podamos soportar. ¿Por qué entonces montar en cólera? Qué importa la calumnia, aun cuando destruya nuestra reputación y nos prive de la consideración de los demás! El buen nombre y los favores que gozamos se limitan a esta vida y nada aportan a vidas futuras. Por el contrario, cualquier reacción violenta contra nuestros agresores son acciones negativas que acumularemos y que nos causarán problemas en el futuro.”
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

[65] Incluso si alguien perjudica a nuestros seres queridos, no debemos enfadarnos, sino comprender que es el resultado de sus acciones pasadas. Si podemos evitar que los perjudiquen, por supuesto que debemos hacerlo, pero sin enfadarnos. Practicar la paciencia no significa permitir que los demás cometan acciones indebidas y no intervenir para impedirlo, sino proteger nuestra mente de la perturbación mental del enfado.

Debido al apego que les tenemos a nuestros seres queridos, a menudo nos enfadamos con aquellos que los perjudican e incluso nos vengamos de ellos. [71] Cuando alguien perjudica a nuestros seres queridos, la hierba seca de nuestro apego nos hace sentir dolor y alimenta el fuego de nuestro enfado, consumiendo así los méritos que hayamos acumulado. Para evitar que esto ocurra, hemos de abandonar cualquier objeto de apego.

[105] “No debemos excusarnos diciendo que nuestros enemigos nos impiden practicar la calma, y que esa es la causa de nuestra irritación. Si no somos pacientes no estamos practicando con sinceridad. No diríamos que el mendigo es un obstáculo para la generosidad, sino su misma razón de ser. Además por otra parte, aquellos que nos irritan y ponen a prueba nuestra paciencia son relativamente pocos, especialmente si evitamos dañar a los demás.”

[108] “Tenemos necesidad de los que nos ofenden para ejercitar la paciencia. Un verdadero enemigo es tan raro que deberíamos alegrarnos al verlo y apreciar los beneficios que nos brinda. Debe ser el primero por quien ofrezcamos los méritos que él mismo nos permite adquirir y será digno de respeto por el solo hecho de permitirnos practicar la paciencia.”
Comentario del Dalai Lama sobre El modo de vida del Bodhisatva.

 [122] Si somos practicantes de Dharma, no tiene sentido confiar en Buda y al mismo tiempo perjudicar a los seres sintientes. Sería los mismo que ser bondadosos con una madre, pero hacer daño a sus hijos. Al igual que una madre no puede alegrarse cuando perjudicamos a sus hijos, los Budas tampoco pueden hacerlo cuando tenemos malas intenciones contra los demás.

 

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