Ayahuasca-Wasi
Sosteniendo el Espacio de Transformación
Ayahuasca-Wasi
Enseñanzas
English

 

Meditación Shambhala
Chögyam Trungpa
“Shambhala: The sacred path of the warrior” (pg. 35 – 41)
“The Essential: Discovering Basic Goodness”

Tenemos que aceptar una responsabilidad personal de edificar nuestras vidas. Cuando no nos juzgamos a nosotros mismos, cuando nos relajamos y apreciamos nuestro cuerpo y mente, empezamos a contactar con la noción fundamental de bondad básica en nosotros. Entonces es bien importante estar dispuestos a abrirnos a nosotros mismos. Desarrollando ternura hacia nosotros mismos nos permitimos apreciar con precisión nuestros problemas y nuestro potencial para sobrellevarlos. No sentimos que tenemos que ignorar nuestros problemas o exagerar nuestro potencial. Esta clase de suavidad y apreciación hacia nosotros mismos es muy necesaria. Nos provee el terreno para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás.

Como seres humanos, tenemos una base de trabajo dentro de nosotros que nos permite desarrollar y levantar nuestro estado de consciencia. Esta base de trabajo está siempre disponible para nosotros. Tenemos una mente y un cuerpo, los cuales son muy preciados para nosotros. Debido a que tenemos una mente y un cuerpo podemos comprender este mundo. La existencia es maravillosa y preciosa. No sabemos cuanto tiempo vamos a vivir, entonces, mientras tengamos nuestra vida, ¿por qué no hacer buen uso de ella? incluso antes de que hagamos uso de ella, ¿por qué no la apreciamos?

Cómo descubrimos esta clase de apreciación? Pensando o simplemente hablando acerca de ella no nos ayuda mucho. En la tradición Shambhala, la disciplina para desarrollar ambas, gentileza hacia nosotros y apreciación por nuestro mundo es la práctica de sentarse en meditación.

La práctica de meditación fue enseñada por Buddha hace 2,500 años atrás, y ha sido parte de la tradición Shambhala desde ese tiempo. Está basada en una tradición oral: desde los tiempos del Buddha, esta práctica ha sido transmitida de un ser humano a otro (directamente). De esta manera, se ha mantenido como una tradición viviente, por lo que, aun siendo una práctica ancestral, aún está al día.

La palabra “meditación”, en este contexto, significa algo muy básico y simple, algo que no está atado a ninguna cultura en particular. Estamos hablando de un acto muy básico: sentarse en el suelo, asumiendo una buena postura, y desarrollando una sensación de nuestro sitio, nuestro lugar en esta tierra. Este es el significado de redescubrirnos a nosotros mismos y nuestro bienestar básico (bondad básica), la manera de sintonizarnos con la genuina realidad, sin ninguna expectativa ni preconcepciones.

La palabra “meditación” algunas veces la usamos para referirnos a la contemplación de un determinado objeto o tema en particular: meditar “en” algo. (como en la meditación analítica, contemplación de una enseñanza y de la verdad que nos brinda)

Pero aquí estamos hablando de un concepto completamente diferente de meditación: meditación incondicional, sin ningún objeto o idea en la mente. En la tradición Shambhala, meditación es simplemente entrenar nuestra forma de ser de manera que nuestra mente y nuestro cuerpo puedan estar sincronizados. A través de la práctica de meditación, podemos aprender a vivir sin engaño, a ser totalmente genuinos y con vida.

Nuestra vida es un viaje sin fin; es un camino que se extiende infinitamente en la distancia. La práctica de meditación nos permite experimentar todas las texturas del camino, lo cual es de lo que se trata el viaje. (el camino es la meta)

A través de la práctica de meditación, empezamos a encontrar que dentro de nosotros no existe queja fundamental acerca de nada ni nadie.

La práctica de meditación se inicia con sentarnos en el suelo con las piernas cruzadas. Empezamos a sentir que al simplemente estar en el sitio nuestra vida puede ser moldeable y volverse maravillosa. Realizamos que somos capaces de sentarnos dignamente. La realidad de esa situación nos muestra la dignidad que proviene de ser tranquilos y simples.

En la práctica de meditación, una postura erecta es extremadamente importante. Mantener la espalda recta no es una postura artificial, es natural al cuerpo humano. Cuando nos jorobamos o torcemos, eso es inusual. No podemos respirar apropiadamente cuando estamos torcidos. Entonces, cuando nos sentamos derechos estamos proclamando a nosotros mismos y al resto del mundo que vamos a ser un guerrero o una guerrera, un ser humano completo.

Para tener la espalda recta no tenemos que forzarnos jalando nuestros hombros para atrás; la postura recta viene naturalmente de sentarnos con sencillez y orgullo en la tierra o en nuestro cojín de meditación. Luego, debido a que nuestra espalda está recta, sentimos que no hay huella de timidez o vergüenza, entonces no agachamos la cabeza, no nos estamos inclinando hacia ningún objeto en nuestra mente. Debido a eso, nuestros hombros permanecen rectos automáticamente, así desarrollamos una buena sensación de cabeza y hombros. Luego dejamos que nuestras piernas descansen naturalmente en la posición de piernas cruzadas (o en la silla de meditación); nuestras rodillas no tienen que tocar el suelo. Completamos nuestra postura dejando descansar nuestras manos en nuestros muslos con las palmas hacia abajo. Esto nos provee de un sentido adicional de estar asumiendo nuestro sitio propiamente.

En esta postura, nuestra mirada no está observando alrededor, moviéndose de un lugar a otro. Tenemos una sensación de que estamos allí propiamente, entonces nuestros ojos están parcialmente abiertos, pero nuestra mirada está dirigida ligeramente hacia abajo, como a seis pies delante nuestro. De esta manera nuestra visión no está paseando pero nos provee de una sensación de espacio y definición (presencia de nuestro sitio). Podemos observar esta postura real en muchas culturas ancestrales en todo el planeta. Es una postura universal que no está limitada a una cultura o época.

En nuestra vida diaria, también debemos de estar atentos de nuestra postura, nuestra cabeza y hombros, cómo caminamos y cómo miramos a la gente. Incluso cuando estamos meditando, podemos mantener una digna forma de ser. Podemos trascender nuestra vergüenza y tomar el orgullo de ser seres humanos. Ese orgullo es aceptable y bueno.

Luego, en la práctica de meditación, después de sentarnos en una buena postura, ponemos atención a nuestra respiración. Cuando respiramos estamos aquí del todo, totalmente, propiamente aquí. Salimos con la exhalación, nuestro aliento se disuelve y luego la inhalación ocurre naturalmente. Luego salimos de nuevo.

Entonces hay un constante salir con la exhalación. Mientras exhalamos nos disolvemos, nos difuminamos. Luego nuestra inhalación ocurre naturalmente; no temeos que seguirla hacia adentro, simplemente regresamos a nuestra postura y estamos listos para otra exhalación, salimos afuera y nos disolvemos: tshoo; regresamos a nuestra postura; luego tshoo, y regresamos a nuestra postura.

Luego habrá un inevitable “bing!” –pensamiento. En ese momento decimos “pensando”. No lo decimos en voz alta; lo decimos mentalmente: “pensando”. Etiquetar nuestros pensamientos nos brinda una tremenda ventaja de poder regresar a nuestra respiración. Cuando un pensamiento nos saca completamente de lo que estamos haciendo –cuando no nos hemos dado ni cuenta que estamos en el cojín, sino en nuestra mente, decimos simplemente “pensando”, y nos regresamos a la respiración.

No tiene importancia que pensamientos tenemos. En la práctica de sentarse en meditación todos los pensamientos, ya sean monstruosos o benevolentes, todos son considerados “pensando”. Ningún pensamiento merece una medalla de oro o una reprimenda. Simplemente etiquetamos nuestros pensamientos, “pensando” y regresamos a nuestra respiración. “Pensando”, regresamos a la respiración; “pensando”, regresamos a la respiración.

La práctica de meditación es muy precisa. Tiene que estar en el punto, directamente en el punto. Requiere trabajo, pero si recordamos la importancia de la postura, eso nos permitirá sincronizar nuestra mente y nuestro cuerpo. Si no tenemos una buena postura, nuestra práctica será como un caballo cojo tratando de jalar una carreta. No va a funcionar.

Entonces, primero nos sentamos y asumimos nuestra postura, luego trabajamos con nuestra respiración; tshoo, salimos, regresamos a nuestra postura; tshoo, regresamos a nuestra postura; tshoo. Cuando los pensamientos llegan los etiquetamos “pensando” y regresamos a nuestra postura, regresamos a nuestra respiración.

 Tenemos la mente trabajando con la respiración, pero siempre mantenemos nuestro cuerpo como punto de referencia. No estamos trabajando sólo con nuestra mente. Estamos trabajando con nuestra mente y nuestro cuerpo, y cuando los dos trabajan juntos nunca abandonamos la realidad.

El estado ideal de tranquilidad proviene de experimentar el cuerpo y la mente estando sincronizados. Si el cuerpo y la mente no están sincronizados, entonces nuestro cuerpo se dejará caer y nuestra mente estará en otra parte. Es como un tambor mal hecho: cuando el marco y la piel no están bien ajustados, se rompen el uno al otro, cuando la mente y el cuerpo están sincronizados, entonces debido a nuestra buena postura, la respiración ocurre naturalmente; y debido a que nuestra respiración y nuestra postura trabajan juntas, nuestra mente tiene un punto de referencia al cual referirse. Por consiguiente, nuestra mente saldrá naturalmente con la respiración.

Este método de sincronizar mente y cuerpo, nos entrena a ser muy simples y a sentir que nosotros no somos especiales, sino ordinarios, súper ordinarios. Simplemente nos sentamos como un guerrero/a y de eso emerge un sentimiento de dignidad individual. Estamos sentados en la tierra, y nos damos cuenta que la tierra nos merece y nosotros merecemos esta tierra. Estamos aquí – totalmente, personalmente, genuinamente. La práctica de meditación en la tradición Shambala está designada a educar a las personas a ser honestas y genuinas, verdaderas consigo mismas.

En cierto sentido, debemos considerarnos con una responsabilidad; tenemos la responsabilidad de ayudar a este mundo. No podemos olvidarnos de esta responsabilidad hacia los demás. Pero si tomamos nuestra carga como un deleite, podremos liberar este mundo. La manera de empezar es con nosotros mismos. Al aprender a ser abiertos y honestos con nosotros mismos, podemos aprender así a ser abiertos con los demás. Entonces podemos trabajar con el resto del mundo, en la base de la bondad que descubrimos en nosotros mismos. Por lo tanto la práctica de la meditación es considerada como una excelente manera de superar las batallas de este mundo: nuestra propia batalla.

 

Contact us: webmaster@ayahuasca-wasi.com