Meditación En Pali, se denomina bhavana a la meditación. Existen dos tipos básicos de bhavana: la práctica de la concentración (samatha bhavana) “desarrollo de la tranquilidad” (calma mental) y el de la sabiduría (vipassana-bhavana) “desarrollo de la visión cabal” (visión clara). La práctica de la meditación (bhavana) se inicia con la concentración y consiste en aprender a tomar el control de los procesos mentales para convertirnos en los dueños de la propia mente. El Esfuerzo en la meditaciónDebemos aprender a fortalecer nuestra atención para que se vuelva firme y estable, para que se convierta en una herramienta útil que nos sirva para examinar los niveles más sutiles de nuestra naturaleza para revelarnos primero y después eliminar nuestros condicionamientos. De la misma manera como un científico usando un microscopio, primero tiene que fijar y enfocar el objeto a examinar, nosotros debemos aprender a enfocar, fijar y mantener la mente en un sólo objeto de atención para hacer de ello un instrumento que nos sirva para examinar nuestra realidad más sutil. La técnica más apta para desarrollar la concentración que nos permita explorar la realidad interior es la anapana-sati, “atención a la respiración”. La respiración es un objeto de atención asequible a todos ya que todos respiramos desde que nacemos hasta que morimos. Los meditadores se sientan adoptando una postura erguida que les sea lo más cómoda, y cierran los ojos. Luego se pone la atención en la respiración: el aliento entrando y saliendo por las ventanas de la nariz. No es un ejercicio de respiración, es un ejercicio de atención, y el esfuerzo no consiste en controlar la respiración, sino en permanecer conscientes de ella tal y como es naturalmente, larga o corta, pesada o ligera, áspera o sutil. La atención se mantiene fija en la respiración durante tanto tiempo como sea posible sin permitir que ninguna distracción rompa la cadena de consciencia. Como meditadores, vemos de inmediato lo difícil que resulta. Tan pronto como intentamos mantener la mente fija en la respiración, comienza a preocuparnos un dolor en las piernas. Mil cosas irrumpen en la mente: recuerdos, planes, diálogos, esperanzas, temores, fantasías... Una de ellas consigue acaparar nuestra atención y nos damos cuenta al cabo de un rato de que nos hemos olvidado totalmente de la respiración. Comenzamos de nuevo, con renovada determinación, y de nuevo, al poco tiempo, vemos que la mente se ha vuelto a escabullir inadvertidamente. Vemos de inmediato y con toda claridad que la mente está fuera de control, que la mente no hace más que huir de la realidad saltando de un pensamiento a otro, de un objeto de atención a otro, igual que un niño mimado coge un juguete, se aburre y coge otro y luego otro. Este hábito está profundamente arraigado en la mente, en realidad es lo que la mente ha estado haciendo toda la vida. Pero para investigar objetivamente nuestra verdadera naturaleza, debemos detener esas huidas, debemos cambiar el modelo de conducta de la mente y aprender a mantenernos en la realidad. Comenzamos tratando de fijar la atención en la respiración, cuando nos damos cuenta de que se ha distraído, con paciencia y calma la llevamos de nuevo a su sitio. Fallamos y volvemos a intentarlo una vez y otra. Seguimos repitiendo el ejercicio con una sonrisa, sin tensión y sin desánimo, al fin y al cabo el hábito de toda una vida no se cambia en unos cuantos minutos. La práctica requiere paciencia, calma y perseverancia. Si surge un pensamiento, no lo perseguimos, no lo alimentamos. Volvemos una vez más la atención a la respiración. De este modo desarrollamos la aptitud de la mente para permanecer enfocada en un sólo objeto y resistir las distracciones. El momento presenteLa mente pasa la mayor parte del tiempo perdida en fantasías e ilusiones, reviviendo experiencias agradables o desagradables y anticipándose al futuro con impaciencia o miedo; y mientras andamos perdidos en tales deseos y aversiones, somos inconscientes de lo que está sucediendo ahora, de lo que estamos haciendo ahora mismo. Con toda seguridad, el momento presente, el ahora, es lo único que tenemos. Sólo podemos vivir el presente. Si logramos desarrollar la capacidad de ser conscientes del momento presente actual, podremos utilizar el pasado como pauta para ordenar las acciones del futuro, de manera que nos sirvan para alcanzar nuestra meta. Ejercitando la atención a la respiración, nos hacemos conscientes del momento actual. Además la respiración nos sirve de ayuda porque actúa como un reflejo del estado mental. Cuando la mente está tranquila y en calma, la respiración es regular y suave, pero cuando surge una negatividad, ya sea ira, odio, miedo o pasión, la respiración se hace más áspera, pesada y rápida. La respiración nos advierte de nuestros estados mentales. La respiración es un objeto de atención conveniente porque no podemos sentir deseo o aversión hacia ella, y además es algo plenamente real, divorciado de toda ilusión o engaño. En el momento en que la mente está enfocada por completo en la respiración, se halla libre de deseo, libre de aversión y libre de ignorancia. Pude que experimentemos impaciencia por progresar, lo que es una forma de deseo. Quizá la aversión surja en forma de enojo y depresión porque el progreso nos parece lento. Nos podemos sentir amodorrados, o podemos sentir escepticismo y dudas irracionales sobre el maestro, la enseñanza o nuestra aptitud para meditar. En esos momentos debemos comprender que todos estos obstáculos son una reacción provocada por el éxito obtenido y que desaparecerán gradualmente si perseveramos en la práctica. Debemos actuar sabiamente y no dejarnos deprimir o desanimar cuando nos encaremos a estas dificultades, debemos comprender que cambiar los hábitos mentales que se han ido enraizando profundamente durante años lleva tiempo y que sólo puede conseguirse trabajando con insistencia, continuidad, paciencia y perseverancia. La tarea consiste sencillamente en devolver la atención a la respiración tan pronto como nos demos cuenta de que se ha extraviado. A fuerza de repetir la práctica, cada vez se retorna la atención con más presteza; los periodos de olvido se acortan gradualmente y se van prolongando los de atención sostenida, samadhi.
|








