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Observando al observador
Sutras de Atisha comentados por Osho

Capta el principio de los dos testigos.
Confía siempre en un estado mental dichoso.
Aunque estés distraído, si puedes hacerlo, es todavía adiestramiento de la mente.
Siempre observa los tres puntos generales.
Cambia tu inclinación y mantenla.
No discutas defectos.
Adiéstrate primero contra la mayor mácula.
Abandona toda esperanza de resultados.


Atisha fue un gran maestro indio del siglo IX, el cual viajó al Tíbet para dar impulso al budismo. Los siete puntos para la transformación de la mente fue su obre cumbre escrita en sutras. Éste es uno de los siete sutras de su obra explicado por Osho.

Capta el principio de los dos testigos

Este sutra tiene dos significados. Ambos hay que entenderlos.
El primer significado: hay dos clases de testigos. Una clase es la gente que me rodea. Soy constantemente consciente de que me observan, de que hay testigos.

Esto me crea un tipo muy sutil de ansiedad. Tengo una suerte de miedo de no ser apreciado. Puede que no alimenten mi ego, puede que no les guste, puede que me rechacen. Ahora tengo que actuar de tal manera que obtenga su aprecio. Tengo que reforzar sus egos con la esperanza de que ellos en respuesta refuercen el mío.

Esta es la primera clase de testigo. Los otros son testigos, Vivo para los demás. Estoy siempre ajustándome a los demás, porque sólo soy feliz si los demás están contentos conmigo. Busco inconscientemente el aprecio con un sencillo propósito: que mi ego salga fortalecido.

Esta es la situación en la que vive el 99,9 por ciento de la gente. Conozco sólo una clase de testigo: el otro. Y el otro siempre me crea ansiedad.

La individualidad es la fragancia de un ser verdaderamente centrado, de uno que sabe quién es. Si no cultivo la individualidad, al menos puedo conseguir una personalidad. Y la personalidad hay que obtenerla. La individualidad es mi crecimiento más íntimo, es un crecimiento; no necesito obtenerla de nadie, y nadie puede dármela. La individualidad es mi desarrollo. Pero la personalidad se puede obtener, la gente puede dármela. De hecho, sólo los otros pueden dármela.

Si me encuentro solo en el bosque no tendría ninguna personalidad. Tendría individualidad pero ninguna personalidad en absoluto. Si me encuentro solo en el Himalaya, ¿quién soy yo?, ¿un santo o un pecador? No hay nadie para apreciarme o para condenarme, no hay nadie para hacerme famoso, notorio. No hay nadie excepto yo mismo.

No soy ni santo ni pecador. No soy ni una persona muy importante, ni un don nadie, porque para ser cualquiera de las dos cosas necesito al otro. Se necesitan los ojos del otro para reflejar mi personalidad. Yo no soy una cosa ni la otra. Yo soy, pero soy en mi realidad; a mi no me crean los otros. Soy como soy en mi completa desnudez, en mi autenticidad.

En los diccionarios, "personalidad" e "individualidad" son sinónimos. En la vida no lo son. La personalidad es falsa, una simulación, una fachada. La individualidad es mi verdad. Y el día en que disfrute de mi individualidad, seré libre. Libre de mi dependencia de los demás.

¿Para qué quiero que un gran número de personas me preste atención? ¿Para qué ansío eso? Para crear la personalidad. Y cuanto más personalidad cree en torno mío, menos será la posibilidad de conocer mi individualidad.

Para poder responder a la pregunta ¿quién soy yo?, por mí mismo, debo confrontarme conmigo mismo. No debo interesarme en las respuestas de los demás.

La segunda clase de testigo es totalmente diferente, justo su polo opuesto. No ansío la atención de los otros, sino empiezo a prestarme atención a mí mismo. Me convierto en testigo de mi propio ser. Empiezo a observar mis pensamientos, deseos, sueños, motivaciones, avaricias y envidias. Creo una nueva clase de consciencia dentro de mí. Me convierto en un centro, un centro silencioso que observa todo lo que sucede.

Aparece en mí la ira, y la observo. No estoy tan sólo enojado, sino que además, lo estoy observando. Y el milagro es que si observo la ira, ésta desaparece sin que sea reprimida.

Cuanto más reprimo algo, más profundo va en mi inconsciente. Se vuelve parte de mis cimientos. Es como una herida supurante. Simplemente por taparla no recobra la salud, la herida no se cura.

La segunda clase de testigo crea un tipo de persona completamente diferente. Crea al sabio. El sabio es aquel que sabe quién es. No por medio de los demás. El sabio tiene su propia visión y el coraje de vivirla. El sabio tiene consciencia y la consciencia no tiene futuro, no tiene motivación, es un gozo por sí misma. No es un medio para un fin. Es un fin en sí misma.

Capta el principio de los dos testigos

¡Evitaré el primero y me lanzaré al segundo!

Este sutra tiene también otro significado. El otro significado es: primero seré testigo de los objetos de la mente.

Seré el testigo de los objetos de la mente, seré testigo de los contenidos de la mente. Observaré todo lo que pase ante mí. Sin evaluación, sin juzgar ni condenar. No estaré a favor ni en contra.

Y en segundo lugar, seré testigo del testigo mismo. Lo primero conduce a lo segundo. Empezaré observando mis pensamientos, pero no me quedaré ahí. Ahora observaré al observador. Ahora seré testigo del testigo.

Me volveré de pronto consciente de la consciencia misma. Observando la mente, la mente desaparece. Observando al testigo, el testigo se expande y se vuelve universal.

El segundo sutra:

Confía siempre en un estado mental dichoso

Si soy infeliz, eso significa sencillamente que he aprendido trucos para ser infeliz y nada más. La infelicidad depende del estado de mi mente. Hay personas que son infelices en todo tipo de situaciones. Tienen una cierta cualidad en su mente, que lo transforma todo en infelicidad. Si les hablas acerca de la belleza de la rosa, inmediatamente empiezan a contar las espinas. Si les dices: "¡Qué mañana tan hermosa!, ¡qué día tan soleado!", te mirarán como sorprendidos por lo que has dicho. Te dirán: "¡Bueno y qué! ¡Un día entre dos noches oscuras! ¿dónde está la maravilla?"

Lo mismo puede mirarse desde una referencia positiva; entonces de repente cada noche está rodeada de dos días. Y de repente, resulta un milagro el que la rosa sea posible, el que una flor tan delicada sea posible entre tantas espinas.

Todo es lo mismo. Todo depende de la clase de estado mental que lleve en la cabeza. Si mi vida es una pesadez, es porque estoy enfocado en todo lo que sea negativo; magnifico lo negativo. De repente pienso: "¿Qué puedo hacer? El mundo es así."

¡No, el mundo no es así! El mundo es absolutamente neutro. Tiene espinas, tiene rosas, tiene noches y tiene días. El mundo es absolutamente neutro, equilibrado; lo tiene todo. Depende de mí, de lo que escoja. Si he decidido escoger sólo lo malo, viviré en un mundo malo, porque viviré en el mundo que yo mismo he escogido.

Así es como creamos el cielo y el infierno en la misma Tierra. Sólo puedo cambiar una cosa: el contexto de mi mente, la condición de mi mente.

Confía siempre en un estado mental dichoso

Dejaré que esto se convierta en una de las leyes fundamentales de mi vida. Incluso si me tropiezo con lo negativo, encontraré algo positivo en ello. Intentaré y probaré esta nueva forma de ver la vida. Pensaré en términos optimistas, no seré pesimista. El pesimista crea el infierno a su alrededor y vive en él. Vivo en el mundo que creo.

Y recordaré, no hay solamente un mundo. En el mundo hay tantos mundos como mentes. Yo vivo en mi mundo. Tú vives en tu mundo. Debo desarrollar la capacidad de usar las oportunidades negativas para el crecimiento interno, para la comprensión interna, para la meditación, para el amor, para la compasión.

El tercer sutra:

Aunque estés distraído, si puedes hacerlo, eso es todavía adiestramiento de la mente

Habrá veces en las que estaré distraído, habrá veces en las que me veré arrastrado por lo negativo, aspirado por los viejos hábitos. Y cuando quiera darme cuenta, ya habrá sucedido: soy infeliz. La sombra ha caído sobre mi, la cima soleada ha desaparecido, he caído en el oscuro valle.

Entonces, ¿qué hago en esos momentos? Atisha dice:

Aunque estés distraído, si puedes hacerlo, eso es todavía adiestramiento de la mente

Qué quiere decir Atisha con "si puedes hacerlo"? Si puedo ser consciente que he caído en la trampa de lo negativo, eso es todavía adiestramiento de la mente, todavía estoy creciendo.

Muchas veces caeré, es natural. Y muchas veces me olvidaré, es natural. Y muchas veces estaré atrapado y me llevará tiempo el recordar. Pero en el momento en que me acuerde, ¡recordaré totalmente! Despertaré totalmente y diré: "He caído."

Autobiografía en cinco capítulos

1. Bajo por la calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Me caigo dentro,
Estoy perdido... impotente.
No es culpa mía.
Me tardo una eternidad en salir de allí.

2. Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Hago como que no lo veo.
Vuelvo a caer dentro.
No puedo creer que esté en ese mismo lugar.
Pero no es culpa mía.
Todavía me tardo mucho tiempo en salir de allí.

3. Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Veo que está allí.
Igual caigo dentro... es un hábito.
Tengo los ojos abiertos.
Sé donde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente de allí.

4. Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Paso por el lado.

5. Bajo por otra calle.

Este hermoso cuento tibetano de Nyoshul Khenpo me muestra como la reflexión puede traerme poco a poco la sabiduría al llegar a darme cuenta de que caigo una y otra vez en pautas de conducta fijas y repetitivas, y empiezo a sentir el anhelo de librarme de ellas, (de esquivar el hoyo en la acera). Naturalmente, puedo recaer una y otra vez, pero poco a poco puedo deshacerme de ellas y cambiar, (hasta bajar por otra calle).


Esta es la diferencia.
Si pregunto al tipo normal de persona religiosa me dirá: "Arrepiéntete, castígate." Pero Atisha dice: Si estás atento, eso es suficiente. Estaré atento a mi falta de atención, la reconoceré plenamente; seré consciente de que no he sido consciente, eso es todo. No se necesita ningún arrepentimiento. No me sentiré culpable; olvidarse es natural, olvidarse es humano. No tengo por qué sentirme culpable, aunque haya caído muchas veces. El cometer errores, el extraviarse, es parte de mi fragilidad humana y sus limitaciones. Así que no hay necesidad de arrepentirme, pero sí de ser plenamente consciente.

Si he caído, simplemente sabré que he caído, sin culpa, sin arrepentimiento. No hay necesidad de ir a ninguna parte a confesarlo. El saberlo es suficiente. Y al saberlo, estoy ayudando a mi consciencia a crecer. Caeré cada vez menos, porque ese saber se hará cada vez más fuerte en mi.

El cuarto sutra:

Siempre observa los tres puntos generales

El primero es: sé regular. Mi enfoque tiene que ser tan regular como el sueño, como el alimento, como el ejercicio, como el respirar.
Así que el primer punto general es: sé regular.

El segundo punto general es: no desperdiciaré mi tiempo con lo que no sea esencial. No perderé el tiempo.

Si deseo convertirme en un hombre de consciencia elevada tengo que dejar lo que no es esencial, para que haya más energía disponible para lo esencial. Si me fijo en mi vida: ¿cuantas cosas hago que no son esenciales, y para qué? Y ¿cuanto tiempo lo he estado haciendo?, y ¿qué es lo que he sacado de provecho? ¿Voy a repetir el mismo estúpido patrón de conducta durante toda mi vida? ¡Basta ya!

Hablaré sólo lo que sea esencial, haré sólo lo que sea esencial, leeré sólo lo que sea esencial. Ahorraré mucho tiempo, ahorraré mucha energía; y toda esa energía y todo ese tiempo podré canalizarlo fácilmente hacia el crecimiento interno, hacia la observación.

Todo el que busca tiene que estar alerta. Me fijaré más en lo que estoy haciendo, en qué estoy haciendo con mi vida, porque para cultivar las rosas de la consciencia necesitaré mucha energía. Si desperdicio toda mi energía con lo mundano, no entraré en contacto con lo sagrado.

Y el tercer punto general es: no justificaré mis errores y equivocaciones.

La mente tiende a justificar. Si cometo algún error, la mente me dice: "Es así por alguna razón. No soy responsable, la situación misma lo ha provocado." Y la mente tiene gran habilidad para justificar cualquier cosa.

Evitaré justificar mis errores y equivocaciones, porque al justificarlos los protejo. Y entonces los repetiré. Razonar es una cosa, justificar es otra totalmente diferente.

En el fondo sé que he caído. En lugar de malgastar el tiempo en justificar y en convencerme de que no ha pasado nada malo, pondré toda la energía en ser consciente.

Todos estos puntos generales son para ayudarme a tapar los escapes de energía.

El quinto sutra:

Cambia tu inclinación y mantenla

Cambiaré mi inclinación, de la mente al corazón. Este es el primer cambio. Pensaré menos, sentiré más. Intelectualizaré menos, intuiré más. El pensar es un proceso muy engañoso. Los sentimientos tienen más materia, más sustancia. Los sentimientos me transforman. El pensar en el amor no me ayudará, pero el sentir amor me cambiará.

Cambiaré de la mente al corazón, del pensar al sentir, de la lógica al amor.

Y el segundo cambio es del corazón al ser, porque todavía hay una capa más profunda en mi donde no pueden llegar los sentimientos. Recordaré estas tres palabras: mente, corazón, ser. El ser es mi naturaleza pura. Circundando al ser está el sentir, y circundando al sentir está el pensar. El pensar está muy lejos del ser, pero el sentir está un poco más cerca, así que reflejan algo del ser. ¿Qué es el ser? El ser no es ni pensar ni sentir. Es puramente ser. Uno simplemente es.

El pensar es muy interesado y egoísta. El sentir es más altruista, menos egoísta. El ser es no-ego, el estado sin ego. Es una espontaneidad, un responder momento a momento.

El sexto sutra:

No discutas defectos

La mente tiende a discutir los defectos de los demás. Eso ayuda a mi ego a sentirme bien. Si todo el mundo es un gran pecador, comparativamente yo me siento como un santo. "Al menos yo no estoy haciendo tanto mal."

Por eso hablo de los defectos de los demás, la razón es: el hacerlo me ayuda a sentirme mejor conmigo mismo. En el fondo busco sentirme bien pensando "Yo soy mucho mejor."

El motivo no es ayudar a los demás. No es eso. Diga lo que diga y a pesar de lo que diga. La razón básica es: "Si los otros son muy feos, entonces yo soy hermoso."

Atisha dice: No reflexiones sobre los defectos de los demás, no es asunto tuyo. Es un feo atributo y un desperdicio de tiempo y energía, además que con ello se fortalece y gratifica el ego. Y un ego más gratificado se convierte en una barrera mayor.

Simplemente seré consciente, y dejaré que el asunto quede zanjado inmediatamente.

No desperdiciaré mi tiempo conversando acerca de las faltas de los demás.
Si me siento inclinado a disfrutar criticando a otros,
divulgaré primeramente, en alta voz, mis propias faltas.
No criticaré a persona alguna a menos que ella me lo pida,
y aún en ese caso, lo haré con el único deseo de ayudar.
P. Yogananda

Adiéstrate primero contra la mayor mácula

(Sinónimos: Sombra, mancha, embuste)

Gurdjieff solía decir a sus discípulos: lo primero, la primerísima cosa es:
"Averigua cuál es tu característica más significativa, tu mayor extravío, tu característica central de inconsciencia."

Para cada uno es diferente. Hay quien está obsesionado con el sexo. Hay quien está obsesionado con la ira, hay quien está obsesionado con la avaricia. Hay quien está obsesionado con alguna forma de poder. Tengo que observar cuál es mi obsesión básica.

Así que primero averiguaré la característica fundamental sobre la que el edificio entero de mi ego descansa. Y después seré constantemente consciente de ella, porque sólo puede existir si soy inconsciente. Con el fuego de la consciencia la quemo.

Y recordaré, lo recordaré siempre, que no tengo que cultivar su opuesto. Normalmente vamos de una cosa a su opuesto. Así no es como sucede la transformación. Hay que detener el péndulo en el medio. Y ése es el milagro de la conciencia. Simplemente seré consciente de que "este es mi mayor escollo, aquí es donde tropiezo una y otra vez, esta es la raíz de mi inconsciencia".

No intentaré cultivar su opuesto; en lugar de ello, vierto ahí toda mi conciencia. Crearé una gran hoguera de conciencia y ese escollo será abrazado. Y entonces el péndulo se detiene en el medio.

Abandona toda esperanza de resultados

El ego está orientado hacia los resultados, la mente siempre ansía resultados. Así como la mente está orientada hacia los resultados, el ser no está orientado hacia los resultados. Por eso, la meditación les sucede sólo a aquellos que no están orientados hacia los resultados.

Hay una antigua historia:
Un hombre estaba muy interesado en conocerse a sí mismo, en iluminarse. Toda su vida había buscado un maestro que le enseñara la meditación. Había ido de maestro en maestro, pero no sucedía nada.

Pasaron los años, y estaba ya cansado, exhausto. Entonces alguien le dijo:
-Si de verdad quieres encontrar a un maestro tendrás que ir al Himalaya. Allí vive uno, pero tendrás que buscarle. Una cosa es cierta, el maestro se encuentra allí. Nadie sabe exactamente dónde, pero cuando alguien llega a dar con su paradero, él se adentra todavía más en las cordilleras himalayas.

El hombre se estaba haciendo viejo, pero hizo acopio de valor. Durante dos años trabajó para ganar el dinero del viaje y se puso en camino; se trata de una vieja historia. Así que tuvo que viajar en camellos, en caballos y después seguir a pie hasta alcanzar el Himalaya. La gente le decía:

-Sí, conocemos al anciano, es muy viejo; uno no puede saber qué edad tiene, quizá trescientos años, o incluso quinientos años, nadie lo sabe. Vive por aquí, pero el sitio exacto no lo sabemos. Nadie sabe exactamente por dónde para, pero anda por aquí. Si buscas con empeño lo encontrarás.

El hombre buscó y buscó y buscó. Durante dos años estuvo vagando por el Himalaya. Estaba cansado, exhausto, absolutamente exhausto; viviendo sólo de frutos salvajes, hojas y hierbas. Había perdido mucho peso. Pero estaba determinado a encontrar a ese hombre. Merecía la pena, aunque le costara la vida.

Y ¿puedes imaginártelo? Un día vio una pequeña cabaña, una cabaña de paja. No tenía puerta. Miró dentro, pero allí no había nadie. Y no sólo no había nadie, sino que todo indicaba que durante años no había habido nadie.

El hombre cayó al suelo. De puro cansancio dijo:
-¡Me rindo!

Se encontraba allí, tumbado bajo el sol, con la fresca brisa del Himalaya.

Y por primera vez, empezó a sentirse tan feliz... ¡Nunca había sentido tal dicha! De repente se sintió lleno de luz. De repente todos los pensamientos desaparecieron, de repente se transportó, y sin razón alguna, porque no había hecho nada.

Y entonces se dio cuenta de que alguien se inclinaba hacia él. Abrió los ojos. Allí estaba. Un hombre muy anciano. Éste, sonriendo, dijo:
-Así que has venido. ¿Tienes algo que preguntarme?
Y el hombre contestó:
-No.
Y el anciano se rió, dio grandes carcajadas que resonaron en el eco de los valles.
-¿Sabes ahora que es la meditación?
Y el hombre dijo:
-Sí.

¿Qué había sucedido?
Aquella exclamación que salió del núcleo más interno de su ser: "!Me rindo!" En ese rendirse, todos los esfuerzos mentales orientados a una meta desaparecieron, todas las tentativas desaparecieron. Y la dicha se vertió sobre él. Se quedó en silencio, ya no era nadie, y tocó el último estrato del no-ser. Entonces supo lo que era la meditación.
La meditación es un estado mental sin metas.

Abandona toda esperanza de resultados.

Y entonces no hay necesidad de ir a ninguna parte. Exclamaré desde muy dentro: "Me rindo." Y el silencio descenderá, la bendición me rociará.

Atisha no es un filósofo, Atisha es un siddha, un buda. Lo que está diciendo no son especulaciones. Son instrucciones concretas dadas sólo a aquellos que están dispuestos a viajar, a emprender un peregrinaje hacia lo desconocido.

 

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