Sabiduría Existen dos alternativas opuestas. La primera es la vía de la autoindulgencia, de la autoconcesión para buscar la satisfacción de todos los deseos. Éste es el camino seguido por la mayoría de la gente. Con un análisis objetivo podemos ver claramente que no puede llevarnos a la felicidad. No existe nadie cuyos deseos sean siempre satisfechos, nadie en cuya vida sólo suceda aquello que desea y no suceda nunca aquello que no desea. La gente que sigue este camino padece inevitablemente cuando no consigue lo que ansía, es decir, sufre desagrado e insatisfacción; pero sufre igualmente cuando alcanza sus deseos, sufre por miedo a que el objeto deseado se desvanezca, a que el momento de gratificación sea transitorio, como en efecto será. Tales personas siempre están agitadas: al buscar, al obtener y al perder sus objetos deseados. La otra alternativa es el camino de la autorestricción, abstenerse deliberadamente de la satisfacción de los deseos. Hace 2,500 años en la India, este camino de renuncia era llevado hasta el extremo de evitar toda experiencia agradable e inflingirse a uno mismo las desagradables. La razón de este autocastigo era el creer que así se curaría el hábito de tener deseo y aversión y, por tanto, se purificaría la mente. El Buda después de experimentar diversas prácticas ascéticas llegó a la conclusión que mortificar el cuerpo no purifica la mente. La renuncia se puede practicar de forma más moderada absteniéndose de gratificar aquellos deseos que impliquen acciones perjudiciales. Al poner en práctica esta forma de autocontrol se evitan al menos las acciones inmorales. Pero si la renuncia se logra sólo a fuerza de represión, es seguro que las tensiones mentales aumentarán hasta llegar a un grado peligroso. Tan sólo encontramos un auténtico camino medio entre los extremos de la autoindulgencia y la autorrepresión desarrollando pañña. Practicando moralidad (Sila), evitando las acciones que causan las formas más burdas de agitación mental. Concentrando la mente (Samadhi), la calmamos y al mismo tiempo la convertimos en una herramienta eficaz para ir penetrando en la realidad interior. SabiduríaLa verdadera sabiduría consiste en ver las cosas tal y como son, no como parecen ser. Hay tres clases de sabiduría: La sabiduría recibida (suta-maya pañña), la sabiduría intelectual (cinta-maya pañña) y la sabiduría experimentada (bhavana-maya pañña). El significado literal de la frase suta-maya pañña es “sabiduría oída”, sabiduría aprendida de otros leyendo libros o escuchando. Es la más común y tiene sus peligros, ya que su aceptación puede ser debida a la ignorancia; por ejemplo al ser educados en una comunidad con un sistema de creencias, las cuales aceptamos sin cuestionar la ideología de la comunidad. La aceptación puede estar también producida por la codicia; las creencias pueden garantizar un futuro maravilloso, quizá proclame que todos los creyentes irán al cielo tras su muerte. Como es natural, la gloria eterna resulta muy atractiva y se acepta de buena gana. La aceptación también puede estar motivada por el miedo; las creencias pueden estar acompañadas de advertencias de que si no se ajustan a las creencias les depara terribles castigos para el futuro, quizá proclamando que los no creyentes irán al infierno tras la muerte. Como es natural, nadie quiere ir al infierno, de modo que nos tragamos nuestras dudas y aceptamos las creencias de la comunidad. El segundo tipo de sabiduría es la comprensión intelectual. Tras leer u oír una determinada enseñanza, se la examina a ver si verdaderamente es razonable, beneficiosa y práctica; y si en el nivel intelectual resulta satisfactoria, es tenida por verdadera. Pero aún así es una intelectualización de la sabiduría que se ha oído. El tercer tipo de sabiduría es la que surge de la propia experiencia, de la realización personal de la verdad. Ésta es la sabiduría que se vive, la sabiduría real que cambia la vida al cambiar la naturaleza misma de la mente. La sabiduría adquirida al escuchar a otros y por medio de la investigación intelectual son útiles y nos inspiran y nos sirven de guía para avanzar hacia el tercer tipo de pañña, la sabiduría experimentada. Si nos quedamos contentos nada más que contemplando, investigando y comprendiendo intelectualmente la verdad, pero sin realizar ningún esfuerzo para tener una experiencia directa de ella, toda nuestra comprensión intelectual se convierte en una traba en vez de una ayuda para la liberación. Es como quedarnos con la receta médica en vez de tomar las medicinas. La verdad sólo puede ser vivida y experimentada directamente dentro de uno mismo. Todo lo que está fuera queda siempre muy lejano.
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